adaptaciones

Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré de mi mundo. Me adapto a mí misma. [Anaïs Nin.]

marzo 30, 2010

pasiones y arrebatos


Durante la adolescencia tenía la peregrina idea de que los "notables" -grandes escritores, poetas, filósofos, estrategas militares, historiadores, científicos, etc.-, a la hora de enamorarse, aún siendo presas de la más ardorosa pasión, eran inmunes al romanticismo que nos es común al resto de los seres humanos, ese que oscila entre la cursilería sin tapujos y el empalague absoluto; tontamente creía que ellos, "los notables", eran dueños de un algo especial que los mantenía a salvo de ciertos ataques de amor más propios de adolescentes primerizos. Obvio, vivía en el error y con el tiempo, como me pasó con tantas cosas, dejé de creer semejante absurdo. Ahora, después de leer Breve tratado de la pasión (libro integrado por cien textos -entre cartas y poemas- seleccionados y compilados por el escritor y editor Alberto Manguel, escritos al calor de la pasión amorosa o el dolor de la ausencia, por personajes tan disímbolos como Miguel Hernández, François-René de Chateaubriand, Pierre y Marie Curie, Oscar Wilde, Simone de Beauvoir, Napoleón Bonaparte, Walt Whitman, Goethe, Rosa de Luxemburgo, James Joyce, Lucrecia Borgia y un largo etcétera…), cualquier duda que mi terquedad aún albergara ha pasado a mejor vida.

El libro brinda oportunidad de poner en práctica el placer -ya ni culposo- del voyerismo, permitiéndonos husmear en los amores ajenos a través de las misivas que los amantes de antaño se escribieron o de los poemas que otros les dedicaron. En su prólogo, Manguel hace un breve relato sobre cómo, a la hora de amar -tal como se dice de la muerte-, los humanos nos igualamos: desde el más modesto y anónimo adolescente hasta el filósofo más sensato y reputado, pasando por uno de los mayores estrategas político-militares que ha conocido la humanidad o una de las parejas de científicos más destacadas de la historia, todos reaccionamos casi igual. Lo mismo el filósofo que el poeta, los científicos, el estratega militar... y cualquiera de nosotros, escribimos cartas de amor y hasta ensayamos poemas que destilan ardor y excesos de melcocha. Escritos que no siempre -aunque sí mayoritariamente- tienen como finalidad que el causante de nuestra pasión conozca (y corresponda) nuestros sentimientos; a veces, el amante (entendido como el que ama) sólo busca un desahogo a su desesperanzado amor. Claro que como en todo... hay niveles... hasta en los excesos de empalague y cursilería; pero al final de cuentas, lo que no varía mucho son los arrebatos de pasión. Y quizá los seres anónimos podremos tener un consuelo o ventaja sobre esos "notables" amantes de antaño: dentro de 200 años... nadie leerá en un libro impreso, o en un Kindle, las decenas de cartas y "poemas" cargados de pasión y desbordantes de melosidad que alguna vez escribimos.

«Quien se enamora procede de una de dos maneras: calla y sufre o, por el contrario, busca proclamar su amor, hacer que aquel o aquella que lo ha trastornado sepa que es la causa, la fons et origo de su arrebato: En este último caso, es frecuente que el enamorado escriba» (en la actualidad quizá envíe e-mails en vez de epístolas manuscritas). [Alberto Manguel, Breve tratado de la pasión. pp. 10]

«"Más que los besos, son las cartas las que unen las almas", escribió John Donne en el siglo XVI. Pero la unión de las almas no es la única misión de la correspondencia amorosa. Ser sus lectores alienta también nuestra vocación de voyeur. Ya que sabemos que esa poesía, esa carta no nos estaba destinada, nos convierte al leerla en tácitos chismosos, en invisibles partícipes espiando por el ojo de la cerradura el intercambio amoroso de una pareja de la cual no formamos parte. Nosotros, que juzgaríamos con horror la indiscreción de escuchar detrás de una puerta los juegos eróticos de nuestros vecinos, aceptamos tranquilamente abrir (por así decirlo) la correspondencia privada de un Joyce o de un Miguel Hernández para enterarnos de aquello que, en su rol de amantes, susurraban al oído de sus amadas.» [Alberto Manguel, Breve tratado de la pasión. pp. 13]

Para finalizar, tres de los textos incluidos en el libro (no pongo más por dos motivos: no alargar, todavía más, esta entrada y -ejem- la flojerita de teclearlos):

De los menos arrebatados y empalagosos, esta carta del poeta rumano-francés Paul Celan

París, 7 de enero de 1952

Maïa, mi amor, querría saber decirte cuánto deseo que todo esto dure, nos dure, nos dure siempre.
Cuando me acerco a ti tengo la impresión de que abandono un mundo, de que escucho puertas cerrándose detrás de mí, puertas y más puertas, porque son muchas las puertas de este mundo hecho de malentendidos, de falsas claridades, de farfullos. Puede que me queden todavía otras puertas, puede que no haya atravesado aún toda la extensión sobre la que se esparce esta red de signos que extravían, pero yo vengo, sabes, me acerco, el ritmo –lo siento así- se acelera, los semáforos tramposos se apagan uno tras otro, las bocas mentirosas se cierran sobre su baba –ya no hay palabras, ya no hay ruidos, ya no hay nada que acompañe mis pasos. Estaré ahí, cerca de ti, en un instante, en un segundo que inaugurará el tiempo.
Paul


Escribirle a alguien que ya no está en este mundo, tan romántico como doloroso

Mi vida ha sido un vértigo inmenso. Ahora tengo los cabellos grises. Tengo tal cantidad de lágrimas en la garganta, que me bastarían para beber toda la vida. ¿Por qué Tonio, mi Tonio, mi esposo, mi mal, mi cielo, mi infierno, te has ido para no volver jamás? Aún sin noticias tuyas y el año ya se termina. Tengo que aceptarlo. Y si lo acepto es para quererte más. ¡Cómo te habría querido si hubieras vuelto¡
Consuelo
 [Carta de Consuelo a Antoine de Saint-Exupéry después de su muerte]


Si hemos de creer todas las cosas que se cuentan acerca de Lucrecia Borgia, y no hablo de sus aventuras sexuales sino de sus intrigas palaciegas, queda claro que la Donna era todo... menos tonta. En este fragmento de una carta a su pretendiente (y acreedor) Pietro Bembo, algo de su mítica capacidad manipuladora se deja ver…

 [c. 1517]

Mi muy querido Señor Pietro,
Sé que la sola espera de lo que se desea representa la parte mayor de la satisfacción, pues la esperanza de poseerlo aviva el deseo. Cuanto más raro es, más precioso parece; y cuanto más común, menos. Por eso he decidido aplazar mi respuesta hasta este momento, pues esperando cierta exquisita recompensa por vuestras exquisitas cartas, vos mismo os habéis convertido en la fuente de vuestro propio placer; vos sois deudor y creditor a un tiempo…
[…]

Su Duquesa de Ferrara

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Título: Breve tratado de la pasión
Selección y prólogo: Alberto Manguel
Editorial: Lumen, México 2008

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Post Scriptum. Mientras la comunidad bloguera -la mayoría- vacaciona, aprovecharé para postear cosas que probablemente a casi nadie (por no decir nadie) le resulten de interés, como el tema de este post y algún otro relacionado con el cine.
Post Scriptum 2. Intentaré -no aseguro nada, jeje- que los post siguientes no sean tan largos. 

Bon voyage (buen descanso o buen lo que sea)


 

imagen: fotograma del film The Age of innocence

marzo 28, 2010

penitencia sin pecar

La Semana Santa, decía mi abuela, son días de meditación y recogimiento. Pero para mí, que a esa edad no era muy dada a meditar, sólo eran días de encierro y grandes silencios. Nosotras nos quedábamos en la ciudad, mientras la mayoría de los vecinos y parientes cercanos abandonaban la ciudad en busca de sol, playa y apretujones. Las principales avenidas de la Ciudad de México quedaban semi-desiertas; no se escuchaban los gritos de los niños jugando en la calle; el cartero no llamaba a la puerta (ni una ni dos veces) para dejar correspondencia; no se escuchaba música salir de la radio, no veíamos televisión; no había nadie con quien hablar. Y así, sin risas ni ruidos de ningún tipo, el ambiente, en efecto, era propicio para la meditación y el recogimiento... o el aburrimiento. La abuela siempre fue poco dada a ir de vistas  (incluida la de las siete casas acostumbrada el jueves santo); ella prefería pasar esos días en casa leyendo, orando en silencio y tejiendo. No más. La única frivolidad que se, y me, permitía, era ver las películas y mini-series que la TV mexicana acostumbra, hasta la fecha, transmitir en esos días: Los diez mandamientos et. al. Y con esa casi obligación, lo que ni la prohibición de escuchar música, salir a jugar o ver caricaturas lograban... lo conseguía la propia TV: hacerme sentir en pago de algún ignoto pecado. En mi infancia, mi idea de penitencia era justamente esa: ver a Moisés (Charlton Heston) intentando salvar a su pueblo de la esclavitud y pasar penurias en pos de los diez mandamientos divinos... Uff, creo que nunca llegué a ver el ending del film, invariablemente, y sin hacer ningún tipo de ruido que rompiera la atmósfera de recogimiento, antes de que el desenlace llegara... yo me quedaba profundamente dormida.

Y hoy, a un tris de la Semana Santa, al ver este segmento del film Der Name der Rose me acordé de aquellos días silenciosos y casi enclaustrados de mi infancia, en los cuales, a mi precario entender, cualquier pecado que hubiera yo cometido quedaba redimido con semejante penitencia: aguantar en silencio esos -para mí- soporíferos filmes.

Jorge contra la risa

"Huye, Adso, de los profetas y de los que están dispuestos a morir por la verdad, porque suelen provocar también la muerte de muchos otros, a menudo antes que la propia, y a veces en lugar de la propia. Jorge ha realizado una obra diabólica, porque era tal la lujuria con que amaba su verdad, que se atrevió a todo para destruir la mentira. Tenía miedo del segundo libro de Aristóteles, porque tal vez éste enseñase realmente a deformar el rostro de toda verdad, para que no nos convirtiésemos en esclavos de nuestros fantasmas. Quizá la tarea del que ama a los hombres consista en lograr que éstos se rían de la verdad, lograr que la verdad ría, porque la única verdad consiste en aprender a liberamos de la insana pasión por la verdad" Umberto Eco, El nombre de la rosa. Ed. Lumen pp 394  

"Me internaré deprisa en ese desierto vastísimo, perfectamente llano e inconmensurable, donde el corazón piadoso sucumbe colmado de beatitud. Me hundiré en la tiniebla divina, en un silencio mudo y en una unión inefable, y en ese hundimiento se perderá toda igualdad y toda desigualdad, y en ese abismo mi espíritu se perderá a sí mismo, y ya no conocerá lo igual ni lo desigual, ni ninguna otra cosa: y se olvidarán todas las diferencias, estaré en el fundamento simple, en el desierto silencioso donde nunca ha existido la diversidad, en la intimidad donde nadie se encuentra en su propio sitio. Caeré en la divinidad silenciosa y deshabitada donde no hay obra ni imagen" Umberto Eco. El nombre de la rosa. Ed Lumen pp 400



Fotografía: Dora Maar. Le simulateur (1936) Collection of the Sack Photographic Trust
© Artists Rights Society (ARS), New York / ADAGP, Paris
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marzo 23, 2010

sin huella


Hace unos días comentaba en un blog amigo, que en la actualidad, cuando todo parece fluir a la velocidad del rayo, uno llega a sentir como si la vida se le fuera de las manos, vertiginosa, casi furtiva, sin apenas ser consciente de su propio paso por ella. Recuerdo que cuando era niña, más de una vez le escuché decir al hermano mayor de mi abuela (quien parecía reflejar toda la edad del mundo en sus cansados y vidriosos ojos) que uno debería procurar no pasar por esta vida sin haber hecho algo digno de ser recordado; sin haber dejado su huella, así fuera pequeñita, en este mundo. A esa edad (la mía en ese entonces), aquello sonaba sencillo, como si sólo fuera cosa de crecer para poderlo llevar a cabo. Qué equivocada estaba, ahora que ya no soy una niña y cada día más me convenzo que eso no será posible y que mi paso por este mundo sólo será tan acallado como lo es el silencio que rezuma el ser uno entre los hombres*/, comprendo el porqué de aquella mirada acuosa: aunque no lo dijera, el hombre era perfectamente consciente de que tal aspiración era muy difícil de alcanzar. Trascender, como yo lo entiendo, quizá de manera precaria y como me parece lo entendía él, no tiene nada que ver con triunfos "notables", ni acumulación de poder o riqueza; sino con otro tipo de hechos y/o huellas menos vistosos pero definitivamente más profundos al tiempo que sutiles. Es decir, no se trata de trascender, sobresalir y erigirse –o sentirse- ejemplo o guía de alguien y ser adorado; no como un objetivo de vida cuyos efectos (supuestos y reales) sirvan para alimentar la vanidad y engrosar nuestro natural egocentrismo. No; me refiero a algo modesto y la vez complejo, tanto que no alcanzo a explicarlo en pocas palabras –ni en muchas, je-, pues a estas alturas de mi existencia sigo sin saber qué se puede hacer, cómo lograr no pasar por esta vida sin dejar de trascender, aunque sea un poquito. Tal vez nunca lo entienda, menos que logre marcar alguna huella. Lo único que me queda más o menos claro es que, quizá -la trascendencia- sólo tenga que ver con despejar las brumas que nos impiden ver, y aquilatar, lo que en verdad importa; con bajarle un poco a la velocidad de nuestros pasos y así evitar, en lo posible, que la vida se nos pase sin apenas notar nuestro propio discurrir por ella.

Y para finalizar esta divagación primaveral con sabor a otoño, un fragmento de la pluma de Alejandra Pizarnik (encontrado hace algunos años entre las páginas de un periódico).
 "Yo quería que mis dedos de muñeca penetraran en las teclas. Yo no quería rozar, como una araña, el teclado. Yo quería hundirme, clavarme, fijarme, petrificarme. Yo quería entrar en el teclado para entrar adentro de la música, para tener una patria" [Alejandra Pizarnik, El infierno musical]





*/© Luis Felipe Comendador (La Fuga de Antoine Doinel, fragmento) 
fotografía: Dora Maar, Mano-concha (1934). Colección Centro Georges Pompidou.
 
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marzo 21, 2010

noticias desde el imperio... del surrealismo

No hay manera de evitarlo: ya estamos en primavera; lo cual significa que de aquí hasta más o menos septiembre-octubre, los calores ambientales (y de los otros espero) irán en ascenso. La gente anda feliz; ayer las calles citadinas bullían de chilangos vestidos con ropas ligeras; tan gozosos bajo los rayos solares se miraban, que uno podría llegar a pensar que en lugar de habitar en la Ciudad de México, cuyo clima es de templado a cálido, eran oriundos de alguna villa sueca, una aldea siberiana o por lo menos del norte de Canadá; es decir, personas que sólo gozaban del sol cada seis meses. La primavera produce ese efecto en la mayoría de las personas: las pone eufóricas, ardientes... a casi todas, ya quedamos que yo no entro en este conteo. Y en plena primavera, esta ciudad tan vilipendiada y maltratada; deshecha y contaminada, ofrece uno que otro encanto que nada tiene que ver con el clima y sí con la sensibilidad... de índole diversa. 

Primero la sensibilidad artística. El pasado jueves fue inaugurada una imponente muestra pictórica ("la más grande jamás presentada en el Subcontinente Latinoamericano", rezan los promocionales), en la cual se exponen más de cien pinturas de uno los más destacados representantes de la corriente surrealista: René Magritte. Creo que la obra del pintor belga no pudo encontrar un lugar más ad hoc; México, país surrealista por antonomasia, acoge con gusto y plena hermandad, la obra de uno de los reyes del surrealismo. Mejor imposible. Claro que nunca faltan los aguafiestas, en este caso quienes cuestionan qué carambas tiene que ver Magritte con los festejos del bicentenario y centenario independentista y revolucionario, mismos que, se supone, nos tienen tan entusiasmados a los habitantes de este Mexiquito tan dejado de la mano de Dios. Caray, lo que es no entender el fondo más allá de la forma...

Y ahora, las sensibilidades más esotéricas. Para que nadie cuestione la Supremacía Surrealista mexicana, en esta misma ciudad, no muy lejos del Palacio de Bellas Artes donde se exponen los lienzos de Magritte, se desarrolla una Cumbre Ovni, tal como la llama el corresponsal de la BBC en esta capital. Los expertos, provenientes de varias naciones y firmes creyentes de que los ovnis entran y salen de esta tierra cada que se les pega la gana, se han dado cita para intercambiar experiencias (¿y relatos de encuentros?) del tercer tipo, avalados, of course, por uno que otro Expediente Secreto X (si anduviera por aquí David Duchovny, quizá hasta yo me daría yo una vuelta; pero no, la mayor celebridad presente es el inefable Jaime Maussán). El entusiasmo de los presente es tal, que han sido bendecidos con la visión, justo a las puertas del recinto donde se efectúa la reunión, de más de un ovni. Pero no sólo de ovnis viven los amantes de los extraterrestres... otro tema en discusión por los ufólogos (ovnílogos) ahí reunidos, es el referido al año 2012 (en razón de la profecía maya, no vayan a pensar que del film hollywoodense homónimo); incluso, no ha faltado quien afirme que los miembros de una de las mayores civilizaciones de la historia, la Maya, tuvieron contacto con los alienígenas y hasta quien afirme, sin temor de Dios como diría mi abuela, que los primeros mayas... eran extraterrestres. Uff, una lástima que los sacrificios en los cenotes sagrados tuvieran como finalidad ofrendar a los dioses y no castigar al sacrificado (por cierto: habría sido interesante conocer la opinión de alguna de las hermosas y jóvenes doncellas sacrificadas, justo antes de que las mandaran hasta el fondo de tan bonitos pozos).

Termino mi superficial recuento informativo, no sin antes¡s decir que: 

ya sea en este reino del surrealismo mexicano o en otros lares, mientras la primavera ardiente nos quema, los ovnis nos invaden, las utopías que aún pervivieran se derrumban, y antes de que el fin del mundo nos alcance... nosotros nos enamoramos (diría Ilsa en Casablanca)





Post Scriptum 1 Esta mañana había publicado una entrada sobre la trascendencia, sobre dejar huellas y demás, pero como bien me decía un querido lector de este blog, su tono era algo sombrío, por lo que decidí dejarla en espera de una ocasión más propicia... para no amargar a ustedes su goce primaveral u otoñal.

Post Scriptum 2 Enlaces de interés:

Magritte y sus mundos invisibles en el Palacio de Bellas Artes




imagen: jacaranda en Morelia Michoacán. foto de Susan Nash Fekety

marzo 17, 2010

sin final feliz

Claude Monet, Les nymphéas -los nenúfares- (Musée de L'Orangerie)
¿Y a usted, qué tanto le gustan los finales felices? El año pasado, durante su presentación en el Festival de Cannes, la cineasta catalana Isabel Coixet (Mi vida sin mí) decía que en el cine “la felicidad es muy poco fotogénica” y no es la única que piensa tal cosa. Años atrás, su colega François Truffaut había declarado que las películas no podían tener siempre un clásico happy ending, pues la vida casi nunca lo tenía; no obstante, continuaba el director de Los cuatrocientos golpes, como las películas cien por ciento pesimistas, con finales feos o tristísimos ahuyentarían a los productores (su financiamiento), habría que optar –como él lo haría a lo largo de su filmografía- por los finales ambiguos o abiertos, para que así cada espectador, acorde a su sensibilidad y expectativas, decidiese darse un espacio para la esperanza o para el desencanto (claro que no faltarán aquellos a quienes les guste que todo les sea dado "peladito y a la boca"). Siguiendo con el cine [ya saben mi frase favorita, robada a Emilio García Riera: (casi siempre) el cine es mejor que la vida; el casi siempre es mío] y sin importar el género cinematográfico que se trate, en buena parte de los cinéfilos existe una fuerte reticencia a los finales felices. Recelo del que no se salvan ni siquiera las historias de amor, las cuales no pocas veces son juzgadas bajo una premisa simple: final feliz, y melcochoso, sinónimo de mala película. Y según cuentan las malas lenguas, los amantes de los amores cinematográficos desdichados, no son pocos... sino todo lo contrario (a juzgar por mis cuatro películas de amor favoritas -sobre las cuales, lo más promisorio que puedo decir es que todas, hasta la made in Hollywood, carecen del típico happy ending-, creo que yo soy miembro distinguido de tal grupo de cinéfilos ¿masoquistas?)

¿Y qué decir de las novelas? Hace tres años, se realizó una encuesta entre 125 escritores e intelectuales de varias latitudes, a fin de elegir a las mejores obras de la literatura universal de todos los tiempos. Y de dicha encuesta salieron elegidas, en primero y segundo lugar, un par de novelas románticas con rasgos semejantes: Ana Karenina y Madame Bovary (en el cuarto sitio quedaba Lolita, que tampoco es un día de campo precisamente). Y aunque nadie niega que ambas puedan ser ejemplares, y hasta seminales, en más de un sentido, es innegable cuán lejos están de ser historias edificantes, cuyo desenlace permita creer que la pareja protagónica vivió feliz durante mucho tiempo (por no decir para siempre). Si algo hermana este par de famosas obras, es la desdicha amorosa amén de fatal final, de sus adúlteras protagonistas. Claro que los escritores que tuvieron a bien elegirlas, no decidieron su voto con base en su infeliz desenlace ni en la infidelidad de Ana y Emma, sino en cuestiones de tipo literario, pero eso no hace mella en la constante; es más, si uno mira los veinte títulos del top, encontrará más de uno con igual característica: ausencia del consabido final feliz.

A fin de no hacer de esta entrada una divagación interminable, dejaré para mejor ocasión la música; sólo me atrevería a decir que muchas de las canciones más entrañables, son casi una invitación al azote amoroso… sin el menor pudor.

Y ya para terminar, más allá de las luces de una sala cine, fuera del guión de un lúgubre cineasta y muy lejos de la pluma de un consagrado escritor… ¿qué tan fotogénica es la felicidad en la vida diaria, en la realidad pura y dura, desprovista de cualquier vestimenta glamorosa y fantasiosa?

O dicho de otra forma:

¿Usted cree en los finales felices? O acaso piensa que sólo hay un final-final, no siempre grato, de hecho, a veces bastante ingrato… pero uno sólo, al cual se llaga tras cruzar por distintas etapas, unas más coloridas y gratas que otras, que son eso: etapas necesarias. O mejor aún, quizá piense que no existe un final-final, pues después del que así lo parece, como dice el poeta árabe de aquí abajo, tiene que haber algo… más allá de la vida, más allá del amor… más allá del final…

“Más allá del amor,
cuyo camino yo ya he recorrido,
¿conoces la nueva etapa
que me ha de llevar al lugar
propicio para un feliz reencuentro?
Pues el amor, en este corazón maltrecho,
no ha hecho otra cosa que prolongar el exilio”

[Más allá del amor, Bachar Ibn Burd -compilado por Albero Manguel en Breve tratado de la pasión. Ed. Lumen, México 2008]


9.     Cuentos, Anton Chejov
15.   La odisea, Homero
19.   Emma, Jane Austen


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marzo 15, 2010

música para una tarde de verano

Luis Barragán (estanque)

Un hombre sin recuerdos es un hombre perdido. Armand Salacrou

En este largo fin de semana, la temperatura en la Ciudad de México anticipa la fiereza del verano que seguirá a la primavera ya aposentada entre nosotros... en pleno fin del invierno. Y bajo este sol casi canicular, nada como el hallazgo de un remanso de frescor... para aislarse, evadirse, no pensar en nada… sólo dejarse invadir lentamente por el sosiego desprendido de las notas del piano, en donde un singular dueto “reinterpreta" la melodía de Yann Tiersen




"¿Qué misterioso viaje
te indujo a mi calor? Yo florecía
en el múltiple aroma de un estío
fugaz, efímero y superficial"
[Salvador Novo]

marzo 11, 2010

ausencias violentas

Olivier Raab (acuarela)

El dolor no necesita aprenderse, pero uno puede ser aprehendido por él y quedarse así durante mucho tiempo. El dolor es algo que uno sabe, casi, desde que tiene uso de razón. Los adioses, las partidas de los seres queridos, se recienten, se penan. Todas; pero con mayor énfasis las repentinas, esas que uno no se espera, las que no imagina pueden ocurrir. Y pasa, por accidentes o circunstancias de la vida, de golpe y porrazo alguien se va de nuestro lado y así, de un día para otro, nuestra vida se ve cimbrada por su ausencia y nuestro pequeño mundo se queda un poco vacío, mientras nosotros, súbitamente, nos sentimos presos de una desconocida sensación de orfandad. Imágenes de esa persona, de las experiencias vividas en su compañía, hasta los pequeños detalles que antes podrían habernos parecido insignificantes, de pronto cobran una dimensión desconocida; van y vienen, a veces, acompañados de pequeños estremecimientos, mezcla de dolor y vacío. ¿Cómo plasmar en una imagen la partida de alguien, su adiós definitivo –no necesariamente asociado a la muerte-, su ausencia irremediable? Hace tiempo, una tarde lluviosa, caminaba con un amigo por las inmediaciones del Jardín Botánico, de pronto, en medio de las piedras volcánicas y la exuberante vegetación de ese hermoso sitio, él me preguntó “si pudieras definir con una imagen la partida o la ausencia de alguien -no necesariamente un amante, aunque no está excluido- ¿cuál usarías?” La pregunta, en medio de la placidez de aquella tarde, es decir en el momento menos esperado, me dejó sumida en mis pensamientos, presa de una extraña –en mí- mudez. Pasados algunos minutos, intenté alguna respuesta, torpe y balbuceante; hablé de cielos plomizos; de lienzos en blanco… del color de la nada y luego de la sensación de un repentino agujero en la boca del estómago; el vacío; la sensación de no sentir –valga la contradicción- nada. ¿Cómo dibujar la ausencia, el vacío, la nada? ¿Un cuadro en blanco, en negro, en gris? O quizá, algo más caótico, como una voltereta o como la fragmentación en mil pedazos, de lo que hasta antes de su partida era visto como un todo. No lo sé; sigo sin poderme decantar por una idea concreta, menos por una imagen. 

"Es una debilidad extrema en la que quedamos ante la desaparición de alguien, ésta de buscar hacia atrás las huellas más profundas de lo irreparable. Modificar inevitablemente en nuestras impresiones el sentido de lo que ya fue para ponerlo al servicio de lo que ya no podrá ser. Hay en la violencia de la muerte que nos rodea una desgarradura que se hunde en el pasado para nombrar, con el ruido de su quebranto, la imposibilidad de un futuro. Como si ante la ausencia de ese futuro necesitáramos del estruendo de las palabras ya dichas para llenar con urgencia ese hueco, ese silencio que se abre hacia delante" [Alberto Ruy Sánchez. Con la literatura en el cuerpo, en el ensayo La violenta ausencia de Roland Barthes]
“¿Cómo terminar un amor? - ¿Cómo, entonces, termina? En suma, nadie -salvo los otros- sabe nunca nada de eso; una especie de inocencia oculta el fin de esta cosa concebida, afirmada, vivida según la eternidad. Sea lo que fuere del objeto amado, que desaparezca o pase a la región de la Amistad, de todas maneras, no lo veo desvanecerse: el amor que ha terminado se aleja hacia otro mundo a la manera de un navío espacial que cesa de parpadear: el ser amado resonaba como un clamor y helo aquí de golpe apagado(el otro no desaparece jamás cuándo y cómo se lo espera) Este fenómeno resulta de una limitación del discurso amoroso: no puedo yo mismo (sujeto enamorado) construir hasta el fin de mi historia de amor: no soy su poeta (el recitador) más que para el comienzo; el fin de esta historia, exactamente igual que mi propia muerte, pertenece a los otros: a ellos corresponde escribir la novela, relato exterior, mítico.” [Roland Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso]



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marzo 08, 2010

paraísos y mujeres

Mujeres. Un año atrás, en este mismo sitio, escribí que la conmemoración oficialista del Día Internacional de la Mujer, no me hacía muy feliz que digamos. Hoy no será la excepción. He recibido media docena de abrazos de igual número de compañeros hombres, quienes con la mejor intención, supongo, me han dicho "feliz día"; el Director General de la empresa donde laboro encabezó una ceremonia, en la cual no han faltado los discursos inflamados de palabras como equidad de género, igualdad femenina y similares. Después, hubo un ambigú y hasta vino blanco, para brindar por "nuestro día". Todo esto lo he presenciado desde la ventana del cuarto piso, hasta donde se escuchaban (merced al alta voz) las palabras de los funcionarios. Palabras que escuché como quien oye una misa en latín, ajenas e inconexas, mientras  recordaba la imagen vista muy temprano, esta misma mañana. Resulta que en el paradero hay una chica encargada de llevar el control de los autobuses que hacen un alto ahí; libreta en mano, llueva, truene o relampaguee, ella está ahí cada mañana. Es joven, quizá unos 25 años, pero debido a su extrema delgadez, aunada a los estragos que el sol y el viento le han dejado, su piel luce opaca, sin vida, lo mismo que sus enormes ojos oscuros. Nunca la he visto reír y no es que esté sola, siempre está en compañía de sus dos hijos; uno de unos cinco años (que no parece ir al kindergarten pues siempre está con ella) y otro más pequeño, de unos tres quizá. Y pronto serán tres los hermanitos, a juzgar por el adelantado proceso de gestación que deja ver su menudo cuerpo. Es la "despachadora" de los autobuses y su pequeño de cinco años su asistente. Siempre que la veo experimento sentimientos encontrados; me conmueve y me enoja al mismo tiempo. Tres hijos, un trabajo que debe retribuirle ingresos miserables -amén de tener que aguantar a uno que otro majadero diciéndole cosas desagradables-, ¿qué futuro puede haber para esos niños? ¿cuáles ilusiones puede tener ella? Obviedades así me pregunto, pero sobre todo, una y otra vez, me repito ¿y dónde carajos está el padre (suponiendo que sea uno solo) que engendró a esos niños?

¿De qué carambas le sirven a ella los discursos oficiosos y las consignas feministas vertidos por todas partes en el día internacional de la mujer? Por supuesto que es indispensable la equidad de género… tanto como necesaria y urgente la disminución de la desigualdad social. Sin esto… todo se queda en discursos y, en el mejor de los casos, buenas intenciones.

Paraísos. No sé si el paraíso exista. Menos podría decir, sin titubeos, qué lugar o sensación representa para mí, de la mejor manera, al paraíso. Lo cierto es que casi siempre que se habla o se piensa en él, las imágenes son idílicas. Por ejemplo, una isla de belleza indómita, aún no invadida por las cadenas hoteleras trasnacionales ni los vendedores ambulantes; libre de sombrillitas multicolores. Un lugar, pues, sin "rastro de civilización", ajeno al mundanal ruido, donde nada ni nadie perturbe la sensación de paz; en la completa lejanía, desprovista de preocupaciones, penas y demás. Aunque una playa soleada no es precisamente el must de mis fantasías (ya lo he dicho, el sol y yo, como decía  Porfirio Díaz de México respecto de nuestros vecinos gringos: entre más lejos mejor); suscribo las demás imágenes idílicas, nada me gustaría más que sentirme libre de preocupaciones, lejana del mundanal ruido (para no enojarme por cosas que –no faltará quien diga- ni me van ni me vienen, como la vida de la chica del paradero de autobuses), sin pensar en nada desgastante, sin extrañar nada ni a nadie y sobre todo sin sentir este dolor que bien a bien no sé ni a qué se debe. Tal vez mi querida Workahólika tenga razón y de vez en cuando, lo más cercano al paraíso -artificial, desde luego- sea vivir en el éter.

Aunque ahorita, con no tener que soportar este inusitado dolor de cabeza, me sentiría en un sitio cercano al quimérico paraíso.
 
"estas palabras nos traicionan como uvas robadas
cuelgan como ciudades de arrebato
y bajo el purgatorio temporal del cielo
olvidamos a veces
que el substituto feliz del paraíso
es una casa que dure una vida
y que no podamos llevar a todas partes con nosotros"

[Osip Mandelsram]*



*/Escritor y poeta; fallecido en un Gulag stalinista
Lienzo : Maurice Denis. Plage, enfant au bonnet rouge (1909, musée Maurice Denis);
tomado del sitio Femme Femme Femme

marzo 05, 2010

viernes ligero: palmarés 2009

Como todos sabemos, los medios de comunicación masiva no dejan martillar la nota, el próximo domingo 7 de marzo la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas Estadounidense entregará sus premios óscar a lo mejor de 2009. Para no ser menos y dado que las premiaciones hollywoodenses casi nunca resultan de nuestro agrado, los miembros de este blog (o sea: yo mera) elaboramos nuestro palmarés alterno, dividido en dos categorías: espectáculo mexicano y cine internacional. Al respecto, cabe una aclaración: infortunadamente la producción cinematográfica mexicana (salvo el estupendo documental Los que se quedan) no brilló por su calidad en 2009; sin embargo, por espectáculos Grand Guignol, y dignos de las ocho columnas, no paramos… ni en 2009 y ni en lo que va de este 2010. En contrapartida, el cine internacional, en especial el europeo, brilló con fuerza en la presencia de filmes remarcables. Aquí, una breve selección (muy personal) en ambos rubros.

Espectáculo mexicano
 
 Carla Bruni, delante del gabinete presidencial durante su visita a México en 2009

Mejor papelón coestelar femenino
Beatriz Paredes -presidenta nacional del PRI- por Con la (doble)moral muy en alto: los gays son un peligro para México

Mejor papelón estelar femenino
Mariana Gómez del Campo -dirigente del PAN en el DF- por Con la (doble)moral muy en alto: los gays son un peligro para México

Mejor papelón coestelar masculino
Enrique Peña Nieto por Misa en el Vaticano (con un costo millonario -en euros- este show fue transmitido en vivo y en directo por el canal de las estrellas) 

Mejor papelón estelar masculinol
Juanito por Ixtapalapa mon amour (no necesita explicación)

Mejor Montaje
La muerte de un capo (Arturo Beltrán Leyva acribillado en Cuernavaca; el espectáculo gore del año)

Mejor fotografía
La perrada tras el derrière de una Primera Dama (Carla Bruni, bajo la lasciva mirada del gabinete presidencial)

Mejor Director
El Chapo Guzmán, por Aunque no lo parezca, vamos ganando la guerra contra la narcodelincuencia

Mejor Film Mexicano 2009
Aunque no lo parezca, vamos ganando la guerra  contra la narcodelincuencia (diecisiete mil ejecutados en tres años, avalan nuestro triunfo por sobre el vodevil de Ixtapalapa mon amour, de mero alcance local)


Cine Internacional

 
Tahar Rahim, protagonista de Un Prophète

Coactuación o revelación actoral femenina
Mélanie Laurent por Inglorious Bastards

Performance femenino en un papel protagónico
Charlotte Gainsbourg por Antichrist

Coactuación o revelación actoral masculina
Kåre Hedebrant por Déjame entrar (estupendo filme sueco, que reivindica al género de vampiros frente al agravio infringido por esa cosa llamada Twilight)

Performance masculino en papel protagónico
Tahar Rahim por Un Prophète (un gran hallazgo resultó este novel y carismático actor)

Mejor cinematografía
Christian Berger por Das weisse band (arte fotográfico en blanco y negro en su máxima expresión)

Mejor Director
Ex Aqueo Claire Denis por 35 rhumsMichael Haneke por Das weisse band (la exquisita sensibilidad de la creadora francesa, frente al aplomo sin concesiones del realizador austriaco)

Best Film International 2009
Un Prophète (de Jacques Audiard)

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Bonus: interpretación musical fílmica del año
Marion Cotillard por "Take it all" en Nine (la interpretación de M. Cotillard de lo poco salvable en Nine, el churrazo musical del año) 


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marzo 04, 2010

clima y estado de ánimo

Todo es relativo. La primavera ya está aquí, los días se han tornado tan luminosos que por momentos su claridad resulta cegadora (casi impensable en una Ciudad tan contaminada como esta). Los fuertes vientos ocurridos en semanas anteriores barrieron buena parte de las partículas suspendías, aunque, lamentablemente, también arrastraron consigo decenas de árboles y anuncios espectaculares (estos últimos, no los extrañaremos). Está probado científicamente, dicen, que el clima afecta de manera significativa la forma de ser, el estado de ánimo de las personas; determinando que los habitantes de sitios fríos y nublados, donde el sol es escaso, tiendan a un carácter melancólico y hasta sombrío, en contrapartida con quienes viven en lugares calientes y soleados, generalmente "alegres". Pero todo es relativo. Por ejemplo, en lo que a mí respecta, el inminente arribo de la primavera no me hace sentir más "feliz", así como mejor se siente quien tras tomarse una aspirina logra desechar un molesto dolor de cabeza. Al contrario; hay ocasiones en las que podría afirmar que en mí, el efecto de la primavera es el opuesto. Y no soy ni rara ni emo; ni nada parecido. Simplemente que yo no funciono así; ni mis emociones fluctúan, en automático, de la melancolía a la dicha sin razón, sólo porque hoy se termine el invierno y mañana entre la "estación más bella del año"...


En pocas palabras, la entrada de la primavera no modifica menos que mejore mi estado de ánimo. Si uno lleva por dentro el otoño o el invierno de manera permanente (que no necesariamente es mi caso), los días más largos, pródigos en luz y calor solar, no van a cambiar eso… con perdón de los científicos... pero todo es tan relativo como personal…
"¿No hubo siempre alrededor de la primavera una época en la que el año te afectaba como un reproche? Había en ti una disposición a ser feliz, pero cuando salías, una duda extraña nacía de tu contacto con el aire, y tus pasos se hacían inciertos, como si caminaras sobre un barco. En el jardín había un nuevo follaje pero tú llevabas dentro el invierno y todo el año anterior; para ti todo era continuación"
[Rainer Maria Rilke, Los cuadernos de Malte Laurids Brigge (1910), citado por Alberto Ruy Sánchez en Con la literatura en el cuerpo, pág. 36]





imagen: Alphonse Mucha, Primavera

Post Scriptum (fuera de lugar, lo sé, seguro es culpa del inminente arribo de la primavera). Hablando de lo relativo que es todo en este mundo, es curioso constatar, una vez más, el doble rasero con el cual la sociedad juzga hechos polémicos:. Por  un lado, la sociedad mexicana -una parte de ella- se ha escandalizado por la legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo, temerosa del futuro (moral, suponemos) de los niños que sean adoptados por estas parejas. Y sin embargo, esa misma sociedad, no parece indignarse en igual medida ante el daño humano, emocional y físico, que años de abusos y ultrajes cometidos por el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, dejaron en las decenas de niños y adolescentes que fueron sus víctimas.

marzo 02, 2010

cerebro recién lavado

tous les jours je lave mon cerveau avec la tele
El término adoctrinamiento hace referencia a la "acción de instruir, de dar señalamientos en relación con una determinada forma de actuar y de comportarse en general" En sus orígenes este término se relacionó con la enseñanza de la doctrina religiosa que era el sustento del "comportamiento moral deseable". Jacques Reboul. L'endoctrinement. Paris, PUF, p.86.
Los lunes son días difíciles para mí, como que mi cerebro se tarda en carburar. Recuerdo cuando era niña, mi principal temor era convertirme en alguien de quien se dijera tenía la "cabeza hueca" Así que para ahuyentar dicho temor, me dediqué a leer lo que cayera en mis manos; sin orden ni guía de ningún tipo; sólo leía y leía y por mis ávidos ojos pasaban lecturas tan disímbolas y quizá hasta inapropiadas para mi edad como habrá sido el caso de la impresionante novela Naná de Emilio o La Tumba de José Agustín. Y, claro, niña inquieta como era, no bien había terminado un libro, cuando ya estaba lista para irle a contar a quien quisiera escucharme, mi reciente descubrimiento. Por supuesto que mis descubrimientos literarios no siempre resultaban del agrado de mis interlocutores. a veces me decían que para qué leía esas cosas, que mejor debería leer la biblia; en otras, parecía darles igual. pero hubo ocasiones, en las que no como resultado de alguna narración que yo hubiera hecho sobre algún libro recién leído, sino debido a mi comportamiento, quizá atípico o bien, algún atrabancado comentario, que mi familia, medio en broma medio en serio, me dijo “¿y a ti quién te lavó el cerebro con semejantes ideas?” Lo peor del caso era que–al menos en esa época- nadie intentaba lavarme el cerebro... yo solita me hacía lavado y secado exprés, si así puede llamase a la facilidad con que cambiaba de escritor favorito en aquella veleidosa época.

Hubo algo que signó mi niñez y aunque en ese tiempo no me hacía gracia, ahora lo agradezco (qué horror, esto debe ser sinónimo inequívoco de envejecimiento) mucho: sólo me dejaban mirar televisión una hora al día, siempre y cuando hubiera terminado la tarea escolar y leído en voz alta durante media hora, a fin de perfeccionar mi dicción. Pero tal impedimento no era por temor al “adoctrinamiento” o “lavado cerebral”; sino simple y llanamente porque mi abuela pensaba que la televisión carcomía las neuronas de la manera más inútil posible. 

En ese tiempo, yo qué iba a saber de “adoctrinamientos”, el único que conocía eran las clases de catecismo en preparación de la Primera Comunión… que jamás hice. Sólo hasta que empecé a leer otras cosas, ya en la preparatoria, supe que los adoctrinamientos podrían resultar terribles, dañinos y no sólo para la persona adoctrinada… sino para sociedades, países enteros. 

Lavados de cerebro o adoctrinamientos, deben ser hijos del mismo fin... ya sea en la hojita parroquial, el panfleto, el libelo, la TV, etc., uno siempre está expuesto a ellos… por eso hay que lavarse la cabeza todos los días, je. 

Y para finalizar, mi autopromoción mensual: hoy es mi turno en el blog colectivo escribidores y literaturos; si gastan leerme (es una abuso de mi parte adarme promoviendo, lo sé, pero me aguanto la pena -je): fin de la condena


ADENDA:  un poema para los que buscan musas:

Cuando en la noche oscura espero su llegada,
Se me antoja que todo pende de un hilo.
¿Qué valen los honores, la libertad incluso,
cuando ella acude presta y toca el caramillo?

Mira, ¡ahí viene! Ella se echa a un lado el velo
Y se me queda mirando larga y fijamente. Yo digo:
"¿Has sido tú la que le dictó a Dante las páginas sobre el infierno?"
Y ella responde: "Yo soy aquella."

[Ana Akhmatova, La Musa -versión de María Teresa León]