“Altanera, intolerante, buena, mala, gorda, flaca, seria loca
y mucho más:
deprimida, alucinada, aburrida, generosa malcriada,
compasiva, intachable, repulsiva, bruja, ruin, falaz.
Ya basta.
Tan solo soy yo. Soy así.
Me basto con mi misma.
No más espejos
No necesito espejos para saber quien soy.”
[Paulina Rivero Weber]
“Creo que no existen, pues muchas de ellas sólo imitan los mecanismos corruptos para acceder al poder que, por siglos, han sido establecidos por los hombres"
Primera casualidad. Ayer el diario mexicano La Jornada publicó una entrevista con la autora de Se busca heroína; en esa entrevista, la filosofa expone brevemente parte de los conceptos desarrollados en el libro. Sus declaraciones parecen provocativas:
“Hay mujeres que son esclavas sin darse cuenta: a ellas les hace falta despertar. Pero cuando son esclavas sabiendo que lo son, le dan forma a la más auténtica prostitución y esquirolaje”.
“aquella que habiendo podido liberarse, se ha negado a ser una mujer total. Es la que claudica y prefiere posar como un perro en un concurso de belleza”.
“[aquella que] se ocupa de ofrecer al hombre lo que pide y está pendiente solamente de lo que él espera de ella. Ha decidido no tener vida propia y existir para satisfacer al hombre. Es capaz de adelgazar hasta la muerte por complacer la imagen famélica de ‘la’ mujer que ellos han impuesto”.
Finalmente, la autora afirma que su libro no es sobre feminismo, ni tampoco feminista, sin embargo habla del tema, estableciendo que la existencia varias corrientes, desde las mas ligeras hasta las más radicales, ha contribuido a crear confusión entre las mujeres.
Entre los atractivos extras de Se busca heroína, están su lenguaje accesible (algo no necesariamente común en los libros escritos por filósofos), su breve extensión y, sobre todo, un pequeño apéndice, donde la autora compila algunos poemas escritos por poetisas hispanoamericanas; aquí uno:
Meditación en el umbral
"No, no es la solución
tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoy
ni apurar el arsénico de Madame Bovary
ni aguardar en los páramos de Ávila la visita
del ángel con venablo
antes de liarse el manto a la cabeza
y comenzar a actuar.
Ni concluir las leyes geométricas, contando
las vigas de la celda de castigo
como lo hizo Sor Juana. No es la solución
escribir, mientras llegan las visitas,
en la sala de estar de la familia Austen
ni encerrarse en el ático
de alguna residencia de la Nueva Inglaterra
y soñar, con la Biblia de los Dickinson,
debajo de una almohada de soltera.
Debe haber otro modo que no se llame Safo
ni Mesalina ni María Egipciaca
ni Magdalena ni Clemencia Isaura.
Otro modo de ser humano y libre.
Otro modo de ser.”
[Rosario Castellanos]
Segunda casualidad; de como los héroes pasan de moda. Mientras leo las declaraciones de la filosofa en torno a la claudicación femenina, a la esclavitud asumida, veo en la pantalla la portada más reciente de la revista Gatopardo, en la cual re-aparece públicamente (después de su inolvidable tour televisivo del año pasado, cuando sus oportunas declaraciones en contra de “Un peligro para México”, hicieron las delicias de los panistas), en pose que aparenta desenfado, el Subcomandante Marcos; vestido, of course, con atuendo de aire castrense, capucha y humeante pipa. Esta foto y la entrevista otorgada a la revista, son comentadas por un reportero de AFP, quien dice “es innegable que Marcos y la cámara fotográfica siempre han tenido una buena relación”. El reportero también menciona dos declaraciones vertidas por Marcos a Gatopardo:
“los zapatistas hemos pasado de moda” (no leí la entrevista completa, por lo que desconozco si para Marcos, los ideales y los principios también pasan de moda)
"ya sabemos quiénes somos, y por qué queremos luchar; ahora tenemos que preguntarnos cómo lo vamos a hacer, con una estructura tipo movimiento, frente, o así como estamos, y ver quién está dispuesto a luchar por eso”.
O sea que 14 años de lucha, solo para saber quienes son.
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Por lo visto, mientras las heroínas literarias están un tanto devaluadas, los "héroes reales" están francamente démode
A este paso, yo seguiré teniendo como anti-heroína a Nikita (seguro que a la filósofa Rivero Weber le parecería un pésimo ejemplo) y gustando de Emma Bovary.
