1. Uno que leyó de una sentada. El Perfume, de Patrick Süskind. Literalmente… de una sentada: no me paré de mi cama hasta que lo terminé (su lectura me tomó 12 horas más o menos).
2. Uno que se haya demorado mucho en leer. Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño. Pasada la primera mitad (que me atrapó), me costó mucho continuar hasta el final (lo dejé varias semanas sin tocar).
3. Uno que sea un placer culposo. No digas que fue un sueño (Marco Antonio y Cleopatra), de Terenci Moix. El libro abre con el poema de Kavafis El Dios abandona a Antonio y sigue con un soneto de Shakespeare dedicado a los míticos amantes. Intensidad, amores apasionados, envidias, mentiras, trampas, traiciones, muerte y dolor. Uff… azote puro. Cuando hay una pasión de amor como la de Marco Antonio y Cleopatra... la historia puede esperar.
4. Uno que le gusta a todos menos a usted. Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes. Confieso que durante mucho tiempo me sentí culpable por no gustar de un libro tan reputado, que todo mundo dice haber leído y saboreado. Yo lo leí y lo sufrí, pero en mal plan.
5. Uno de viajes. El Cielo Protector, de Paul Bowles. Quedé seducida por las imágenes de este libro. Quizá influyó que la historia se desarrolla en el norte de África, específicamente Marruecos.
6. Uno de un Nobel. La Guerra del Fin del Mundo, de Mario Vargas Llosa. Una historia brutal, a partir de sucesos reales, recreada, creo yo, de forma asombrosa por el escritor peruano.
7. Uno muy divertido. El libro de la risa y el olvido, de Milan Kundera. Ahora que lo pienso tal vez no sea tan divertido. Pero yo lo disfruté como si lo fuera, quizá porque lo leí inmediatamente después de La insoportable levedad del ser, magnífica pero nada divertida novela
8. Uno para leer por fragmentos. Fragmentos de un discurso amoroso, de Roland Barthes. Voy en la segunda relectura y ahora lo leo de a poquito, de fragmento en fragmento.
9. Libro con una excelente versión fílmica. (diría que El Padrino, de Mario Puzo, pero ya está muy choteado). La Pianista, de Elfriede Jelinek. Violencia, soledad, obsesiones, deseos reprimidos y una enfermiza relación madre-hija. Lo conseguí un febrero en la mesa de saldos de la Gandhi por sólo 30 pesos. En octubre siguiente, Elfriede Jelinek obtuvo el Premio Nobel de Literatura con la consecuente reedición del libro a un precio mucho más alto. Desde mi humilde opinión, la película de Michael Haneke es una muy buena adaptación de esta sórdida historia. Un film que quizá sólo Haneke podía haber realizado y que pocas actrices podían haber interpretado con esa pasmosa frialdad, y al mismo tiempo tal intensidad contenida, con que se desempeña Isabelle Huppert. Ambos, director y protagonista, sin que les temblara el pulso.
10. Un libro con una pésima versión cinematográfica. Diría que Madame Bovary, de Flaubert, porque creo que ninguna de las versiones fílmicas le ha hecho justicia (ni siquiera la del Magíster Chabrol), pero tampoco es que sean pésimas. Ese honor correspondería, por ejemplo, a El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez. Si bien el libro no me mata de emoción, la versión fílmica resultó terrible… un infame churro hollywoodense.
11. Uno que lo haya motivado visitar algún lugar. Praga en tiempos de Kafka, de Patrizia Runfola. Pequeños cafés, reuniones de escritores y poetas contemporáneos del autor de Metamorfosis… Por este libro, especie de guía literaria, desfilan no sólo imágenes de la melancólica capital checa, sino también grandes y desconocidos poetas checos y hasta el francés Güillaume Apollinaire. Claro, cuando fui a Praga ya casi no quedaban restos de aquella grandeza.
12. Un libro biografía. Fouché, el genio tenebroso, de Stefan Zweig. El austriaco Stefan Zweig no pudo escoger un mejor título para la recreación de la vida del hombre que influyó tanto en el poder durante una de las épocas más convulsas e interesantes de la historia francesa.
13. El primer libro que leyó en su vida. Cuentos, de Hans Christian Andersen. Recuerdo cómo sufrí, especialmente, con los cuentos Los zapatos rojos y La vendedora de cerillas.
14. Uno que haya odiado hace años y hoy admira. Tanto como haberlo odiado no, pero hoy creo que mi ñoñez de entonces me impidió apreciar la valía de Amores de Segunda Mano, de Enrique Serna (un muy buen escritor mexicano).
15. Uno que haya amado hace años y del que hoy reniega. María, de Jorge Isaacs. Lo leí a los 12 años, fue el regalo de fin decursos de mi maestra de sexto grado de primaria. En aquel momento lo amé y, cursi sin remedio desde chiquita, gocé sufrirlo y llorar a lágrima viva con la desgraciada historia de amor entre María y el apuesto Efraín. Mirando atrás, me parece que es una historia demasiado melcochosa y lacrimógena.
16. Uno ruso que sí haya leído. Más de uno de un ruso sí he leído, por ejemplo La Madre, de Máximo Gorki. En los albores de la Revolución Rusa, Pavel y su madrecita abnegada. Lo leí y sufrí de principio a fin.
17. Uno de este año. Hipotermia, de Álvaro Enrigue. Una grata sorpresa. Una prosa limpia, libre de florituras, pero no por ello menos amena e interesante, la de este escritor mexicano.
18. El que más veces ha leído. Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar A veces creo que no he terminado de leerlo. Amé a la Yourcenar, pero también a Julio Cortázar por esa traducción tan maravillosa.
19. Uno que lo haya sorprendido por bueno. El Adversario, de Emmanuel Carrère. No esperaba gran cosa de este libro y fue toda una revelación. Ficción y realidad se mezclan para narrar una fascinante y repulsiva historia, un caso de nota roja ocurrido en una pequeña ciudad francesa.
20. Uno que me haya sorprendido por malo. Demasiado amor, de Sara Sefovich. Debo ser injusta al llamarlo malo (¿quién soy yo para calificarlo?), pero lo cierto es que no me gustó ni un ápice. Nunca una historia me dejó tan molesta y decepcionada.
21. Uno de cuentos (no valen antologías). Cuentos de mujeres solas. Autores como Clarice Lispector, Anton Chéjov, Eça de Queiroz, Oscar Wilde, Guy de Maupassant, Katherine Mansfield y otros, escriben en torno al tema que le da título.
22. Uno de poemas (no valen antologías). Las Flores del mal, de Charles Baudelaire. Soy Madame Cliché, qué más.
23. Uno que le gustaría volver a leer en su vejez. El Amante, de Marguerite Duras. Sólo para ver si entonces me sigue gustando y doliendo igual.
24. Uno que no le prestaría a nadie. Las partículas elementales, de Michel Houellebecq. No por otra cosa: lo he comprado tres veces pues en dos ocasiones lo presté y no me lo devolvieron. Así que una tercera... ya no lo presto.
25. Uno para aprender a perder. Fuegos, de Marguerite Yourcenar. Caótico y apasionado. A ratos poemas en prosa, a ratos sólo frases intensísimas. Diría que escribirlo le significó aprender a perder el pudor, al tiempo que sus muchos azotes, producto de una intensa pasión amorosa no correspondida, representan una forma de pérdida y abandono, pero también de liberación.
26. Uno que asocie con la música que le gusta. Relatos, de Alejo Carpentier. Dirían los especialistas, es un libro polifónico: muchas voces, sonidos, con y sin metáfora, tienen cabida en él. Un libro extraño y algo caótico, justo como mis gustos musicales.
27. Un libro que le regalaron y no le gustó. Manhattan Transfer, de John Dos Pasos. Me lo regalaron con todas las recomendaciones del mundo: un libro único, fascinante, amén de un modelo de escritura. Tal vez lo último sí lo sea, pero francamente no me pareció ni remotamente fascinante. Casi me aburrió.
28. Uno que lo haya asustado. La Banda Moteada, de Arthur Conan Doyle. Más que asustarme, que también, el suspenso que maneja me mantuvo en vilo, con mi corazón latiendo a toda prisa a lo largo de su lectura.
29. Uno que se haya robado. Buuh por mí: nunca me he robado un libro.
30. Uno que pueda salvar vidas. No sé, no creo mucho en eso, me suena a libros de autoayuda. Pero lejos de ese sentido imbuido de filosofía a lo Paulo Coelho, quizá La Peste, de Albert Camus.