adaptaciones

Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré de mi mundo. Me adapto a mí misma. [Anaïs Nin.]

septiembre 27, 2010

misiva inútil


pour toi…

Soberbia como soy, siempre me he creído capaz de escribir cartas; de cualquier tipo, no sólo amorosas. Pero más allá de esa impúdica presunción, la verdad es que nunca me ha costado gran trabajo hacer una. Corrijo, hasta ahora jamás se me había complicado. Es tan sencillo lo que he querido decirte desde hace varios días y sin embargo, es la hora que no encuentro la manera. Es la primera vez que no sé cómo empezar una misiva. Es la primera vez que cada palabra que escribo me crea dudas. Cómo pretender darle aliento a alguien, sin caer en cosas como échale ganas, tú puedes. ¿has notado cómo entre más rehuimos a los lugares comunes, más rápido caemos en ellos? Lo más probable es que estas líneas que escribo mientras el frío amanecer va descendiendo sobre la ciudad oscura, terminen siendo eso que no quiero: un mero lugar común. Tal vez sea un prejuicio extremo de mi parte, alguien que nunca ha sido a la filosofía del optimismo, que cualquier frase para brindar aliento casi siempre me resulte insufrible, como si de un mantra de Paulo Coelho o Miguel Ángel Cornejo se tratara. Y es en ese punto, cuando siento que ya he lindado los terrenos del "únete a los optimistas", donde vuelvo a borrar, una y otra vez, las líneas que llevo escritas. Pasa que siempre que pienso en alguien (incluida yo) atravesando por momentos duros y casi puedo escuchar la típica preguntita ¿cómo te sientes?, no dejo de sentirla no sólo absurda, sino casi irritante. Una pregunta sobrante. Es obvio que uno se siente del carajo y ante ello, tal cuestionamiento, por mejor intencionado que sea, para lo único que sirve es para recordárselo... en el hipotético caso de que lo hubiese olvidado.

Así que no preguntaré cómo te sientes y tampoco te diré que le eches ganas. Visto así, dejando de lado tales formas, sólo me queda recordar, para mí más que para ti, que por más que conozcamos a alguien (amigo, familiar, pareja sentimental) y por más cercano a él que creamos ser, jamás podremos dimensionar el peso de su desazón y del dolor que un malestar meramente físico puedan causarle, aunque aparentemente este último podría resultarnos menos difícil de imaginar. Lo sé. Lo asumo. No me gusta. Nada. Será porque mi soberbia va más allá de creerme capaz de escribir cartas: también apunta a querer sentirme el sostén de alguien más. Y esto sí es un problema; un pecado según las escrituras. Pero qué le voy a hacer, pecadora irredenta soy, y en estos días en que todo el viento del mundo sopla contra nosotros (con perdón del Silvio Rodríguez por descomponerle su canción: http://bit.ly/dAyQGm), quisiera poder brindarte algo más que un hombro metafórico para acurrucar tu pesadumbre. Como nunca, desearía ser capaz de decirte algo más útil que la sarta de naderías que he escrito aquí. Como jamás lo creí, me gustaría poseer un poder mágico para hacerte sentir, en toda su intensidad, el entrañable abrazo que te doy desde aquí hasta donde te encuentras… tan cerca y tan lejos de mí. Y luego recordarte, por si no te lo hubiera dicho lo suficiente, que si alguien es capaz de darme un poco de sosiego aún en plena tormenta, ese eres tú, con tus palabras precisas y las imágenes que estas desprenden. Por ello, no sabes cuánto me pesa no tener los medios para hacer realidad mis deseos: ni imaginas lo inútil y torpe me siento a no poderlo remediar.

Termino estas líneas con terquedad: abrazándote con fuerza y evocando para ti el perfume dejado tras la lluvia nocturna, el aroma del café recién hecho y el olor inigualable de un libro antiguo, a manera de bálsamos que ayuden a sentir menos duro tu transe por "estos días en los que no sale el sol, sino tu rostro… y en el silencio, sordo del tiempo, gritan tus ojos…"

… retour à toi.

 
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septiembre 23, 2010

azarosa revuelta visceral

Chiho Aoshima.building head chameleon (2006)



Ella no creía en eso que llaman destino. Fiel a su terquedad, pensaba que el destino, como el cuello del cisne del poema, podía torcerse -en un sentido distinto al de los versos de González Martínez-. Mirándolo bien, más que terquedad, quizá lo que alimentaba su férrea creencia era una ingenuidad desmedida. Misma que la había mantenido, hasta ese día, reticente a creer que sus encuentros y desencuentros, hallazgos y pérdidas, aciertos y equívocos… eran cosa del destino, como establecidos al momento de su nacimiento. Y por el contrario, desde que ingresó oficialmente a la adultez, y tuvo la disposición para mirarse como quien se observa a través de la lente de un microscopio, fue convenciéndose de que todo lo que vivía era producto de circunstancias diversas: situaciones, acciones y omisiones coincidentes y encontradas; algunas, las menos, casualidades y otras, las más, causalidades y quizá algo de azar. Puestos a escoger, en vez de un sino predeterminado, ella creía en el azar, muy al estilo de ese verso de Mallarmé:

"Una jugada de daos jamás abolirá el azar"

Y durante mucho tiempo, regida bajo esos principios tan personales (y algo tramposos, desde luego), su vida discurrió sin grandes sobresaltos; una vida salpicada con los chispazos de dicha y los trozos de realismo puro y duro "normales" y "soportables"; marcada por los desengaños y descalabros que un ser humano promedio enfrenta y que no obstante alguno pudo ser más duro de lo común, jamás lo fue al grado de conducirla al abismo de la desolación. Por eso ahora no sabía qué pensar; no sólo respecto de la manera encarar esa situación inesperada, sino, sobre todo, de cómo atemperar la revolución experimentada en su interior; esa gran revuelta tan visceral como emocional y en directa confrontación con su terco razonamiento. Por qué carajos había desviado su camino, porqué tuvo que verificar las coordenadas de la ruta seguida, tan sereno que era su trayecto hasta ese momento… y de pronto, en apenas dos minutos, todo se torció. Por ello, en medio de reproches combinados con el típico si yo hubiera, una y otra vez se repetía, no sin maldición de por medio:

Por qué tuve que girar en se sentido, si no lo hubiera hecho no habría venido a reencontrarte (a destiempo), y menos me habría dado cuenta de lo mucho que te extrañaba y de la falta que me hacían tu perenne melancolía, tus silencios a intervalos, tu pasión sin tregua. Carajo, tan bien que estaba sin saber de ti… creía estarlo.

El causante de ese desbarajuste hormonal-visceral-mental, era, como suele suceder, un Ex del que ella se creía (ingenua, ya dijimos) hacía rato totalmente curada. Y ahora lo tenía ahí, al teléfono, en su correo personal; un día sí y otro también, rompiendo su tranquilidad, perturbando sus emociones, tambaleando su frío razonamiento, confundiéndola con mensajes casi contrapuestos que iban de la cercana calidez de quien ha sido más que amigo…  a la mera cortesía amigable… de ida y regreso, sin escalas, una y otra vez…

Carajo! Por qué reparé en ese llamado, porqué me asomé a ese sito… seguía reprochándose mientras leía el enésimo mensaje de ese hombre, quien, fiel a sí mismo, continuaba yendo por la vida con las emociones contrapuestas…

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Dice Roland Barthes que para interrogar al destino hace falta una pregunta alternativa (por ej: me quiere/no me quiere), un objeto susceptible de variación (digamos, caerá/no caerá) y una fuerza exterior que marque uno de los polos de variación (las más comunes: divinidad, azar o viento) et voilà a esperar la respuesta que el destino tenga a bien darnos. (como versión filosófica, corregida y aumentada, del tradicional deshoje de margaritas).

Pero… y ustedes ¿qué creen? Bueno. Habría que empezar por preguntar si a estas alturas del Siglo XXI todavía hay quien cree en el destino, el azar o ambos; inquirir si en esta era del vacío y el imperio del efímero, aún hay quien piensa que Una jugada de dados jamás abolirá el azar… O si, por el contrario, los posmodernos habitantes del mundo de hoy han decidido mandar a ambos, destino y azar, bien lejos... y allá que dicten sus sentencias.


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septiembre 21, 2010

aviso nocturno



Buena noche...

Tengo algo desatendido este blog; mañana trataré de subir una nueva entrada. Mientras tanto, gracias por sus visitas.

Como ya casi es hora de dormir y amar (aunque a decir verdad, para ello no hay hora), les dejo unos versos nocturnos; están en francés pero creo no hace falta conocer el idioma para entenderlos.


Trois allumettes, une à une allumées dans la nuit
La première pour voir ton visage tout entier
La seconde pour voir tes yeux
La dernière pour voir ta bouche
et l'obscurité toute entière pour me rappeler tout cela en te serrant dans mes bras.




Jacques Prévert

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septiembre 19, 2010

rescoldos de aquellos fuegos

«Sin duda, abril es el peor mes para estar solo. En abril, a mi alrededor todo el mundo parecía feliz. La gente se quitaba los abrigos y charlaba en los rincones soleados, jugaba a la pelota, se enamoraba. Yo estaba completamente solo. Naoko, Midori, Nagasawa: todos se habían alejado de mí» [Watanabe en Tokio Blues, de Hakuri Murakami]


Me gusta la sensación de nostalgia que transmiten esas líneas. No obstante, más que circunscribirla a un mes o época determinada, yo diría que al igual que el amor la nostalgia es inoportuna e impertinente: llega cuando menos lo imaginamos, nos toma desprevenidos y nos embate sin que tengamos oportunidad (y a veces ni la buscamos) de resistirnos. No cuento nada nuevo. Lo sé. A estas alturas de la vida, pretender descubrir el agua tibia sería un sinsentido. Tanto como enamorarse sin remedio de un ser inasible. No sé quién dijo que los mejores amores eran los imposibles. En teoría tal vez. La intensidad, un tanto idealizada, aunada a la férrea persistencia en tal sentimiento pese a saberlo no correspondido, el amar sin esperar nada a cambio, tienen un aura tan romántica, lindante con el estoicismo. Y está bien... para la poesía, la literatura, la música. Como decía la cineasta catalana Isabel Coixet, en el arte la mayoría de las veces la felicidad es poco fotogénica, de ahí que nos resulten tan regurgitantes los filmes hollywoodenses melcochosos hasta el coma diabético, mientras que las novelas repletas de miel, tan sólo de tocarlas nos dejen una sensación pegajosa en los dedos. Pero para la vida diaria y sin que ello implique anhelar, ni remotamente, vivir empalagados, desearíamos recorrer caminos menos azarosos y dolorosos. Por ejemplo: no encontrar el amor a destiempo y toparnos con el hombre o mujer de nuestros sueños, antes de que la ingenuidad que nos llevó a creer en la existencia de semejante ilusión nos haya abandonado. Y, sobre todo, pediríamos no enamorarnos de quien no puede amarnos, ni tampoco despertar tal sentimiento en alguien a quien jamás podremos amar. Soñar que la vida pudiera discurrir sin tanto bache ni recoveco oscuro es pueril, todo sabemos que al amor, como a la vida misma, le tiene sin cuidado nuestros deseos, razonamientos y prevenciones. Y al final uno acaba, cualquier mañana plomiza cuasi otoñal, escribiendo notas inconexas sobre los vaivenes del corazón y los desazones provocados por el recuerdo de rescoldos de aquellos fuegos jamás apagados... en una misiva disfrazada cuyo inspirador jamás leerá.
"N'écris pas. Je te crains; j'ai peur de ma mémoire; elle a gardé ta voix qui m'appelle souvent... " Marceline Desbordes* (No escribas. Te temo; tengo miedo de mi memoria; ella guardó tu voz que a menudo me llama).
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*Marceline Desbordes-Valmore fue una poeta francesa nacida hacia finales del Siglo XVIII, única mujer del grupo de los poetas malditos. Estos versos pertenecen a su poema Les séparés (completo aquí: hhttp://bit.ly/aZVZUL), el cual ha sido musicalizado por el cantante Julien Clerc con un resultado, en mi humilde opinión, bastante aceptable; pueden ver el video acá (es cursi/romántico sin remedio, advertidos están) les séparés, julien clerc.

Aquí una gran selección, en francés, de poemas de Marceline Desbordes-Valmore (lamentablemente, es una poeta poco difundida por lo que de su obra muy poco, por no decir nada, se ha traducido al español): http://bit.ly/aUn8qc



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septiembre 17, 2010

mega puente

En México, ya sabrán, la obra más trascendental del actual Gobierno Federal, con motivo del bicentenario independentista, ha sido el mega puente vacacional: del 15 al 19 de septiembre sin bancos, escuelas, ni oficinas gubernamentales en servicio. Ante ello, la gente, la que ha podido, ha huido del D.F. con rumbo a las ciudades y playas cercanas. Así que hoy 16 de septiembre, en el doscientos aniversario del inicio de la gesta independentista, la Ciudad de México luce algo vacía, sumida en el espejismo celebratorio, aún sin sopesar el fardo que será la resaca al despertar de él, desde luego, más cruel que la cruda tras del reventón hollywoodizado en que devino la ceremonia del Grito de anoche. Claro, eso no quita que hoy se escenifique el grandioso desfile militar, con todo y la participación de contingentes castrenses extranjeros (cosa que ha provocado gritos de alarma en algunos sectores de la opinión pública, quienes ven a esos milicos como invasores a punto de quedarse aquí. Digo yo, ni que esos soldados fueran tontos para querer quedarse en este país estando las cosas como están), evento favorito del actual presidente, cuyo sueño húmedo, se me figura, siempre fue ser un milico... lástima que sólo le alcanzó para ser un abogado conservador, algo prepotente y autoritario. 















Por tal motivo, no he posteado nada nuevo (no soy la única: los blogueros mexicanos andan. o desanimados, aflojerados o vacacionando). Pero ya que ando por aquí, y por si algún viajero virtual encallara en este sitio, dejo un fragmento de Fuegos, esa desgarrada obra de Marguerite Yourcenar escrita al calor de una pasión tan intensa como desesperada.

“Nos acordamos de nuestros sueños, pero no recordamos nuestro dormir. Tan sólo dos veces penetré en esos fondos, surcados por las corrientes, en donde nuestros sueños no son más que restos de un naufragio de realidades sumergidas. El otro día, borracha de felicidad como uno se emborracha de aire al final de una larga carrera, me eché en la cama a la manera del nadador que se lanza de espaldas, con los brazos en cruz: caí en un mar azul. Adosada al abismo como una nadadora que hace el muerto, sostenida por la bolsa de oxígeno de mis pulmones llenos de aire, emergí de aquel mar griego como una isla recién nacida. Esta noche, borracha de dolor, me dejo caer en la cama con los gestos de una ahogada que se abandona: cedo al sueño como a la asfixia. Las corrientes de recuerdos persisten a través del embrutecimiento nocturno, me arrastran hacia una especie de lago Asfaltita. No hay manera de hundirse en este agua saturada de sales, amarga como la secreción de los pájaros. Floto como la momia en su asfalto, con la aprensión de un despertar que será, todo lo más, un sobrevivir. El flujo y reflujo del sueño me hacen dar vueltas, a pesar mío, en esta playa de batista. A cada momento, mis rodillas tropiezan con tu recuerdo. El frío me despierta, como si me hubiera acostado con un muerto”


 imagen: Viaducto Millau, el puente más alto del mundo (al sur de Francia), diseñado por el arquitecto inglés Norman Foster y construido por el ingeniero estructuralista francés Michel Virlogeux - 


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septiembre 13, 2010

memorias de una voyeur



Aquel sábado, después de un tiempo de vivir casi como ermitaña en medio del mundanal ruido, negada a salidas grupales nocturnas y a la asistencia de reuniones multitudinarias (la misantropía la seguía muy de cerca), casi a rastras consiguieron sacarla de su ermita para visitar un Antro. El elegido resultó ser uno de los pocos en cuya puerta no hay un par de cadeneros mal encarados, empecinados en cobrarse –en la persona de los aspirantes a clientes- todas las afrentas, humillaciones y discriminaciones clasistas padecidas durante su infancia y adolescencia. (si hay un sitio donde el racismo y complejos de clase pelean la supremacía, esa es la puerta de entrada de los antros ). Nada más lejano en Mama Rumba, cuyos cuidadores sin ser Lord Byron distan mucho de las ínfulas de aquellos dedicados a valorar la apariencia de los concurrentes para rechazar a todo aquel cuyo look desentone con la decoración del lugar. Pasada la media noche, franquearon la puerta de acceso y el ambiente ya estaba en su apogeo. Ir a Mama Rumba quiere decir ir a bailar. Ahí no hay espacio para otra cosa que no sea seguir el cadencioso y rítmico paso marcado por la música cubana. Sólo bailar; si uno quiere platicar habrá de salir y buscar otro sitio porque dentro el mar de gente y el sonido de la música lo vuelven un diálogo de gritos sordos. Accedió a ir con la condición de que no la obligaran a bailar, sólo quería ver, observar como un voyeur descarado. Y así, instalada en su cómoda posición, no tuvo empacho en dedicarse a desnudar, en sentido figurativo desde luego, a la concurrencia; verlos como de lejitos, como si fuesen habitantes de otro mundo y ella se hallase instalada en una dimensión distinta. Ella la observante que ha invadido el reino del sagrado esparcimiento; ella que los mira divertirse, bailar, coquetear, beber mojitos como si fueran simples limonadas, dejarse llevar por el rítmico sonido emitido por el grupo cubano que ameniza el lugar. Atestiguando cómo el ritmo candente cede su lugar a uno más cadencioso y romántico con la aparición del cantor estelar, quien con voz pastosa y sensual desgrana las notas de lágrimas negras y con ello los cuerpos se pegan aún más, acompasando sus movimientos con gozosa cachondez. La concurrencia asidua a Mama Rumba (al menos a primera vista) no se parece en nada a la que suele frecuentar los Antros donde imperan el tecno y demás ritmos modernos. En este lugar, la posmodernidad kitsch se mezcla sin problemas con la nostalgia sesentera. La observante se concentra en un animado grupo de féminas entre los 25-30, dignas representantes de esa subespecie denominada "radical chic": niñas bien pero con barniz de intelectual progre, un poco a la imagen dela gauche caviar (sin ánimo peyorativo) o en lenguaje coloquial chilango, tránsfugas de los 60's en versiónfashion posmoderna, donde los huaraches artesanales y las margaritas en el pelo han sido sustituidos por sandalias Prada y foulards de seda enredados en la cabeza a manera de turbante, lo cual confiere a sus portadoras -hay que decirlo- un aire de atractivo misterio. Más allá de su apariencia, que con sus más y sus menos es muy similar, todas estas chicas parecen gozar al máximo, como si estuviesen en éxtasis (igual se habrán metido una dosis de ídem), con estos ritmos tan "calientes". Uno las mira y pensaría que crecieron en el Caribe, así de gozosas se ven bailando esos ritmos que hasta no hace mucho tiempo eran considerados demasiado populosos y por ende despreciados por los clasemedieros aspiracionales acostumbrados a pasar sus fines de semana bailando hasta el amanecer en el Baby'O de Acapulco (Antro legendario, que contra todo pronóstico ha sobrevivido a un sinfín de crisis y modas), o en alguna boîte de Cancún. Pero ahora… cómo han cambiado los tiempos y los gustos, a partir del indeterminado día en el que la música grupera y tropical dejó de ser vista como naca, propia de bailes populares, pasando a formar parte del acervo musical de los DJ de las discos más chic. (un factor que favoreció esto, dicen, fue la exitosísima película Y tu mamá también, cuya banda sonora es recordada, en especial, por una canción de los Bukis). Y ella, la voyeur descarada, se dedica tan sólo a mironear, agazapada en un punto estratégico donde el campo de visión es inmejorable, recreándose con esas mujeres, casi con envidia pues ellas no necesitan de sus acompañantes hombres para pasarla bien y bailar desenfadadamente –mientras ellos lucen menos dichosos, concentrados en beber mojitos no parecen compenetrados con el ambiente, alguno luce expresión de fastidio, como si el entorno le resultara ingrato por más que ahora sea casi chic escuchar música cubana y beber mojitos-. Pero claro que hay un motivo adicional para la algarabía de ese grupo de mujeres posmo progre: los atractivísimos meseros cubanos, cuyo perfecto torso es remarcado por ajustadas camisetas con la bandera de la Isla en el pecho, quienes sonríen y de vez en cuando guiñan el ojo a esas niñas tan chic que los miran con indisimulada codicia, mientras entre ellas apuestan quién será la suertuda que se ligará a alguno de ellos… el que sea, lo importante es demostrar quién puede más. Y la voyeur que atestigua las apuestas, hace la propia a favor de una trigueña de inmensos ojos cafés, quien al bailar parece desprender fuego. Las horas avanzan, el sitio empieza a vaciarse y las chicas no cejan en su labor y, claro, la voyeur descarada tenía razón: la trigueña es la suertuda… lástima de no haber apostado públicamente, dice para sí la observante cuando por fin, casi a rastras, es sacada del Mama Rumba por sus amigos, quienes lamentan que haya pasado una noche tan aburrida...

Post Scriptum. Hablando de voyeurs, miradas e historias imaginarias, hoy me toca mi turno en el blog colectivo Escribidores y Literaturos, mi texto, un relato sobre un amor desmesurado: el infierno


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septiembre 10, 2010

ave maría purísima!

 
Como quizá ya estarán enterados, el número correspondiente a septiembre de la revista estadounidense Playboy dedica su sección literaria a la novela de Madame Bovary. Esto con motivo de la novísima publicación de una nueva edición, en inglés, de la emblemática obra de Gustave Flaubert. Lo que me llama la atención no es que la revista del conejito dedique varias páginas a una obra literaria, no soy lectora de Playboy pero mis amigos hombres que sí acostumbran leerla me aseguran que el citado magazine es rico en contenido más allá de las fotos de mujeres en cueros… y yo les creo. No, lo que me impactó fue la leyenda aparecida en portada, justo al ladito de la bella chica ligerita de ropa que la adorna: "Madame Bovary la novela más escandalosa de todos los tiempos". ¿What? fue lo primero que vino a mente cuando hace unos días me encontré la noticia en Le Monde http://bit.ly/contT4 . Luego, tras leer la nota completa, no pude menos que pensar en los insondables caminos de la mercadotecnia y publicidad. Sólo así puede entenderse, y eso hasta cierto punto, que un magazine como Playboy "se escandalice" con Madame Bovary.  

Ave María Purísima! Madame Bovary conejita de Playboy a los 154 años! Qué horror ironiza el diario británico The Independent en un artículo firmado por John Lichfield y reproducido por el periódico mexicano La Jornada http://bit.ly/aZaXJ5. Y abunda, remarcando lo mismo que yo me pregunté desde un principio: ¿Playboy tipifica como la novela más escandalosa a Madame Bovary y a su protagonista Emma como una de las pecadoras más célebres de la literatura de todos los tiempos? ¡Playboy, dice eso¡ se asombra el autor del artículo periodístico. Mientras yo que no escribo ni en Le Monde ni en The Independent, sólo puedo rematar ¿Playboy se escandaliza con la Bovary? Por Dior. Una de dos: o quieren vender muchos ejemplares de su revista, y de paso alentar la venta del recién publicado libro; o bien, los editores del magazine nunca han leído al Divino Marqués de Sade, ni tampoco al Magíster Georges Bataille. Digo yo, casi cualquier página de Justine, de Sade o de Historia del ojo, de Bataille, resultan infinitamente más perturbadoras y escandalosas que la escena más pasional de Madame Bovary (una de mis novelas favoritas de toda la vida, aclaro, pero ese no es el punto). Vamos, hasta Les Liaisons dangereuses, de Pierre Choderlos de Laclos, podrían contener pasajes más dignos del "escándalo" que la historia de Flaubert. En fin… business are business.

Por último dos párrafos de la obra de Flaubert:

"(…) el sol golpeaba contra los viejos faroles plateados, una mano desenguantada se deslizó debajo de las cortinillas de lino amarillo y arrojó pedacitos de papel que se dispersaron con el viento y fueron a caer más lejos, como blancas mariposas en un campo florido de encarnados tréboles." (Emma se desase de una carta comprometedora)

"La presencia de su persona turbaba la voluptuosidad de aquella meditación. Emma palpitaba al ruido de sus pasos; después, en su presencia la emoción decaía, y luego no le quedaba más que un inmenso estupor que terminaba en tristeza." (la dualidad emoción/desolación de Emma ante la presencia/ausencia de su amante León).



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septiembre 06, 2010

digestivo en ayunas

aperitivo.- Moría por tener uno así. Había sido el objeto de mi deseo desde el día en que lo descubrí en la página central del catálogo de conocido almacén departamental y su brillo acerado me atrapó como si de un galán de cine se tratara. Un diseño moderno y ergonómico, decía el catálogo del citado almacén donde hay que ser totalmente palacio para ser. Tras enterarme de sus características y constatar que su precio no era estratosférico, sin pensarlo me dirigí a la sucursal más cercana. Una vez ahí, sin detenerme a mirar nada, subí al cuarto piso decidida a comprar el codiciado adminículo. Nada más acercarme al mostrador de electrodomésticos, un amable y sonriente chico se acercó para atenderme y minutos más tarde ya tenía en mis manos el di-vi-no cuchillo eléctrico marca Krups Modelo GVD241, con cuchillas de acero alemán templado cuyo filo jamás se desgastaría. Ni falta hizo que el chico se esforzara por convencerme de comprar tal maravilla, así que sin mayor tardanza firmé el voucher respectivo. Salí del almacén feliz. Era muy probable que en mi recién iniciada vida fuera de la casa familiar, alguna vez no tuviera qué comer, pero a cambio contaría con el instrumento idóneo para cortar rebanadas perfectas (de aire), lo mismo en alimentos frescos que congelados y tan fácil… como deslizarse sobre mantequilla.  



directo al plato fuerte. Seis meses después de la feliz compra, yo seguía sin estrenar el cuchillo eléctrico. Seis meses viviendo sola, ya con varias reuniones realizadas en mi depa de soltera, y todavía no había probado las sedosas cuchillas del Krups. Pero por fin había llegado la oportunidad. Qué mejor ocasión para estrenarlo y comprobar la calidad del acero alemán, que rebanando la pechuga del jugoso pavo ahumado congelado. El día, un frío 25 de diciembre cuando después hacerme la remolona entre las sábanas, harta de escuchar los reclamos de mi estómago dejé la cama y tras una ducha tibia entré en la cocina con el propósito de cocinar algo… sólo para comprobar que en el refrigerador, salvo café, yogurt, no había nada para comer ¿Y quién va al supermercado un 25 de diciembre? Nadie. Al menos, yo no. Así que no me quedó más remedio que sacar el pavo refundido en el congelador desde semanas atrás. Al ponerlo en el fregadero el pobre animal sonó como piedra, pero yo, ansiosa por estrenar mi cuchillo, ni me inmuté pues el acero alemán era infalible. Una vez que lo acomodé recargándolo contra la pared interior del fregadero y sosteniéndolo con mi mano izquierda, me dispuse a rebanarlo, comprobando que efectivamente el desliz de las cuchillas del Krups era veloz, perfecto, aunque no con la suavidad de la mantequilla cayendo sobre pan recién tostado, sino como debió deslizarse la guillotina sobre el cuello de María Antonieta. Así lo habría sentido el ave muerta de existir tal posibilidad y de igual forma lo sentí yo cuando en cuestión de segundos el filosísimo cuchillo se me resbaló y de la congelada pechuga del pavo fue a dar, directo y sin escalas, a la falange media de mi pulgar izquierdo sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo. El roce del frío acero penetrando en mi piel me hizo reaccionar de inmediato, aunque no lo suficiente y mis reflejos todavía adormecidos apenas alcanzaron para aventar el cuchillo y el pavo, al tiempo que un borbotón de sangre saltaba frente a mis azorados ojos. 

digestivo.- 25 de diciembre, una de la tarde, ciudad desierta, mi familia volando con rumbo a las costas de Oaxaca y yo con un botiquín de primeros auxilios tan exiguo como mi refrigerador, viendo la sangre correr dentro del lavabo, imparable, inmune a los chorros de agua y alcohol. Finalmente, como pude cubrí la herida y salí en busca de un doctor. Por suerte, a tres calles se ubicaba el Hospital Infantil y hacia allá me dirigí ansiosa, mientras el rastro de mi sangre teñía de rojo las aceras de la colonia Nápoles. Hospital casi vacío, doctores con cara de desvelo a causa de la guardia o de la cruda, poco personal administrativo, todos con malos modos, y yo salpicando de sangre sus inmaculados pisos. Cuando se dignaron atenderme me asignaron a un jovencísimo doctor -quizá haciendo su internado-, quien con displicencia empezó a desinfectar mi herida y luego buscó la forma de parar la sangre. Cuando lo consiguió se dispuso a suturar, aunque por su tosquedad e impericia más parecía estar zurciendo un costal de yute. Finalmente terminó con un remache igual de malhecho y dio por concluida mi cura. Una vez que liquidé la cuenta, salí a la fría calle y camine de regreso a casa. Nada más llegar, me dirigí a la cocina y sin ninguna delicadeza tomé por las patas al ave todavía congelada y la refundí en el congelador de donde sólo salió semanas más tarde para ir directo al basurero. El pre-cio-so cuchillo, una vez lavado y devuelto a su estuche, quedó guardado en lo más alto de la alacena. El hambre se me olvidó, pero para calentar mi helado cuerpo y de paso digerir el susto, me tomé al hilo dos tragos dobles de Grand Marnier, los cuales, además de proporcionarme un rico calorcito, me enviaron de regreso a la cama de donde no salí sino hasta la mañana siguiente… con rumbo al supermercado. Fin del romance con el Krups. Si alguien lo necesita, está semi nuevo.


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