Su llegada a este mundo no fue como en las películas, cuando el doctor coloca al recién nacido sobre el regazo de la madre y ésta lo mira llena de plácida felicidad y con lágrimas en los ojos. No; su nacimiento estuvo lejos de ser así de idílico, más bien podría decirse que fue una aventura producto de la tozudez: su madre tuvo un parto complicadísimo y ella estuvo a un tris de no salir con vida de semejante empresa. Después, a consecuencia de ese caótico alumbramiento, su progenitora debió permanecer en cama durante meses, por lo cual no pudo hacerse cargo de ella, menos que la amamantara. Gracias al cielo que los suizos ya habían inventado esas útiles formulas lácteas en polvo, que tan bien alimentan, aunque no enseña a gatear ni a caminar. No fue una niña llorona. La naturaleza es muy sabia y en compensación por no gatear ni caminar, o tan sólo para que alguien se acordara de su existencia, a falta de habilidad andante, desarrolló una temprana vocación parlanchina. Tanta, que en la adolescencia era objeto de constantes burlas por ser tan platicona, sobre todo con los mayores, quienes solían prestar mayor atención a sus desaforadas peroratas [siempre le gustó platicar con las abuelas y abuelos de sus amigas, a tal grado que más de uno "la adoptó"]. Y si no encontraba con quien platicar (cosa que ocurría a menudo) se dedicaba a leer o a platicar consigo misma. Cuando los cuentos infantiles o las aventuras de Robinson Crusoe ya no resultaron suficientes, decidió hurgar en el enorme librero ubicado en la habitación que nadie usaba y tras arrastrar una silla que fungió como su escalera, se encontró con una variedad tan desigual en temática como en estilo y calidad, pero lo suficientemente atrayente a sus curiosos ojos. Pudo acceder a mundos totalmente desconocidos, inimaginables en su joven vida. Incontables fueron las tardes que pasó encerrada en esa habitación, tumbada boca abajo sobre el piso hojeando enciclopedias, libros de diversa índole y hasta el Pequeño Larousse Ilustrado; cualquier libro despertaba su imaginación… las horas eran largas y su curiosidad vasta. Fue así que dio con una enciclopedia de arte, que no era ninguna maravilla, pero resultaba más que útil para dar rienda suelta a su imaginación. Ante sus ojos desfilaron las salas y galerías de los más famosos museos del mundo, todos le atrajeron pero ninguno la obsesionó tanto como ese edificio de color pistache que más parecía un dulce, que recordaba la irrupción de una Emperatriz brava y dominante, a quien llamaban la Grande, y en cuyo interior se alojaba, entre cientos de maravillas, un extraño reloj en forma de jaula de oro, con todo y canario dentro, el cual salía por la rejilla para marcar la hora exacta. A saber si todo lo que estaba escrito en la enciclopedia era cierto, pero como leyenda soñaba fantástica. Y esa jaulita-reloj, le despertaba una gran tentación. Pobre canario, muy de oro... pero encerrado, decía ella. Otro de los mayores encantos del museo, era el río que lo bordeaba otorgándole un aire aún más fantasioso, propicio para imaginar asombrosas historias de aventuras y escapes en barco; no en balde, el río desembocaba al mar. Si en esa época alguien le hubiese preguntado qué sueño fantasioso desearía vivir, lejos de responder que ser la bella durmiente despertada por el beso de amor del apuesto príncipe, ella habría contestado: robarme la jaulita-reloj del museo del Ermitage y luego huir en barco para perderme y al mismo tiempo encontrar la libertad en los confines del Mar Báltico.
Lástima que sólo fuese posible en su imaginación, pero aún así, lo disfrutaba como si lo viviera; esa y decenas de historias más en las que ella, por supuesto, era la actriz principal... tan tozuda como el día de su nacimiento e igual de platicona que en la vida real...
Años después de aquellas fantásticas aventuras, se encontró con que no quedaban barcos mágicos en los cuales escapar, ni historias peliculescas de las cuales emerger heroína. Aún así, en algún lugar olvidado de su recuerdo, guarda, por si acaso, una barca algo desvencijada pero entrañable, en la cual, se ha prometido, algún día habrá de escapar con rumbo a los confines del infinito y la libertad... sólo es cosa de aguardar a que las aguas sean más propicias para la navegación...
AVISO INOPORTUNO: hoy me toca publicar en el blog colectivo escribidores y literaturos; por si gustan y tienen chance de pasar: pesca en tres tiempos









