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Escribir: tratar de retener algo meticulosamente, de conseguir que algo sobreviva; arrancar unas migajas precisas al vacío que se excava continuamente, dejar en alguna parte un surco, un rastro, una marca o algunos signos.[Georges Perec]

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marzo 30, 2008

Lujuria y traición [algo queda]

















La primera vez que vi una película de Ang Lee, Hsi yen (1993)- (El banquete de boda) me dio la impresión de estar presenciando un film inglés: muy disfrutable, agridulce, fresco, sencillo, nada pretencioso y libre de los azotes que Hollywood acostumbra cuando de alteridad sexual se trata. Después vinieron su oscareada fantasía de karatekas y tigres voladores, su desafortunada historia del hombre verde -cuyo mayor atractivo era Eric Bana antes de transformarse, por supuesto- y su aclamadísima historia de los vaqueros enamorados.

Con esos antecedentes, casi "se me quemaban las habas" por ver su muy publicitada Se, jie (2007)- Lust Caution (Lujuria y traición); antes de ir al cine vi el trailer como 20 veces, me parecía preciso y me auguraba un peliculón, con esas imágenes tan bellas y sobre todo, ¡que música! En verdad esperaba, por fin, enamorarme del cine de Ang Lee. Pero... ya será en otra ocasión.

La sinopsis es sencilla, aunque el film se extienda durante 140 minutos ("Lust Caution", Estados Unidos-China-Taiwán-Hong Kong, 2007).- En los años 40’s del siglo pasado, en la Shanghai ocupada por los japoneses, la joven estudiante de teatro Wong Chia Chi (Wei Tang) se vincula a un grupo de jóvenes de la resistencia, liderados por Kuang (Lee-Hom Wang) que planea asesinar a un importante funcionario colaboracionista, el señor Yee (Tony Leung Chiu Wai) La misión de la muchacha es hacerse amiga de la esposa (Joan Chen) del señor Yee, para después seducirlo a él, sacarle información y dejar la “mesa puesta” para que sus correligionarios lo maten.

Uno de los elementos más publicitados de este film, que motivó la censura en China y también en USA (clasificación R, horario nocturno; increíble ¿no? si ya lo decía yo, para lo gringos primero matar... antes que coger, porque es pecado), son las famosas secuencias sexuales. El otro elemento discutido y que se supone molestó al gobierno de Beijing, es el relativo a al imagen de los invasores japoneses, supuestamente embellecida por Lee. Bueno ambas expectativas son exageradas. La del sexo ya la mencionaré; en cuanto al embellecimiento de los japoneses, cero; es más, salvo un pequeño desfile, ni se ven, ni se siente su presencia. En todo caso lo reprochable (si yo fuera china) sería la pobre imagen de los miembros de la resistencia; o sea, ¿a así o más tontos? Viendo sus ingenuas y desarticuladas estrategias, uno se pregunta ¿y así fue durante todos los años de la ocupación nipona (1910-1945)?, ¿será que de verdad la resistencia china estaba tan desorganizada y actuaba tan al aventón?

Y la Lujuria? Al ratito, primero lo primero... Estéticamente, Lujuria y traición no tiene objeción, es tan bella... tanto que pareciera que Ang Lee se preocupó más del “buen ver” de sus protagonistas... que de transmitir emociones; ni siquiera en las muy publicitadas (principalmente por el propio Lee) escenas de sexo, se logra crear esa sensación de pasión y lujuria tan mentada. Nada. Todo -quizá con excepción del primer encuentro, que es casi una violación- queda en bellas y muy explicitas tomas de los cuerpos desnudos de los amantes; pero erotismo, lo que se dice erotismo, no lo hay. Y otra cosa, los que le huyan al cine histórico chino, despreocúpense; no es el caso (para eso, mejor vean Ba wang bie ji (1993) (Adiós a mi concubina- - ], no será un film histórico pero da un poco más de claridad respecto de esa época). Para Ang Lee, lo importante era el conflicto de traición política y sexo, aunque tampoco ahonde mucho al respecto. ¿Traición política?. La que hay es una traición de última hora, no la planeada, no premeditada y más bien como una expresión de melodramático sacrificio. De tal suerte, lo mejor del film vienen siendo los elementos técnicos, su condimentos fílmicos; también hay, es cierto, correctas -sin ser extraordinarias- actuaciones de Tony Leung, Wie Tang y Hom Wang. Pero al final, Lujuria y traición me pareció un film bello y muy cuidado en toda su estética, sin poder evitar sentirlo superficial y por momentos, tedioso e incluso, un tanto pretencioso.



Será porque al verlo recordé a esos actores que, buscando ser nominados a un premio por su actuación, terminan por olvidarse de... actuar y transmitir emociones. Así me sucedió con Lust caution, me dio la sensación de que Ang Lee estaba tan empeñado en lograr un filme premiable, notorio y apantallante... que... lo consiguió. Esta superproducción no escatimó nada: su ambientación es destacable; que decir de su vestuario, tal pareciera que, de ser chinos, Christian Dior - y Coco Chanel --esta última sería la adecuada, por aquello del colaboracionismo con el enemigo invasor-, estarían tras la elegante vestimenta de los actores; sin dejar de mencionar la buena fotografía de Rodrigo Prieto (I) -, y desde luego, la música de Alexandre Desplat - ., una partitura elegante y exquisita, donde se destacan las cuerdas. Con estos condimentos y la experiencia del cineasta taiwanés, el resultado es un film re-que-te-lin-do... Pero luego de esa lindura, tras su impecable factura, no hay mucho más; quedando en cambio, la sensación de estar frente a una belleza hueca.

Y el buen Wong Kar-wai - no me dejará mentir, pues ese cineasta hongkonés, considerado “el mayor estilista” del cine actual, demuestra que la hermosura no está peleada con la sustancia, sus películas logran conjugar belleza sublime y emoción con inteligencia y sensibilidad, sin caer jamás en la sensiblería barata... ni en el preciosismo, o lo pretencioso (Fa yeung nin wa (2000)- Deseando amar o 2046 (2004) -, son un ejemplo perfecto (y por cierto, ambas son protagonizadas por Tony Leung). C’est la différence.