querida imaginación
Hablando de ridículos, calores e imaginación… qué ganas de ponerme en huelga de hambre a las puertas de la embajada rusa, a ver si el camarada Putin se apiada de mí y me invita a pasar una temporada en Siberia. Nomás en lo que pasa esta ola de calor y, desde luego, no en un Gulag*/. Lo malo es que por más cursi que sea, tengo un cierto sentido del ridículo que me impide llegar a tanto. Decía una amiga (que no había leído a Cioran) que hacer el ridículo más de una vez en la vida era algo –casi- inevitable. Y ante este hecho, lo mejor era disfrutar el hacerlo, evitando auto-recriminaciones a posteriori: "piensa que será el oso de tu vida, así que gózalo". Supongo que a lo largo de mi vida he hecho más de un oso, pero ahorita recuerdo, con particular pena, los bailables del día de las madres en la escuela primaria. Pocas cosas más estresantes para mí. A una edad en la que desconocía el significado de la palabra estrés, ya tenía muy desarrollado el sentido del ridículo, y el que los maestros me obligasen a vestirme con esos recargados atuendos para luego bailar delante de todo el alumnado, acompañado por sus madres, era más de lo mi joven humanidad podía resistir. Y esa fue mi némesis desde primero hasta sexto grado de primaria. Creo que con eso ya di un buen adelanto en la expiación de mis ulteriores pecados
El calor me altera el estado de ánimo, el funcionamiento psicomotriz, la capacidad de respuesta neuronal. Después de caminar mucho bajo el candente sol, siento que mis neuronas se apelmazan, se atontan, se aletargan. Que, si pudieran, de una vez se echaban a dormir. ¡Cómo hace calor! Pero ya no me quejaré… tanto. Ayer leí que en algún lugar del desierto sonorense la temperatura había llegado a los 45° C y nosotros en el D.F. con 30° C ya estamos que no podemos.
La imaginación, madre de la invención, necesita de estímulos pero éstos suelen ser caprichosos y dados a esconderse, cuando no a escasear. O tal vez no sea escaseo, simplemente uno no los pesca en el momento debido. A veces me gustaría inventar sin pudor y relatarlo como sucedido Por supuesto, hablo de relatos vivenciales no de los ficticios. Inventarme viajes, amores, situaciones no vividas, y presentarlas como reales. Narrar mi deambular por las callejuelas de Samarcanda, como si de veras hubiera estado ahí. En «Dios es redondo» Juan Villoro cuenta las hazañas de un cronista de futbol brasileiro durante el Mundial de Francia. Según Villoro, el hombre en cuestión le ponía tanta imaginación a sus narraciones… que ni falta le hacía estar en el estadio (pasaba más tiempo en Galeries Lafayette que en el estadio de Saint Denis) durante las 'transmisiones en vivo'. Pero que en vez de odiarlo, sus colegas terminaban admirados ante su desbordada capacidad de inventiva y la pasión con que narraba encuentros nunca presenciados. Ya no recuerdo qué escritor latinoamericano dijo que un relato -bien contado se entiende- de hechos sucedidos no es tan digno de admirar como aquel que cuenta como vivido algo que jamás sucedió. Últimamente he pensado mucho en eso, en inventarme una historia así y presentarla como real. Pero al último momento me arrepiento, me parece demasiada deshonestidad de mi parte. Así que no me quedará más que seguir contando mis divagaciones como lo que son. Sin vender verdades por mitades ni mucho menos. Nada de venir a contar de mi caminar por el desierto del Sahara durante la reciente Semana Santa, en compañía de media docena de hombres magrebíes increíblemente sensuales y candentes. Lamento decepcionarlos. De eso no contaré.
J J J
*/ Con motivo de la boda real inglesa, una chica mexicana -al parecer educada en la cursilería del Hola! y las telenovelas de Televisa- tuvo la ocurrencia de ponerse en huelga de hambre frente a la Embajada Británica… en demanda de ser invitada a la boda del año. [Obvio, los británicos dijeron no a semejante estupidez]. De ese nivel estamos en México.
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Post Scriptum: (Eso pasa cuando uno no escribe claro). Cuando dije que me cohíbe inventar historias, NO hablo de la ficción. Ficción he escrito. A lo que me refiero es a inventar y hacer pasar como vivencias reales -en primera persona- una serie de sucesos, desde los más afortunados hasta los más terribles. A vender como propios, y ciertos, hechos falsos en relatos Reales, NO ficticios. Desde luego que puedo inventar, pero eso es ficción no un relato real. A eso me refería: a que mí me cuesta -a diferencia de muchos que no tienen empacho en hacerlo- decir que hice algo que no hice, que YO Marichuy, no un personaje ficticio inventado por mí, fue a tal parte y convivió con X o realizó tal hecho, sea heroico o ridículo. Como inventar que un viaje a China puedo hacerlo, pero no para venderlo como real. Espero haberme explicado: Inventar una historia es una cosa, mentir otra. Creo.



