adaptaciones

Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré de mi mundo. Me adapto a mí misma. [Anaïs Nin.]

abril 29, 2010

remedio casero


 fotograma de In the mood for love

«Como bellos cuerpos que murieron jóvenes,
encerrados con lágrimas en ricos mausoleos,
con rosas en el pelo y a los pies jazmines,
se ven los deseos que pasaron sin cumplirse,
sin que alguno de ellos hubiera alcanzado
la plenitud de una delicia sensual,
o un amanecer iluminado por la luna»
Deseos, Konstantin Kavafis

Mientras leía este poema, vino a mi mente algo que escribí aquí mismo hace unos meses: qué hacer con los deseos. Un post breve, como el de hoy, en el que hablaba de la desazón sentida ante la imposibilidad de amoldar la realidad a nuestros anhelos (visto que estos no siempre encuentran acomodo más allá de la imaginación); de lo desesperanzador que resulta quedarse con los deseos a medio alcanzar o peor aún, sin siquiera rozar su cristalización. Y de ahí en adelante, como en una cadena, un recuerdo trajo al otro, hasta llegar a un punto en el que el asunto amenazaba con volverse una sucesión de dramas y reproches por cosas que ya no tienen solución -y que tal vez jamás tuvieron esa posibilidad-. Quizá, haberme enfrascado en la escritura de una historia tantas veces vista y vuelta a ver -y no sólo por mí, quiero creer-, me habría servido como ejercicio terapéutico. Sin embargo, preferí dejar para mejor ocasión dicha terapia en pos de un viejo y conocido remedio: echar sal y limón a la herida (lo que como todo mundo sabe, es lo más indicado cuando urge cauterizar alguna supuración leve y no se tiene a la mano el remedio usual... el alcohol… de 96° y acompañado de merthiolate). Y ante la falta de limones –que tampoco tenía-, opté por una cura un tanto diferente, más grata e infinitamente menos irritante que el ácido cítrico, y no por ello menos efectiva: ver una película de amor. Pero no cualquier película de amor y menos una con happy ending, pues para los efectos del caso, ese tipo de filmes lejos de aliviar resultan más dañinos (cada quien sus métodos desde luego). Mi remedio casero fue In the mood for love -Con ánimo de amar-; sutil y exquisita como las notas desgranadas por el cello de Yo-Yo Ma. Y es que para amores que se quedaron "como bellos cuerpos que se murieron jóvenes, encerrados con lágrimas en ricos mausoleos, con rosas en el pelo y a los pies jazmines…", pocas cosas mejores que esta joyita de Wong Kar Wai.

Bien decía mi abuela: no es malo regodearse en el azote amoroso, m'hijita; lo malo es hacerlo sin gracia...

clip de in the mood for love


abril 26, 2010

ausencia de amor...

La modelo Twiggy en el Trocadero. 1967 © Gilles Caron / Fondation Gilles Caron



“In the absence of your love
and in the absence of human touch
I have decided I’m throwing my arms around
Around Paris because only stone and steel accept my love…”
[Morrissey se lamenta...]

Tantos seres humanos necesitados del contacto humano, hambrientos de amor y de amar… y el buen Morrissey no encuentra más depositario para los anhelos de su corazón… que la dama de hierro. Cuánta desazón anidará en el alma de alguien copado de amor, con ánimo de amar (Won Kar Wai dixit)... que a nadie interesa, ya no se diga que quiera aceptarlo.




NOTA sobre el autor de las imágenes que ilustran esta entrada: La fotografía que la encabeza, podría parecer frívola –no es la única de este tipo que su autor realizó-, en el contexto del trabajo desarrollado por fotógrafo Gilles Caron en los últimos tres años de su corta vida (desapareció en 1970 en Camboya, antes de cumplir 31 años, en los albores de lo que sería la República del Khmer Rojo... como tantos otros periodistas asesinados en medio de guerras, invasiones, revoluciones y demás), durante los cuales cubrió varios conflictos armados y movimientos sociales. Sin embargo, creo que aún en esta foto fashion, quedó plasmada la sensibilidad y desnudez de artificios que caracterizó buena parte de su trabajo fotográfico. Si les interesa, aquí encontrarán más de sus fotografías, así como una breve semblanza de su vida: fundación gilles caron/



¿Alguien aceptaría el amor de estos soldados? 


Soldado británico en Londonderry, Irlanda del Norte. 1969 © Gilles Caron / Fondation Gilles Caron

Soldado estadounidense en Vietnam. 1967 © Gilles Caron / Fondation Gilles Caron


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abril 25, 2010

el premio nobel... ya no por favor

Internet es al mismo tiempo la cámara de los horrores y el Retablo de las Maravillas
José Emilio Pacheco

En el Día de la rosa y el libro, como a mí las rosas -en especial las rojas- no me emocionan gran cosa, nomás me quedé con los libros. Y no porque haya sido su día ni porque se mire interesante y otorgue un aire de intelectual región 4, decir que uno es lector furibundo desde antes de gatear, como bien dice Mafalda, sino por puro gusto. Esto, debo remarcarlo, no significa que el festejo librero me desagrade como sí me pasa con otras celebraciones de las que ya he despotricado con singular afán en este blog y cuyos nombres no voy a mencionar (para ahorrarme algunas maltratadas, je). Pero si hablamos de libros, habrá que mencionar a los que los hacen… los escritores. Y también (y no porque sea fundamental, sino porque para bien y para mal es parte de), hablar de premios, premiados, no-premiados o vueltos a premiar... con o sin merecimientos, que de todo hay y siempre habrá quienes no compartan los criterios de los jurados y académicos que los otorgan, y lo mismo en los ámbitos locales o editoriales, que en lo concerniente al mayor premio literario del planeta, el Nobel de Literatura (y el de La Paz, ya ven cómo le fue al premiado Mr. Obama, cuando defendió a la guerra como medio para alcanzar la paz). Pero en el Nobel Literario no todo es polémica, reflectores, solemnidad monárquica ni trajes de gala... también hay diversión y anti-solemnidad, como la que me encontré en la Revista de la Universidad: Unas prosas casi profanas salidas de la pluma del escritor Hernán Lavín Cerda, cuatro en total, de las que por razones obvias sólo extraigo su divertida carta de no aceptación a un Segundo Premio Nobel de Literatura, y no sin antes mencionar que sus casi-profanas letras incluyen una emotiva, pero sin gota de melcocha, Metamorfosis de Roberto Bolaño:

¿Otra vez el Premio Nobel?
«Discúlpenme, pero no quisiera recibir el Premio Nobel por
segunda vez. Pienso que sería muy peligroso para mi pobre
y a veces lúcida inteligencia emocional. Mi estilo perdería
su equilibrio tan lógico desde la cuna, sí, desde siempre,
y yo acabaría por perder no sólo el estilo que aún me
caracteriza, sino además esa tranquilidad privada y pública.
Como ustedes saben, yo soy gnóstico de ficción, aunque
gnóstico al fin. Medio conceptista y sorpresivamente
barroco por si las pulgas o las moscas, esas criaturas celestiales
que también obedecen al Destino y son muy trascendentes,
aun cuando los miembros de la Academia Sueca no
lo vean así, de ese modo, y estimen que ideológica o artísticamente
no es posible comparar a las moscas con las pulgas.
Sea como fuese, no quisiera irme por las ramas o en puro vicio
verbal, como gritaba Enrique Lihn jalándome las orejas.
Discúlpenme, señores del jurado, pero no me gustaría
recibir el Premio Nobel en segundas nupcias. El
haberlo recibido una vez, basta y sobra en demasía, para
decirlo al estilo de don Miguel de Cervantes Saavedra,
el de Alcalá de Henares, abuelo y nieto de Sancho Panza
simultáneamente. Se los agradezco en el alma, pero no
me hagan sufrir como si yo fuera un católico delirante
o un musulmán endemoniado. Si me otorgan el Nobel
por segunda vez, sin duda que sería una muestra de crueldad
insoportable. Hemos sufrido mucho desde la primera
noche del Génesis, con algo de júbilo y entusiasmo.
¿Me creen? ¿Por qué se burlan de mí? ¿Ya no me creen?
No me obliguen a felicitarlos públicamente, sacándoles
la lengua desde la torre más alta del Castillo de Chapultepec,
al mediodía, y con la mejor intención del mundo
»
Hernán Lavín Cerda

Una breve semblanza sobre Hernán Lavín Cerda

 

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abril 23, 2010

ofelia a seis manos*

Ophelia de Georg Pauli (1891)

Días antes de recibir el Premio Cervantes (entregado hoy 23 de abril, Día Internacional del Libro y aniversario luctuoso de Miguel de Cervantes y William Shakespeare), el poeta mexicano José Emilio Pacheco ofreció una conferencia de prensa en la que habló de varios tópicos relacionados con el  quehacer poético. Entre otros, se refirió a lo que él considera el absoluto misterio que anima a la poesía... en tiempos como los nuestros. Aunque, continuó, no es difícil aventurar que quienes persisten en su escritura -cuando todo parece apuntar en su contra- vean en ello una rebeldía, un acto de legítima defensa. Y justo después de esto, recordó la antigua cita de origen griego que aparece aquí abajo, a partir de la cual surgió esta divagación sobre la desdichada Ofelia shakesperiana, un lienzo -en realidad más de uno- inspirado en ella y por si faltara, un poema inspirado ambos: Ofelia a seis manos (* sin considerar a W. Shakespeare).


«La pintura es poesía silenciosa, la poesía es pintura que habla»

El lienzo idóneo para ilustrar esta entrada es la Ophelia de John Everett Millais; pero por alguna razón desconocida es esta Ophelia de Georg Pauli, tan etérea y pálida, la que me gusta para acompañar el poema de Arthur Rimbaud (no obstante que sus versos parecieran brotar del lienzo de Millais). Y es que al ver la Ophelia de Pauli y leer/escuchar la Ophèlie de Rimbaud, no puedo evitar fantasear que fueron los versos del poeta los que inspiraron al pintor sueco Georg Pauli (el poema es de 1870 -aprox.-). Desde luego, sólo es una mera especulación de la que esto escribe.

En general la poesía en voz alta, declamada, no es mi fascinación; todo lo contrario de hecho. Mi no-gusto en gran medida se debe a la tonalidad un tanto artificiosa que suele acompañar dicha práctica y que en mucho me recuerda mis días de escolapia primaria, cuando –como una maldición- a menudo era la seleccionada para declamar frente a todo el alumnado los poemas patrios o, peor aún, las odas a la madre acostumbradas cada 10 de mayo… una verdadera tortura, que mis tímidos diez años encaraban con algo parecido al estoicismo. Claro que no toda la poesía en voz alta es así de untuosa. Un ejemplo es esta lectura poética -el video dura dos minutos y medio- que lejos de sonar engolada o grandilocuente, transmite una serenidad muy a tono con la melancolía y delicadeza de los versos que Rimbaud dedicó a Ofelia. Como complemento, el poema en su idioma original y una de sus traducciones al español (aunque hay quienes opinan que la poesía no debería traducirse). Ah... y por favor no vayan a creer que todo este rollo ha sido sólo un pretexto para postear es el video de "animación poética", jeje.
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Ophélie de Arthur Rimbaud [lector: Augustin Brunault. fuente: poetryanimation]
http://www.youtube.com/watch?v=db1gctCmkXU


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I
Sur l’onde calme et noire où dorment les étoiles
La blanche Ophélia flotte comme un grand lys,
Flotte très lentement, couchée en ses longs voiles…
- On entend dans les bois lointains des hallalis.
Voici plus de mille ans que la triste Ophélie
Passe, fantôme blanc, sur le long fleuve noir
Voici plus de mille ans que sa douce folie
Murmure sa romance à la brise du soir
Le vent baise ses seins et déploie en corolle
Ses grands voiles bercés mollement par les eaux;
Les saules frissonnants pleurent sur son épaule,
Sur son grand front rêveur s’inclinent les roseaux.
Les nénuphars froissés soupirent autour d’elle;
Elle éveille parfois, dans un aune qui dort,
Quelque nid, d’où s’échappe un petit frisson d’aile:
- Un chant mystérieux tombe des astres d’or

II
O pâle Ophélia ! belle comme la neige !
Oui tu mourus, enfant, par un fleuve emporté !
C’est que les vents tombant des grand monts de Norvège
T’avaient parlé tout bas de l’âpre liberté;
C’est qu’un souffle, tordant ta grande chevelure,
À ton esprit rêveur portait d’étranges bruits,
Que ton cœur écoutait le chant de la Nature
Dans les plaintes de l’arbre et les soupirs des nuits;
C’est que la voix des mers folles, immense râle,
Brisait ton sein d’enfant, trop humain et trop doux;
C’est qu’un matin d’avril, un beau cavalier pâle,
Un pauvre fou, s’assit muet à tes genoux !
Ciel ! Amour ! Liberté ! Quel rêve, ô pauvre Folle !
Tu te fondais à lui comme une neige au feu:
Tes grandes visions étranglaient ta parole

III
- Et le Poète dit qu’aux rayons des étoiles
Tu viens chercher, la nuit, les fleurs que tu cueillis;
Et qu’il a vu sur l’eau, couchée en ses longs voiles,
La blanche Ophélia flotter, comme un grand lys.

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I
En la onda calma y negra donde duermen las estrellas
la blanca Ofelia flota como un gran lirio,
flota tan lentamente, recostada en sus largos velos...
-Escuchamos en el lejano bosque, el acoso de la muerte.
Hace ya miles de años que la triste Ofelia
pasa, fantasma blanco, por el gran río negro,
más de mil años ya que su dulce locura
murmura su balada a la brisa de la noche.
El viento acaricia sus senos y despliega en corola
sus grandes velos acunados tiernamente por las aguas;
los sauces temblorosos lloran en su espalda,
y sobre su frente soñadora, se inclinan los juncos.
Los rizados nenúfares suspiran a su lado,
mientras ella despierta, en el dormido aliso,
de un nido surge un pequeño estremecimiento de alas:
-Un canto misterioso que cae de los astros dorados.

II
¡Oh pálida Ofelia, bella como la nieve,
muerta cuando eras niña, llevada por el río!
Y es que los fríos vientos que caen de Noruega
te habían susurrado la adusta libertad.
Y es que un arcano soplo, al blandir tu melena,
en tu mente traspuesta metió voces extrañas;
y es que tu corazón escuchaba el lamento
de la Naturaleza –son de árboles y noches.
Y es que la voz del mar, como inmenso jadeo
rompió tu corazón manso y tierno de niña;
y es que un día de abril, un bello infante pálido,
un loco misterioso, a tus pies se sentó.
Cielo, Amor, Libertad: ¡qué sueño, oh pobre Loca!
Te fundías en él como nieve en el fuego;
tus visiones, enormes, ahogaban tu palabra.
–Y el terrible Infinito espantó tu ojo azul.

III
Y el poeta dice que en la noche estrellada
vienes a buscar las flores que tu cortaste,
y que él ha visto sobre el agua, recostada en sus velos,
a la blanca Ofelia flotar, como un gran lirio...


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ADENDA. Ella no fue famosa como Ophelia shakesperiana; tampoco, que yo sepa, motivó delicados versos como los de Arthur Rimbaud; no obstante, ella también inspiró un hermoso lienzo. Si bien La Jeune Martyre realizada por Paul Delaroche hacia 1855 no es tan célebre como la pintura de John Evertt Millais, como bien apuntó Berna en su comentario, guarda cierta similitud tanto con la obra del inglés como la de Georj Pauli. Ello sin importar lo opuesto de los motivos que llevaron a la muerte a ambas heroínas: suicido y ejecución. En tanto las Ofelias de Millais y de Pauli, semejan flotar mientras duermen plácidamente acunadas por las ondas del río -como dicen los versos de Rimbaud-, La Joven Mártir de De la Roche refleja, aunque sin exceso de dramatismo, el sufrimiento y la humillación de una muerte infringida como castigo -al parecer- a sus creencias religiosas, y sin embargo, de su imagen sin vida pareciera emanar una suave dulzura.

 La Jeune Martyre, Paul Delaroche (1855, Musée du Lovre)


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abril 20, 2010

ensueño


A Lucero le había bastado conversar una hora con Julio, para saber que él era el "hombre de su vida", el indicado para hacer realidad su mayor anhelo infantil-adolescente-adulto: casarse por la iglesia con el vestido de su abuela y vivir feliz por siempre en una casa de ensueño. Y mujer de carácter y decisiones, con el mismo empeño que ponía en su desarrollo profesional hacia ello se encaminó. Iniciar una relación con Julio resultó muy sencillo, más de lo que ella misma imaginó; tal parecía que él también estaba a la espera de su "media naranja". De que el amor transforma a las personas no hay duda, pero lo que pasó con Lucero resultó más que sorprendente, increíble: mucho antes de un año de noviazgo, poco quedaba de la chica melindrosa, consentida y negada para las típicas labores domésticas que había crecido como la niña de los ojos de papá. A tal punto fue su transformación, que desecho los requisitos que antes consideró fundamentales para establecer una buena relación: ya no reclamaba las constantes impuntualidades de él; tampoco objetaba que no conforme con ser aficionado al futbol, su equipo favorito fuera el América (sólo había algo que Lucero detestaba más que el futbol… el equipo América). Y sin embargo, pese al futbol y otras "cositas" de Julito, su relación avanzaba. Al mes de salir juntos, y so pretexto de los largos traslados de él que vivía en el extremo opuesto de la ciudad, Julito terminó instalado en el departamento de ella. Una pareja ideal, pues ambos respetaban la individualidad y libertad de movimientos del otro. Ella se desempeñaba -de 8:30 a 17:30 hrs- como Ejecutiva Junior en una importante institución financiera. Por su parte, Julio se dedicaba al negocio de las importaciones sin patrón fijo, lo cual le dejaba mucho tiempo libre y salvo sus idas mensuales a las oficinas de carga de Lufthansa -en donde tenía una amiga que le ayudaba a agilizar los trámites- para recoger la mercancía de su negocio y luego entregarla en la boutique de su propiedad, atendida por su madre, el resto del tiempo lo pasaba en casa de Lucero. Era el hombre ideal, nada de parrandas con los amigos. A él le gustaba el hogar y si no estaba ejercitándose en el Gym instalado dentro del condominio, estaba en casa entretenido en llamadas de negocios, viendo el canal de Fox-Sport o supervisando a la señora que cada tercer día llegaba para limpiar, hacer la comida, lavar y planchar la ropa… menos las camisas de algodón de Julito pues él prefería que lo hiciera Lucero. Para ello habían comprado una moderna plancha alemana y ella, quién lo hubiera creído, casi parecía disfrutar cuando dos veces por semana, nada más regresar de la oficina, se despojaba de su atuendo de ejecutiva para dedicarse a planchar, con una paciencia inimaginable, las arrugadas camisas de su amado. Mientras él, considerado como era, para no distraerla se dedicaba a ver Fox-Sport, dormir la siesta o hacer ejercicio… y nada parecía enturbiar esa perfecta armonía. Pero fuera del hogar dulce hogar, la concordia conyugal no a todos convencía; no obstante, tanto el padre de ella como su mejor amiga habían optado por callarse sus suspicacias. Él porque no deseaba parecer un entrometido y ella para no quedar como una envidiosa de la dicha ajena. Y es que aún cuando la relación parecía funcionar como un idílico matrimonio… sin casorio oficial pero con todos los demás ingredientes de la vida marital, incluida la plancha de vapor. Lo que motivaba las dudas era justo tan cuidada armonía, esa imagen de amorosa pareja, sin una sola discusión o desacuerdo, como lista para adornar las páginas de alguna revista del corazón.

Aún así, nadie lo vio venir. Fue tan inesperado como sorprendente. Aquella tarde Lucero llegó a casa a la hora que siempre y al no encontrar a Julio, supuso que estaría en la boutique con su madre y como se sentía algo tensa decidió dejar la planchada para más tarde y, tras ponerse ropa deportiva, se dirigió al Gimnasio que a esta hora estará casi vacío. Y en efecto, así era. En el local sólo había dos personas: de espaldas a la puerta, estaba el guapo vecino del cuarto piso –un hombre cuya única ocupación en la vida parecía ser el desarrollo de sus fabulosos bíceps, tríceps y demás protuberancias musculares de nombre parecido-, y que en ese preciso momento se encontraba absorto con la vista fija en alguien frente a él, con quien hablaba en susurros. Casi lo cubría por completo con su portentoso cuerpo, por lo que apenas eran visibles sus dedos deslizándose lentamente, presas de un anhelante deleite, sobre los impresionantes músculos de su interlocutor, con la ansiedad propia de quien saborea por anticipado el manjar que pronto devorará. Y ese ansioso alguien no era otro que Julio… su Julito, quien de tan embelesado que estaba con el vecino, ni notó la presencia de Lucero y ella, estupefacta y un poco ruborizada por haber presenciado en tan íntima escena, salió del Gym sin hacer ruido y así siguió, caminado como si volara para no hacer ruido, hasta llegar su departamento desde donde llamó por teléfono a su mejor amiga para contarle, casi sin respirar, lo que acababa de ver y, sobre todo, sentir en el gimnasio. Al otro lado de la línea telefónica, punto menos que muda por la impresión, su amiga sólo atinó a decirle:

"Ay, Lucero y yo que me sentía avergonzada por ser tan malpensada y creer que Julio tenía un affaire con la empleada de Lufthansa…"



La mécanique du cœur, portada del CD homónimo del grupo Dionysos, elaborada por el artista gráfico (y filósofo) Joann Sfar - © Más de su obra, aquí:  le petit monde Joann Sfar/

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abril 17, 2010

deshoras


como de lienzo del Dr. Atl, (erupción volcánica en Islandia (foto: AP)

Es un día como cualquiera y no. Caluroso y medio nublado; tan aflictivo y falto de encanto que hasta el viento decidió huir en busca de mejores lares hacia donde soplar. Un día que recuerda al sabor, aroma, tonalidad y sonido de los días adolescentes, cuando cuestionarse sin encontrar respuestas y sentirse un outsider (y no por encarnar una postura alternativa o independiente, precisamente) era, más que entendible, esperable… punto menos que necesario. Pero no. Lejos quedan esos días; ahora, el mundo no podría estar más digitalizado, facebookeado, twitteado, blogueado, photoshopeado, youtubeado... et ál. Y en un mundo así, sentirse un outsider y descubrirse tan harto de preguntas como falto de respuestas -sobre todo, si ya no se es un adolescente- no es ni cool, mothern o chic, y sí la antítesis del pragmatismo tan en boga, el cual –dicen- resulta indispensable para poder sobrevivir... en estos tiempos... y en los otros.

Y mientras las preguntas discurren y la ausencia de sus posibles respuestas se deja sentir, habrá que dejarse abrazar por la poesía, refugiarse en su abrazo. Dejarse llevar, imaginando el sonido de las hojas secas al caer una tarde de fuerte viento otoñal... las hojas que caen como -en algún momento de nuestra vida- caemos todos… (al decir de Rilke).

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«El abrazo poético
como el abrazo carnal
mientras duran
prohíben caer
en la miseria del mundo.
Caen los muros de la prisión mental; espacio y tiempo se abrazan, se entretejen y despliegan a nuestros pies una alfombra viviente, una vegetación que nos cubre con sus mil manos de hierba, que nos desnuda con sus mil ojos de agua.
A veces,
por un instante
duramente arrebatado al tiempo
cesa la pesadilla.
La poesía y el amor le revelan la existencia de ese alto lugar...»
[Octavio Paz]
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«Las hojas caen como si se marchitaran
en los lejanos jardines del cielo:
caen haciendo un ademán de negación.
Y en las noches cae la grávida tierra
fuera de todas las estrellas, en la soledad.
Todos caemos. Esta mano cae.
Y mira a los otros: la caída está en todos.
Y sin embargo, hay uno
que recoge suavemente, sin fin, todas esas caídas
en sus manos»

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 nada que ver, pero este video de Dionysos, parte del cd la  mécanique  du  coeur, es encantador


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abril 13, 2010

señales divinas

Paul Delvaux, Toutes les lumières

Ella siempre había creído en las señales, las consideraba de importancia vital cuando de tomar una decisión dudosa o conflictiva se trataba. Por ejemplo, una invitación masculina, después de tanto tiempo de no salir con nadie, inevitablemente le generaba cierto desasosiego, por lo que ella necesitaba de una señal -a favor o en contra- antes de decidirse. En otros temas, si algo no le latía prefería dejarlo para mejor momento, cuando las dudas no la abrumaran. Claro que a veces se equivocaba y veía señales -para bien y para mal- donde no las había. El costo del aprendizaje, se consolaba. En la actualidad, sin que sonara a presunción, podía afirmar que después de tanto ensayo y error, su percepción instintiva era más aguzada y ya casi nunca fallaba en la lectura de señales… tal como ocurría esa noche.

Tras meses de resistirse a la idea de invitar a Sebastián a cenar a su casa, al fin se había animado a hacerlo y sin que mediara presión o insinuación de parte de él. Había sido ella quien, ante su invitación para salir a bailar el sábado siguiente, le había sugerido mejor cenar en su casa, propuesta que él aceptó encantado. Llegado el sábado las señales que auguraban una buena noche, fueron sucediéndose una tras otra; todo marchó sin tropiezos en preparación de una noche especial, en la que por primera vez desde la muerte de su marido un hombre pasaría la noche con ella. La hora de la cita había llegado: a las ocho de la noche en punto Sebastián tocó el timbre; ser puntual pese a la lluvia y a lo lejos que ella vivía, no podía ser más que buena señal. Y de ahí en adelante la velada transcurrió como si a un guión respondiera: desde las flores que él le llevó (tulipanes rosas, sus favoritas) hasta el placer y buen humor con que se desarrolló la cena; tan bien fue todo, que ni cuando la energía eléctrica se suspendió intempestivamente –el torrencial aguacero no cesaba-, se sintió incómoda; al contrario, ahora podría encender sus velas de canela que de otra forma le habrían parecido un recurso demasiado trillado, pero que ahora, gracias a la ineficacia de la Comisión Federal de Electricidad, eran una salida obligada que añadía un toque de romanticismo casual. Una vez terminado el expresso preparado a la antigua –en estufa-, él le insistió en bailar y a falta de fondo musical -otra señal- él le susurró al oído una romántica canción. Las cosas no podían estar saliendo mejor y cuando, después de un cadencioso y perturbador baile, él sugirió quedarse ahí pues la lluvia no tenía para cuando parar, ni la energía eléctrica trazas de restablecerse, ella asintió temblorosa.

Dando traspiés por estar más ocupados en besarse que en mirar los escalones, lograron llegar a la planta alta; entonces, ella se separó de él y le preguntó si no le incomodaba pasar la noche en la cama donde su difunto esposo había muerto dos años atrás, misma que ella no había vuelto a utilizar desde entonces. Él no pareció incomodarse en lo más mínimo… otra buena señal, se dijo ella. El rito amatorio se desarrollaba mejor de lo que hubiera creído, tras dos años de duelo y celibato. La pasión se acrecentaba y nada parecía perturbarles, ni las descargas eléctricas del cielo y menos los estruendosos chirridos emitidos por la antigua cama en la que se amaban (había pertenecido a la abuela del marido), los cuales él atribuía a sus múltiples habilidades amatorias y ella los tomaba como una señal divina: desde el cielo su difunto marido saludaba la reencontrada dicha amorosa de su joven viuda. Todo se hubieran imaginado ambos, menos que ante tanto fragor pasional, la vieja cama terminaría por ceder, desvencijándose por completo… justo en el momento culminante. Buena señal… sin duda.

"Finalmente aprendí
a leer la viva
constelación de las mujeres
y de los hombres, las líneas
destinadas a unirles las figuras.
Y ahora me doy cuenta de los signos
que amarran el desorden de los cielos,
y en esta bóveda dibujada por el pensamiento
distingo la silenciosa rotación de la luz.
Esta es mi nocturna
partida de ajedrez.
Pero juego solo y apunto con minucia
la oscilación de los signos.
Así se cierra el día
mientras paseo
en el silencioso huerto de las miradas."
          [Valerio Magrelli]    


ADENDA Más poemas de Valerio Magrelli y de otros poetas italianos (y  más), aquí





 

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abril 11, 2010

el universo del amor


"Reconozco que la razón se confunde frente al prodigio del amor, frente a esa extraña obsesión por la cual la carne, que tan poco nos preocupa cuando compone nuestro propio cuerpo, y que sólo nos mueve a lavarla, a alimentarla y llegado el caso, a evitar que sufra, puede llegar a inspirarnos un deseo tan apasionado de caricias, simplemente porque está animada por una individualidad diferente de la nuestra y porque presenta ciertos lineamientos de belleza sobre los cuales, por lo demás, los mejores jueces no se han puesto de acuerdo. Aquí la lógica humana se queda corta, como en las revelaciones de los Misterios. Y no se ha engañado la tradición popular que siempre vio en el amor una forma de iniciación, uno de los puntos de contacto de lo secreto y lo sagrado. La experiencia sensual se asemeja además de los Misterios en que la primera aproximación produce en el no iniciado el efecto de un rito más o menos aterrador, escandalosamente alejado de las funciones familiares del sueño, del beber y del comer, objeto de bromas, de vergüenza o de terror. Al igual que la danza de las ménades o el delirio de los coribantes, nuestro amor nos arrastra a un universo diferente" Fragmento de Memorias de Adriano. Marguerite Yourcenar


NOTA: entrada de prueba


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abril 09, 2010

realidad alterna

imagen: Ray Caesar french kiss jonathanlevinegallery


"No importa la noche. El cuadrado del cielo
me susurra todos los fragores y una estrella pequeña
se debate en el vacío, lejana de los alimentos,
de las casas, distinta. No se basta a sí misma,
necesita demasiadas compañeras
Aquí, en la oscuridad, solo
mi cuerpo está tranquilo y se siente señor
Cesare Pavese, Manía de soledad (fragmento)

Él dice que ama la soledad; que se siente más y mejor, dueño de sí mismo, sin nadie a su lado; mientras que arriba en el cielo, por más brillantes y grandes que sean, las estrellas no pueden consigo a solas, necesitan de otras, las necesitan demasiado. Y lo dice -aventuro yo- más para convencerse él, que para convencer a otros. Así pasa; nos decimos cosas que no pocas veces contradicen los hechos; nos auto-terapeamos hasta que de tanto repetírnoslo nos lo creemos; sin importar que tal vez sólo sea una forma de cerrarle (intentarlo) el paso a la verdad amarga e incontestable y a sabiendas de que, a querer o no, uno termina por vivir en una realidad alterna.

A veces he pensado exactamente lo mismo que Pavese, pero sólo ha sido temporal, no como un credo de vida. No obstante, buena parte del tiempo siento que yo también habito en una realidad alterna. No tanto por gusto o deseo de autoengaño, sino por necesidad y, en ocasiones, hasta a causa de la imposición. Sobre todo en el ámbito laboral. Dice el lugar común que el trabajo enaltece al hombre. Mi Jefe debe suscribir letra por letra tal dicho, pues pareciera enfocado en ayudarme a conseguirlo. Los días transcurren y ante mí, en la bandeja de mi correo electrónico y sobre mi mesa de trabajo, los elementos para apuntalar mi "enaltecimiento" se acumulan sin pausa ni medida… mientras yo, por momentos, preferiría emprender un camino tan distinto, por no decir opuesto, al de la pretendida glorificación que el trabajo promete.

Y en medio de mi andar en pos de la gloria laboral, este día ha llegado mi turno mensual en el blog colectivo de escribidores y literaturos/, por lo que, a falta de agente, yo solita me publicito, por si alguien desea leerme allá: recuento de tu ausencia

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Post Scriptum 1 Y este post fue un post nimio, como dictado por un fantasma (el mío, cuál más), entre desvelos, sueños sin dormir, ausencias dolientes, viajes en la memoria, falta de energía eléctrica y harto ímpetu glorificador que impera en mi labuoro...

Post Scriptum 2 Quería subir este video; me encanta la canción y la estética del video, pero en youtube desactivaron la inserción directa, así que hay que seguir el link que aparece bajo la imagen:
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Ya lo encontré en otro sitio; quizá este tipo  de animación les parezca naïf, pero a mí me encanta...



Etienne Daho - Retour a toi
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abril 05, 2010

confesiones conflictivas

Nicolas Le Riche, fotografiado por Anne Deniau

Alguna vez comentaba aquí, que pese a haber crecido en una familia católica nunca me he confesado; de hecho, debo ser la única de mi familia que jamás ha contado sus pecados en espera de que el sacerdote le deje alguna penitencia, leve, para redimirlos. Y si bien, hasta el día de hoy, esta omisión no me preocupa desde el punto de vista religioso; ello no resta ni un ápice de mi consideración hacia el desahogo de pesares y desasosiegos, como mecanismo de alivio -al alma o como se le quiera llamar. Y sucede que ayer, mientras leía un libro ajeno a la espiritualidad y religión, reencontré un poema de Géraldy que hacía años no leía –el que aparece al final de esta entrada- y por alguna extraña asociación su relectura me llevó a pensar en mi no-experiencia confesional y ya entrados en tema, hasta intentar ensayar mi listado de pecados urgidos de confesión. Y no pude; fui incapaz de determinar cuántas de las faltas y omisiones que a diario cometo, son lo suficientemente fuertes para ser consideradas pecados –quizá tan sólo al decir esto, ya cometo pecado de soberbia-. Ni siquiera con la ayuda del listado de pecados capitales reforzados, dado a conocer en 2008 por el Vaticano, cuando dicha Institución consideró que la las nuevas formas del comportamiento humano ameritaban nuevos lineamientos. Una adenda de pecados más mundanos, en la que cupo de todo, desde partners de la avaricia (contribuir a incrementar la brecha entre ricos y pobres, poseer riqueza excesiva y generar pobreza -seguro los jerarcas del FMI y el Banco Mundial, y los ricos de Forbes, padecen insomnio al saberse en pecado mortal-); pasando por el narcotráfico y la drogadicción y, but of course, los experimentos científicos de dudosa moralidad (la investigación con células madre) y las violaciones bioéticas (anticonceptivos, interrupción voluntaria del embarazo y píldora del día siguiente), hasta llegar a la contaminación ambiental. De todo cupo en la aderezada viña del pecado, menos la pederastia bajo las sotanas… que la moral será doble o no será. Pero ni así fui capaz de encontrarme acomodo. Es decir, como encajar, y en más de un pecado, seguro que sí; pero a estas alturas de la vida o me he vuelto una completa cínica o una supina insensata… o ambas cosas, porque pecadora, lo que se dice pecadora como para darme de golpes de pecho e implorarle a un sacerdote que me imponga penitencia y luego me absuelva, no logro sentirme (repito, lo imperdonable debe ser mi soberbia) y eso sí me preocupa… un poquito.

Para ser honesta, más que una confesión basada en las leyes divinas, lo que me gustaría firmar algún día sería una confesión como la de Géraldy. Decir que yo también suelo ser irritable, celosa, imperativa, desesperada, berrinchuda, intensa y apasionada en exceso. Confesar que en los últimos tiempos, mi corazón deambula de vaivén en vaivén porque yo me enamoro casi a diario de alguien diferente y, a veces, hasta con cierta intensidad. Que no dudo, ni tantito, de la veracidad de mis emociones y sentimientos, aunque estos me duren poco o, peor aún, se me junten con otros de igual intensidad. Porque si de experimentos no-científicos de dudosa moralidad se trata, he descubierto que aún siendo la orgullosa poseedora de un corazón de pollo -dado su irritante y nada práctico nivel de sensibilidad y fragilidad-, el mío es más grande de lo que tal término figurativo indicaría, pues con asombro he comprobado que en él tienen armoniosa cabida toda clase, cantidad y calidad de amores a un mismo tiempo y sin el menor conflicto. Claro que, como es de suponer, a veces me confundo un poquito con tantos amores, pero tampoco me inquieto mucho, porque, eso sí… infiel... a nadie le soy…


"Sé que soy irritable, celoso, imperativo,
infeliz, exigente, que razones no escucho;
que siempre estoy buscándote querellas sin motivo;
¡y crees que no te quiero... y es que te quiero mucho!

Te busco, te regaño, y hago tu vida triste…
Serías más dichosa, por todos consentida,
si para mí no fueras cuanto en el mundo existe,
y si este amor no fuera todo el bien de mi vida.

¡Si tú me amaras, y si yo te amara,
cuánto te amaría!"

[Paul Géraldy, Confesión]


 


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abril 03, 2010

la vuelta al mundo en ochenta minutos

«un minimum d’explication, un minimum d’anecdotes, et un maximum de sensations»
Maurice Béjart sobre el ballet

[Advertencia: post que refleja parte de los caprichosos gustos -no sé si culposos- de la anfitriona de este blog]. Durante mucho tiempo el ballet estuvo rodeado de un aura de esnobismo; confinado a los escenarios ostentosos, a los que sólo podían asistir los privilegiados habituées siempre vestidos como para un casting de Le charme discret de la burgeoisie (frase robada a Juan Villoro). Afortunadamente, el ballet es mucho más esa estereotipada imagen y puede servir para algo más que sacar a airear las pieles y las perlas. Por ejemplo, despertar la imaginación de una niña solitaria quien lo descubrió una noche de insomnio en un canal cultural televisivo y quedó extasiada ante la visión de ese espectáculo mágico, etéreo y, al mismo tiempo, pleno de energía. Pero esa niña, que nunca ha sido ni será candidata al casting del Discreto encanto de la burguesía, llegó a pensar -ustedes perdonarán el barbarismo- que el ballet era a Rusia lo que el tequila a México: un producto con denominación de origen. O sea, Ballet con mayúsculas sólo podían serlo el de San Petersburgo y el Bolshoi… el resto serían cualquier cosa… menos un Ballet comme il faut. Y con esa peregrina idea creció, hasta que un buen día, cuando cursaba el primer año de bachillerato, la fortuna la puso delante de un espectáculo dancístico basado en una coreografía de Maurice Béjart y entonces... esa adolescente supo cuán profundo era el mar de su ignorancia.

Cuentan los expertos que gracias a Maurice Béjart la danza devino en un espectáculo ecléctico y moderno, sin que ello significara perder su status artístico; que gracias al coreógrafo francés el ballet pudo ser apreciado por un público, si no masivo, sí bastante más amplio que aquel reducido grupo des habituées de L'Opéra Garnier. Evidentemente, su innovador estilo dancístico no es para todos los gustos. Imagino que cuando a finales de los años cincuenta del siglo pasado, Béjart se atrevió a desacralizar La Consagración de la primavera, despojándola de vuelos y tutús para presentarla en su más pura, sensual y rabiosa modernidad, más de una ceja se levantó en señal desaprobatoria (aunque tal vez, desde el cielo, donde debe hallarse, el gran innovador Igor Stravinsky... le aplaudió). Siempre habrá quienes prefieran el ballet clásico (yo misma he escrito sin pudor alguno sobre mi amor incondicional hacia Rudolf Nureyev); pero esto no obsta para dejarse sorprender y, ¿por qué no?, seducir por otras caras del ballet. Lo clásico permanecerá, cierto, pero el mundo también evoluciona... para bien y para mal, y entre Vaclav Nijinsky y los ballets de Maurice Béjart han transcurrido muchos años y acontecido decenas de sucesos políticos y sociales que contribuyeron a reconfigurar el panorama cultural de la humanidad… para bien y para mal.

Algunos ejemplos de la obra coreográfica de Maurice Béjart, por si les apetece ver ballet: un extracto de Le Sacre du printemps con el Ballet Béjart, el segmento final del Bolereo de Ravel o qué tal una probadita de su vibrante obra póstuma Le tour du monde en 80 minutes, interpretada por el Béjart Ballet de Lausanne (video de ocho minutos; sé que resulta enfadoso ver videos tan largos, pero creo que vale la pena) y si nada de esto les llama la atención... un clip de ballet más tradicional.

extracto de Le Sacre du printemps con el Ballet Béjart (2005)

(pareja: Julien Favreau et Kateryna Shalkina)


(no es jorge donn, pero la interpretación es magnífica) el bolero de ravel


una probadita de la la vuelta al mundo en 80 minutos


Pero si la danza al estilo Béjart no es lo suyo, un momento de ballet tradicional... tan tradicional como puede ser Nicolas Le Riche (el mismo intérprete de el pájaro de fuego)

nicolas le riche en la suite en blanc de la mazurca de serge lifar (2006)

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Nicolas Le Riche
 
Aurélie Dupont y Nicolas Le Riche en Siddharta; coreografía de Angelin Preljocaj (Opera Nacional de París, marzo 2010) 



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