adaptaciones

Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré de mi mundo. Me adapto a mí misma. [Anaïs Nin.]

agosto 31, 2010

la moral... doble

Heinrich Zille, mujer triste


En tanto se despeja mi panorama laboral (espero que pronto), dejo este video que quizá a nadie -aparte de mí- le guste, pero hoy me siento solidaria con Carla Bruni y con todas las mujeres que se oponen a la lapidación femenina (en Irán y otros sitios). No pretendo faltar el respeto a una determinada religión, pero lapidar a una mujer en nombre de Alá, de la moral o de cualquier otro valor o creencia, me parece un crimen. Punto. Y si alguien que se manifiesta públicamente (sea Carla Bruni, Isabelle Adjani, Petrita Domínguez o quien sea) en contra de semejante barbarie y en defensa de la vida de las mujeres víctimas de semejantes condenas -o de aquellas, como las mujeres de Guanajuato, que por ignorancia y falta de medios se ven obligadas a abortar y por ello son condenadas a 29 años de prisión, mientras un violador o pedófilo (a veces su propio victimario) sale libre en tres o cinco años-, merece ser llamada por ese sólo hecho "puta" http://bit.ly/9hW65c... pues ya estaré formando parte del selecto grupo

chanson triste









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agosto 29, 2010

en el extremo opuesto

En alguna canción Silvio Rodríguez dice:

♫ ♪ quiero que me perdonen por este día los muertos de mi felicidad... ♫ ♪

Mientras yo, en el extremo opuesto de él... quiero que me perdonen por este día los vivos de mi tristeza, desazón y cursilería...

Un nudo en la boca de mi estómago queriendo vomitar horror; pueril reacción ante la barbarie; azoro, rabia, tristeza… impotencia. Como en la novela de Vargas Llosa, una y otra vez retumba la pregunta: ¿cuándo fue que se jodió México? Y enseguida, el temor a la respuesta: quizá siempre lo estuvo, sólo que nosotros nos creímos el milagro mexicano, como nos tragamos la idea de la época de oro del cine mexicano, nos obnubilamos con la bonanza petrolera, nos engañamos con la transición democrática y nos embriagamos con la caída del PRI... sin medir la nefastez del PAN nuestro de cada día por venir. Y así, hasta que un buen día nos dimos cuenta, despertamos de nuestro sueño inducido en esta barbarie, en este infierno que somos todos... los otros y nosotros que somos la otredad de ellos... 

Acabo de leer en El País una cita que dice: "o no gritar tanto o a las trincheras, León Felipe" Tan fácil sermonear, tan fácil clamar por la coherencia (la del otro... nunca la propia) y sin embargo, qué difícil no gritar, entre otras razones, porque a uno no se le antoja irse a una trinchera en la que se libra una guerra de estupidez, una guerra que se declaró en nombre suyo sin preguntarle su parecer ni tampoco se le da el silencio, pues le sabe a complicidad, y prefiere gritar ante el temor de ahogarse en su propio vomito de horror, rabia, tristeza, impotencia... 

Dicen que nuestra mexicana proclividad al fatalismo nos impide disfrutar de los triunfos obtenidos. Triunfos tan trascendentales... como el de Miss Universo. Así comentan respecto de quienes no saltamos de dicha la noche en que la representante mexicana fue coronada como la mujer más bella del universo 2010. Y es que apenas la habían coronado y ya en la aldea tuitilandia (sección México) la habían(amos) bautizado como Miss Bicentenario. Casi toda la sección, menos, por supuesto, el C. Presidente de la República quien con una velocidad de respuesta que ya quisiéramos para la problemática nacional, se aprestó a twittear la respectiva felicitación diciendo que tal coronación era un enorme logro (el mayor de su gobierno, ni duda cabe), que en mucho contribuiría a mejorar la imagen del país. Y entonces, justo cuando la Miss Universo Bicentenario andaba mejorando la alicaída imagen mexicana... que aparecen 72 cadàveres de migrantes centro y sudamericanos masacrados, estrellándose en nuestra recién mejorada faz nacional. Más números rojos para engrosar la estadística de la violencia, otro indicador que agregar al parte de guerra en que se han convertido las noticias nacionales. Casi imposible no estar de acuerdo con lo dicho ayer por un tuitero:
"Las bestias que asesinaron a 72 migrantes no surgieron por generación espontánea. Son parte de nuestra historia de racismo y apatía"
Y ante ello, no hay Miss Universo Bicentenario, discurso retórico y melodramático ("ven lo que les digo: los enemigos son ellos -los narcos- no yo", dijo el Presidente), puesta en escena, cortina de humo, dichas inicuas, discursos del sí se puede, iniciativas México, manuales del autoengaño... perdón... de autoayuda, que valgan. Nada logra disimular la jodida realidad. No obstante, a medio hundimiento en el fatalismo, siempre nos quedará la tabla de salvación de la poesía (gracias a Pau por recordarme la definición de Amor de Efraín Huerta, en perfecta contraposición a la acidez de la de Ambrose Bierce)

Todo
Se ha
Jodido
Menos
El amor

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Oremos porque así sea. Amén.

Post Scriptum: para compensarlos por haber leído mi plañidero texto, esta belleza que acabo de robarme vía twitter:

Felices los normales, de Roberto Fernández Retamar




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agosto 26, 2010

polvos de aquellos libros



Recuerdo que durante mi niñez y adolescencia, cuando mi padre venía a la Ciudad uno de los pocos consejos que solía repetirme (invariablemente en cada viaje y aún cuando en general fuese un hombre poco dado a pretender dirigir la vida ajena según sus parámetros), era el referido a adquirir conocimientos mediante la lectura… más allá del aula escolar. Al recordar aquellos años, considero que en general su conseja no era tan necesaria, pues las propias circunstancias de mi niñez me hicieron proclive a los libros y, por si faltara, tal inclinación se vio reforzada con la estricta disciplina de mi abuela en materia de TV: sólo una hora al día me era permito verla.

Erudición, s.- Polvillo que cae de un libro a un cráneo vacío. Ambrose Bierce. El Diccionario del Diablo)

Traigo a colación esta historia doméstica, porque ayer que malbicho nos recordó la existencia del Diccionario del Diablo, de Ambrose Bierce-, al leer su definición sobre Erudito, una vez adecuada a las necesidades de esta divagación, me vino a la mente mi desordenado andar por los libros y con él la conseja de mi padre de adquirir conocimientos mediante la lectura. Cierto que mi señor Progenitor no pensaba, ni remotamente (nunca ha sido pretencioso ni desubicado; más bien, peca de lo contrario), en erudición ni nada parecido. Pero el hecho de aconsejarme "aprender" mediante los libros, dejando a mi libre albedrío tipo, cantidad y contenido, encarnaba (creo) un riesgo: que yo acabara leyendo, literalmente, cualquier cosa; textos que lejos de ayudar en mi formación terminaran por enmarañar, aún más, mi de por sí enmarañada cabecita. Al final, me parece, no estuvo tan mal el aprendizaje… en lo que a leer se refiere. Pero una cosa es haber leído variado y suficiente, por gusto y no de manera obligada, y otra muy distinta… haber adquirido per se conocimiento, pues nada garantiza que lo leído haya sido procesado de manera adecuada por mi imberbe mente infantil-adolescente (lecturas variadas, dispares y, tal vez, no del todo apropiadas para mi edad). Y esto vuelve a llevarme a la esencia de la definición de Bierce: cuando uno se adentra en los caminos de la lectura (una forma de autoaprendizaje), es un territorio virgen, una página (casi) en blanco, sobre la cual los escritos e ideas de otros irán moldeando una nueva y propia escritura. Pero también, de alguna forma, uno semeja a ese cráneo hueco al que alude con iónica agudeza el escritor estadounidense: una cabecita con poco espacio ocupado… lista para ser llenada con los polvillos de conocimiento que vayan cayendo de los libros que lea. Polvillos que tal vez logren llegar, y rellenar, al lugar adecuado y, con un poco de ayuda, hacer una buena mixtura con elementos tales como las cualidades intelectuales, experiencias y algún tipo de conocimiento no adquirido a través de los libros... pero nada de volverlo erudito.. al menos así lo veo yo.

 



Post Scriptum. De antemano me excuso, en el remoto caso de que algún erudito autodidacta (no conozco a ninguno en mi entorno) leyera esta divagación.


Post Scrptum2 Utilizo la palabra conseja, quizá indebidamente, en su acepción de creencia/idea preconcebida: mi padre me decía que leyera mucho, más allá del aula y tareas escolares, en la creencia de que al hacerlo yo aprendería y adquiriría, per se, conocimientos



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agosto 20, 2010

viernes de saudade chilanga

Evolution, © Nadine Court, 2010 • web 


Los viernes me son gratos. Por el sólo hecho de no tener que madrugar al día siguiente, los viernes me saben a dicha (eso más las posibilidades de la noche). Pero no todo es belleza y luminosidad los días viernes. Ni en mí, ni en la blogósfera. Si cada día menos gente bloguea (dicen que la culpa es de twitter), los viernes esto es casi un desierto. A tal punto, que he llegado a aventurar que el persistir en la blogueada, seguir siendo bloguero, bien podría semejar un acto de resistencia. En ese tenor, postear en viernes parecería un despropósito, aunque en el fondo más bien sea una necesidad (y necedad). Hace algunas semanas, comentaba aquí acerca de la petición que me hizo un amigo de escribir algo en el marco del Bicentenario. (petición que asumí sin asomo de dicha, en razón del motivo, pero en cuyo cumplimiento acabé imprimiendo, contra todo pronóstico, alguito de pasión). El plazo se cumplió y hube de escribir mi respectiva divagación; casi fuera de tema -de no ser porque en algún renglón mencioné las palabras Conquista, Colonia e Independencia-, pues lo que hice terminó siendo una especie de elegía a la Ciudad de México. Ciudad en la que no nací y en donde no dio inicio la gesta independentista, pero que a 200 años de aquellos hechos es lo más cercano al anclaje en el Siglo XXI; una ciudad que contra viento y marea se ha atrevido a evolucionar y a darse leyes más apegadas a la realidad diversa y compleja del Siglo en el que vivimos. No sé bien porqué amo tanto esta Ciudad, que desde luego no es majestuosa ni deslumbrante como otras capitales del mundo. Quizá se deba a que la seducción de la fealdad -como alguien me comentaba aquí alguna vez- es mucho más poderosa que la de la belleza. O tal vez, lo que me ate a ella sea eso en lo que nos parecemos: tengo la creencia firme que de ser un humano, la Ciudad de México sería mujer. Sólo así se explicaría su terquedad, su persistencia en la sobrevivencia, su empecinamiento en sobreponerse a cuanta desgracia le ha caído encima (incluidos los malos tratos propinados por nosotros sus habitantes y las alteraciones de la madre naturaleza, cuya mortal herida vestida de terremoto de 8.2 grados, hace 25 años, no logró desaparecerla). Por ello, hoy viernes, al final de una semana plagada de dimes y diretes, de choques entre las expresiones de la realidad y modernidad versus los más hondos resabios del pensamiento doblemoralino, hipócrita e intolerante, me gustaría ser poeta para poder dedicarle unos versos a esta ciudad deshecha gris monstruosa (como la llama José Emilio Pacheco en su poema Alta Traición). Pero no lo soy. Así que tan sólo puedo concluir que esta Ciudad me mata porque de alguna manera simboliza un poco lo que soy: saudade casi perenne, que a veces puede confundirse con apego al fatalismo, pero capaz, pese a sí misma, de trasmutar en un ánimo totalmente opuesto: un ímpetu rabioso, terco, empecinado en no dejarse vencer por calamidades de ningún tipo… sean materiales o emocionales.

Como verán no tenía nada ingenioso ni novedoso por decir (las finanzas en las que se desarrolla mi laburo envaran mis neuronas) y si encimade ello me da por añorar lo inasible y hasta tararear whish you were here: http://t.co/5QJuKVd pues ni cómo ayudarme. Decía al inicio que los viernes me gustan, pese a que en ellos no todo es belleza ni brillantez; será que como dice un twittero... hay días en que uno pareciera estar a rigurosa dieta… de ideas.




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agosto 17, 2010

la vida soñada

fotograma del film La vie rêvée des anges


Hurgar entre los cachivaches del clóset, en el sentido material y metafórico de la expresión, puede acarrear resultados muy distintos a los pensados. Ayer me sucedió. Buscaba ya no recuerdo qué y fui a reencontrarme con algo a lo que hubiera preferido no volver. Al menos no por ahora. Removía chácharas (es increíble la cantidad de cosas que uno puede acumular; yo, que desde niña tengo la costumbre de atesorar "recuerditos", algún día habré de llenarme de valor y les prenderé fuego a todos), fui a encontrarme con una antigua caja labrada. Guardar cartas y fotos en las cajas metálicas de las galletas de antaño era una costumbre de mi abuela que yo heredé… junto con sus cajas. (antiguamente las galletas tenían mejor sabor y mejores empaques; ahora vienen en cajas de lámina de lo más chafa y su sabor es ídem). Apenas abierta la caja, empezando a auscultar su contenido, frente a mí apareció esa fotografía y nada más posar mis ojos en el grupo de alumnos de 6°B de primaria, reparé en Ella, algo nada difícil pues su presencia destacaba, con mucho, por sobre el resto de escolapios. Verla ahí fue como exhumar un pedacito de mi pasado, mitad ingenuo mitad triste; regresar al tiempo en que yo anhelaba ser otra persona pensando que así mi vida sería más divertida, menos monótona y solitaria. No sé si yo sea la única que ha tenido la peregrina idea de desear -desear con toda el alma, no sólo fantasearlo- ser alguien más. No cualquier alguien, sino un alguien en específico. Muestra de inmadurez o simple ingenuidad, hubo un tiempo en el que yo creí que la vida de los demás, por el simple hecho de ser otra y no la mía, era mejor, absolutamente deseable, la vida soñada

Sucedió hace tanto y no lo olvido, tal vez porque ahora que lo evoco me parece tan pueril. Yo en verdad quería ser Ella -no como Ella-, la chica rubia de mi salón de clases de sexto año de primaria, quien en esa foto luce al centro, refulgente, opacando al resto de imberbes mocosas algo flacuchas y de baja estatura. Deseaba ser Ella. No porque fuera rubia (en este país mestizo y algo acomplejado, las mujeres a menudo buscan ocultar sus raíces étnicas bajo capas de L'Oreal, o de vil peróxido, porque piensan que eso les conferirá un mayor atractivo; tanto así que los marchantes del mercado te dicen "adiós güerita" en la creencia de que eso te hará feliz, haciéndote olvidar la tonalidad oscura de tu pelo), sino porque a mis ojos su vida lucía mejor que la mía: llena de experiencias increíbles, totalmente alejadas de las boberas que podría experimentar una niña de once años que vivía sola con su abuela, jugaba a lo que jugaban las niñas de su edad y que, por supuesto, jamás había recibido un beso -que hoy sé se llama francés- como los que la rubia recibía de su novio muchos años mayor… porque, claro, yo no tenía novio. Deseaba ser Ella, no por ser una rubia natural de grandes ojos claros, sino porque a sus casi 14 años era tan curvilínea y alta y porque además, como si semejante empaque no fuera suficiente a para intimidar a las otras niñas del grupo cuyos cuerpos carecían de todo rastro de voluptuosidad, era encantadora, siempre con una sonrisa que la hacía lucir todavía más atractiva. Al verla así de resplandeciente, mi tontos once años imaginaban que su vida era igual de resplandeciente, fantástica; la vida que yo no tenía y que,creía un sueño hecho realidad, un sueño que yo deseaba vivir por sobre todas las cosas (de ahí, seguro, mi posterior fantasía, aún más desubicada: ser una femme fatale a lo Marlene Dietrich... con todo y profesor dado a la perdición). Pero anoche, al mirar los rostros de todos esos niños, quienes por más sueños -pueriles como el mío o mejores- que albergásemos no podíamos imaginar cuál sería el derrotero de nuestras vidas, no pude menos que sentir tristeza… por Ella y un poco por mí, por haber sido tan ingenua en creer que su resplandor externo era el reflejo de una vida fantástica y el augurio de futuro deslumbrante. Y fue en recuerdo de mis infantiles sueños, que cuando años después las vueltas de la vida me llevaron a reencontrarme con la rubia de mis fantasías, el trago no pudo ser más amargo (como ya platiqué alguna vez en este post: ella). Decía Oscar Wilde cuidado con lo que desees porque se te puede conceder y hasta no hace mucho tiempo, tal máxima me parecía sólo una más de las ingeniosas frases a que era adepto el autor de El retrato de Dorian Gray, pero anoche, al verla a ella en la foto y recordar cómo la reencontré el año pasado (con la vida deshecha, diametralmente opuesta a la que yo había aventurado tendría al llegar a la adultez), pensé en la cruel paradoja encerrada en lo dicho por el gran escritor irlandés.



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agosto 14, 2010

vecinos distantes




Tengo un vecino abogado. Nada de particular habría en tener un vecino abogado, de no ser porque el hombre, a juzgar por sus maneras de conducirse, debe ser importante en su campo profesional. Vivimos en la misma calle y sin embargo, las distancias que nos separan me parecen infranqueables. A primera vista, su casa no pareciera tener nada de extraordinario: tamaño mediano circundada por barda alta pero no en demasía y pintada de discreto color beige, ventanas recubiertas con protectores de hierro similares a los de las casas vecinas. En su garaje se acomodan tres vehículos, un par de sedanes medianos y un tercero bastante más llamativo, una de esas camionetas que uno creería más apropiadas para adentrarse en alguna zona minada en Bagdad, que para circular por las concurridas calles de la ciudad de México.

Mi casa, un departamento mediano, se ubica justo frente a la casa de él, en un edificio de apenas cuatro plantas, todos los departamentos habitados, la mayoría, por jóvenes parejas que están todo el día fuera. Y hasta no hace mucho tiempo yo me sentía bien segura viviendo ahí, aún cuando sea consciente de que en la actualidad la seguridad al cien por ciento es más una aspiración que una realidad. Pero de unos meses a la fecha, he perdido esa sensación de seguridad... justo desde la llegada de mi vecino el abogado. Primero fueron los protectores de sus ventanas, que bien mirados difieren bastante de los existentes a su alrededor, pues más semejan a los barrotes de una prisión; después, fue la electrificación de su barda con su constante ruidito, como el zumbido de abeja; más tarde, el emplazamiento de un par de visores eléctricos empotrados en ambas esquinas de la primera planta; después, darme cuenta de que la camioneta con aires belicistas está recubierta de blindajes, como si el hombre temiese ser ametrallado en cualquier momento. Y como era de esperarse, la cereza en el pastel son sus cuatro escoltas, quienes no pueden disimular su condición de tal, ni tampoco hacer el menor esfuerzo por ocultar la cacha sus armas.

Sin duda mi vecino sólo busca protegerse, proveerse de los mayores medios posibles para sentirse seguro. Pero entre más parece alcanzar su objetivo y cada día estar más protegido, yo me voy sintiendo un poco más indefensa. Debe ser la paranoia de estos tiempos, pero en mi cabecita imaginativa no deja de girar la idea de que si el abogado necesita recubrir su casa con barda eléctrica, poner cámaras de vigilancia, andar en hummer blindada y tener cuatro guaruras bien armados, es porque algún (o algunos) enemigo de cuidado se ha granjeado en el ejercicio de sus funciones litigantes. Quisiera creer que todo se debe a tantas películas policiacas vistas y al sinfín de noticias violentas leídas, pero no puedo y cada mañana que lo veo salir a bordo de su camioneta, mientras en los extremos del zaguán dos de sus guaruras permanecen expectantes, como lobos o coyotes oteando el ambiente, atisbando con mirada escrutadora a quienes crucen por ahí, no puedo evitar una sensación de escalofrío de sólo imaginar que en cualquier momento, los temores que el hombre intenta mantener alejados bajo tanta capa protectora… se materialicen frente a mí...

Post Scriptum: Agosto me alcanzó en un mar de trabajo y confusión y justo hoy me toca mi publicación mensual en el blog colectivo Escribidores y literaturos. Si gustan, los invito (no sin un poco de pena por el abuso) a leer mi confusa divagación de este mes: imagen distorsionada




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agosto 11, 2010

cosas que quisiera decir




"Hay muchas cosas por decir que no sé cómo decir. Faltan las palabras. Pero me niego a inventar otras nuevas: las que existen deben decir lo que se consigue decir y lo que está prohibido". Clarice Lispector
Estoy como la escritora brasileña, tengo una mezcla desordenada, más desordenada que nunca, de ideas que quisiera verter aquí. Palabras e imágenes entrecruzadas que vienen a mí, justo cuando menos propicia me es la tarea de escribir (el intento de). Y no sólo por impedimentos de tipo técnico, como no tener a la mano un cuaderno o una computadora, o situaciones casi chuscas como que las ideas me lleguen justo cuando me encuentro bajo la regadera. A estas razones nimias, tan típicas, se suman otras de tipo laboral y temporal, que terminan por complicar mis intenciones de postear algo aquí. Dejo estas líneas a manera de saludo/explicación, esperando estar de vuelta mañana mismo. Ah, y si ya se tomaron la molestia  de llegar hasta aquí, algo interesante para leer: Fernando Pessoa hablando del tedio


"Dicen que el tedio es una enfermedad de inertes, o que ataca sólo a quienes nada tienen que hacer. Esa enfermedad del alma es sin embargo más sutil: ataca a quienes tienen disposición para ella, y perdona menos a los que trabajan, o fingen trabajar (lo que para el caso es lo mismo) que a los inertes de verdad.

Nada hay peor que el contraste entre el esplendor natural de la vida interior, con sus Indias naturales y sus países desconocidos, y la sordidez, aunque en realidad no sea sórdida, de la rutina de la vida. El tedio pesa más cuando no tiene la disculpa de la inercia. El tedio de los grandes esforzados es el peor de todos.

No es el tedio de la enfermedad del aburrimiento de no tener nada que hacer, sino la enfermedad mayor de sentirse que no vale la pena hacer nada. Y, siendo así, cuanto más hay que hacer, más tedio hay que sentir.

¡Cuántas veces levanto del libro en que estoy escribiendo y en el que trabajo la cabeza vacía de todo el mundo! Más me valdría encontrarme inerte, sin hacer nada, sin tener que hacer nada, porque ese tedio, aunque real, por lo menos lo disfrutaría. En mi tedio presente no hay reposo, ni nobleza, ni bienestar en el que haya un malestar hay un apagamiento enorme de todos los gestos hechos, no un cansancio virtual de los gestos por no hacer."


[Fernando Pessoa, Libro del desasosieg18 de agosto de 1933]








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agosto 10, 2010

instrucciones para no sufrir

Si usted pasa por un periodo de dolor post-rompimiento amoroso. O bien, si ya se encuentra instalado en esa etapa de acritud y descreimiento de todo en la que uno se jura y perjura que ni una sola vez más volverá a caer en las garras de algo tan esotérico como el amor, quizá valga la pena tomar nota de estas instrucciones.

La regla es ésta:
dar lo absolutamente imprescindible,
obtener lo más,
nunca bajar la guardia,
meter el jab a tiempo,
no ceder,
y no pelear en corto,
no entregarse en ninguna circunstancia
ni cambiar golpes con la ceja herida;
jamás decir "te amo", en serio,
al contrincante.
Es el mejor camino
para ser eternamente desgraciado
y triunfador
sin riesgos aparentes.


[Amor, Eduardo Lizalde]


Ahora que si usted es de los que cree que la herida post-rompimiento debe arder hasta extinguirse, sin alharacas pero quemando hasta el fondo, nada como un buen tango... compañero invaluable para gozar del desencanto y azotarse sin perder el estilo, algo decadente... pero estilo al fin.




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agosto 06, 2010

vida de alquiler



Conclusiones mínimas, sobre los sueños soñados y sin soñar, para una semana signada por el exceso de tareas laborales, incrementos de alquileres... y otros pesares.

1.- El que dijo que la vida la teníamos prestada, tenía razón; pero cabe la posibilidad de que sólo lo haya dicho porque jamás pagó alquiler (dichoso él).

2.- Leonardo Di Caprio (en Inception) se alquiló para personificar a un ladrón que se alquila para robar sueños y secretos de otros, lo cual no excluye que él también experimente sus propios sueños. Por el trabajito le pagaron un montón de plata, viajó en sueños y en la vida real, y tuvo el privilegio de ser dirigido por Christopher Nolan y compartir escena con un tesoro nacional francés (Marion Cotillard, según las palabras del propio actor estadounidense).

3.- Ewan McGregor se alquiló, en The ghost writer, para personificar a un joven escritor que se alquila para escribir, a riesgo de morir, la vida de otro que desearía que lo escrito cambiara su historia. Por el trabajito ganó una plata –poco si se le compara con la que ganó Di Caprio- y tuvo el privilegio de ser dirigido por Roman Polanski. Además, su personaje cristalizó en pantalla el sueño/pesadilla (según se mire) de un novel escritor: ser el 'negro' de un famoso. (yo quiero un 'negro' de esos, capaz de meterse en mi mente mientras sueño despierta, para luego trasladar esas divagaciones de mi cabecita... a un post y a este blog… sin necesidad de que yo aporree el teclado).

4.- En cuanto a mí, yo me alquilo, dice mi jefe, para hacer el trabajo que nadie soñaría hacer (es laborioso y desgastante). Por tanto, no tengo derecho a quejarme... porque... entonces ¿para qué me alquilo? (vuelve a decir mi jefe, quien es workahóliko y obsesivamente responsable; incapaz de leer ni en defensa propia, porque ello le distraería de su concentración laboral y, por si faltara, un acérrimo anti-cinéfilo a quien ver un film le provoca sueño en exceso; un sueño al que terminará sucumbiendo sin que en el trayecto logre soñar... ni un poquito).

5.- Y después de habar de cine, sueños y alquileres, en medio de la cruda realidad, siempre acabo por volver a la frase emblemática de Emilio García Riera: El cine es mejor que la vida... en él hasta la miseria humana (que es la peor de todas las miserias) se disfruta... sin importar cuánto nos duela.
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trailer de the ghost writer




imagen: fotograma de the ghost writer



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