Ella está triste sin un motivo específico; no llora una pérdida reciente ni añora una larga ausencia; aún así, se sabe triste. Lo siente en todo su ser. Así lo entendí cuando en medio de una plática de lo más placentera y sin que viniera al tema, de pronto la escuché diciéndome: “¿sabes? últimamente he venido sintiendo una profunda y extraña tristeza”; y eso fue todo lo que dijo, ni un lamento más. Sin darme tiempo a articular palabra. Luego cambió abruptamente de tema y casi en seguida, terminó despidiéndose de mí con la exhortación habitual: “por lo que más quieras, ojona, pórtate mal… que al cielo ya no vas a ir.” Así, como si en un instante hubiese olvidado su infinita tristeza. Colgamos el teléfono; ella se fue a empezar el día y yo a terminar, durmiendo, lo que quedaba del mío. Pero no me fue fácil; tardé largo rato en conciliar el sueño y no por culpa del expresso doble que me tomé antes del anochecer, el motivo de mi inusitado insomnio fue la tristeza de ella. Debe ser más que un disparate perder el sueño a causa de los pesares ajenos; sobre todo en alguien que ni siquiera por los propios deja de dormir. Pero me ocurrió; saber de su inesperada tristeza me dejó pensativa. Para mí, ella es el equivalente a lo que los japoneses llaman sensei y no sólo por haber nacido antes. Nuestra relación se rige por una especie de código no escrito. Ella es la mujer más cerebral que he conocido; la serenidad y sensatez encarnadas; buena escucha y mejor consejera porque nunca da un consejo si no se le pide, sin importar que se esté “muriendo de ganas por hacerlo” como me ha confesado más de alguna ocasión. Dueña de entereza tal, que si uno no la conoce bien puede parecer demasiado fría; nada más lejano. Cuando yo era adolescente solía decirme: “con una de las dos que sea sensible, cursi, chillona, melancólica y todo ese gran etcétera de emociones que te acompañan, nos basta. En alguna tiene que caber la cordura y esa soy yo, que no por nada he vivido más que tú.” Y sin embargo, esta madrugada, por una fracción de minuto, el hilo de su voz me pareció tan lejano al de aquella mujer que me consolaba de mis primeros descalabros sentimentales con más ironía que empalagos.Finalmente, ya muy tarde me quedé dormida. Me amaneció demasiado pronto y supongo fue la falta de sueño lo que me llevó a levantara pensando en la tristeza… y no sólo la de mi amiga. Hacía frío (quizá era el desvelo) y a las siete de la mañana, con el cielo plomizo acrecentando la oscuridad que caracteriza a los amaneceres otoño/invernales, el día se avizoraba idóneo para decir bonjour tristesse.
Sobre la tristeza, Herman Hesse dijo (lo recuerdo inexacto; al Lobo estepario no lo toco desde la Secundaria) que la más dura no es la provocada por una dolencia física, ni siquiera la causada por una repentina pérdida, sino aquella que nace cuando uno conciencia en qué consiste la vida y cómo funciona el mundo (y que no hay mucho que pueda hacerse para mejorarlo, quizá). No estoy para refutar Herman Hesse, pero esa aseveración llevaría a concluir -de manera simplista, desde luego- que gran parte de la humanidad estaría sumida en una profunda tristeza, claro siempre y cuando tenga consciencia de lo qué es la vida y cómo funciona el mundo.
Pienso en mi amiga, en los motivos de su inmensa tristeza y no alcanzo a imaginar cuáles puedan ser (ni ella parece tenerlos claros); sin embargo, dudo que alguien tan centrado no hubiera concienciado desde tiempo atrás en qué consiste la vida y cómo camina el mundo, como para venirse a entristecer a estas alturas de la vida a causa de su tardío descubrimiento. Quizá, ella sólo sea una víctima más de la llamada tristeza global.
Me parece tan extraño estar escribiendo sobre una tristeza que no es la mía y más raro aún, mi vano intento por dilucidar los motivos de esa. De buscarle un remedio, ni pensarlo. Al igual que el amor, la tristeza no se puede controlar con un botón de encendido y apagado… aunque no estaría mal, en el próximo intento de mundo feliz, que algún geniecito se inventara el adminiculo para tal efecto.
Mientras... bonjour tristesse
Mientras... bonjour tristesse
imagen tomada del blog tristeza global