adaptaciones

Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré de mi mundo. Me adapto a mí misma. [Anaïs Nin.]

marzo 30, 2009

intrusos, smulaciones y cataplasmas

Intrusos. Algún duende del ciberespacio hizo que en los «Feed RSS» de mi blog se colaran unos post rarísimos, cuyo origen y temática me son completamente ajenos. Pero como soy una inútil de tiempo completo en la materia, no tengo la menor idea de cómo deshacerme de ellos, así que tendré que esperar en que así como llegaron desaparezcan. A menos, claro, que alguna alma caritativa de mis amables lectores me haga del favor de iluminarme para poderme deshacer de esos intrusos.

Simulaciones. A diez mil kilómetros de mis superfluas preocupaciones cibernéticas, en una húmeda ciudad europea se han reunido unos señores muy bien vestidos y poderosos, ferreros defensores del libre mercado, para hablar del tema de moda: la recesión mundial. Y la reunión será lo que suelen ser este tipo de reuniones: una pasarela que incluye sesión de palmaditas en la espalda, enriquecida en esta ocasión con el besamanos al recién ungido inquilino de la Casa Blanca y la degustación de algún vino de la mejor cosecha. Luego simularán la búsqueda de soluciones para la recesión mundial... por ejemplo, salvar de la quiebra a sus amigos baqueros y empresarios y todos saldrán felices y contentos, satisfechos por haber cumplido con su deber histórico...

Ah... y todo con cargo al dinero de los contribuyentes, por su puesto... que alguien debe pagar la crisis...


Cataplasmas. Como no sé de, ni pretendo buscar ningún remedio para la crisis de la economía global, lo cual no significa que yo no lo necesite, seguiré el consejo de Dostoievski evadiéndome o escudándome en mi propio carácter, aunque con algo de ayuda de la poesía de Jaime Sabines

"No hay mejor forma de evasión que la de escudarse en el propio carácter, porque nadie cree en el". Dostoievski, Los Demonios

"Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón."

Jaime Sabines



imagen Bières de le Meuse, Alphonse Mucha

marzo 28, 2009

señal inequívoca de que la recesión llegó

"No hay mejor forma de evasión que la de escudarse en el propio carácter, porque nadie cree en el" Dostoievski, Los demonios.


Si la profesión más antigua del mundo está en crisis, es señal inequívoca de que estamos en una fuerte recesión mundial.

Qué cosas, en México que nos sentíamos muy felices, tan a la vanguardia, pues por fin se ha tomado en serio la idea de una Ley de precio único para el libro. Pero qué va. Cuál vanguardia, cuál modernidad. Tal parece que siempre iremos a la zaga. Nosotros aquí peleando por el precio de un libro, mientras que en la civilizada Alemania, la discusión entre empresarios, trabajadoras y políticos es realmente seria: el establecimiento de una tarifa única abaratada, para los servicios profesionales sexuales [en la tierra de Goethe, la prostitución es una profesión legalmente reconocida desde 2001 y según algunas organizaciones, en ella laboran alrededor de 400,000 mujeres -del numero de hombres no se habla, por cierto]. Pero dicha propuesta ha causado una fuerte polémica y no porque los alemanes sean mojigatos -ni que fueran panistas mexicanos-, sino porque los políticos han salido en defensa de las sexo-servidoras, pues si bien entienden que la finalidad es evitar que el negocio del sexo se venga abajo, consideran que aprobar una tarifa única resulta casi inmoral, un absurdo y un atentado contra de las salud de las prostitutas, además de significar una mayor depauperación de su nivel de vida.

Aquí la nota original: se abarató el sexo

Y mientras los clubs de prostitución buscan atraer clientela con ofertas como esta del Pussy Club de Berlin:
"Sexo con todas nuestras modelos, tanto y tan seguido como quieras (y puedas agregaría yo), en las posiciones variaciones que quieras, con todas las que quieras a al vez"

Las organizaciones sociales y políticas han salido en defensa de las trabajadoras:
El sexo barato es una consecuencia de la pauperización social de Berlín; cuanto más pobres se vuelven los clientes, más bajan los burdeles sus precios, a costa de las mujeres
señaló la portavoz de la asociación Hydra de apoyo a prostitutas en Berlín, Marion Detlef.

Si el cliente se encierra cinco veces con una mujer en un dormitorio, pagando para eso sólo 70 euros, la mujer apenas gana algo. Sólo gana el club, pero no la mujer
expresó la portavoz de política de la mujer del Partido Verde de Alemania, Anja Kofbinger.

Es notorio, al menos para mí, que mientras en Alemania el Partido Verde aboga por ese tipo de cosas, acá en México, su mediocre símil esté pugnando por el establecimiento de la pena de muerte...

En fin, cuando en México pueda discutirse abierta y civilizadamente sobre ese tipo de temas, empezaré a creer que hemos dejado de ser un pueblo mojigato, doblemoralino e hipócrita, temeroso llamar a las cosas por su nombre. Ups, ya me desvíe, este simplón post de fin de semana era únicamente para resaltar, por si hiciera falta, que estamos en recesión mundial...


NOTA esta canción está fuera de lugar, lo sé, pero está aquí como una muestra de reconocimiento especial a la Secretaría de Gobernación (Ministerio del Interior del Gobierno Mexicano), cuya nueva demostración de proverbial estupidez, ha servido para corroborar cuántos fans tiene Manu Chao en este país . ¡!Salud Manu¡!


marzo 26, 2009

la foto del recuerdo

No tengo remedio; soy como del siglo XIX, me cuesta tanto deshacerme de los recuerdos. No, no solo me cuesta; me resisto a hacerlo y lo malo es que mis recuerdos no solo están en mi mente, corazón, alma o donde sea que se almacenen, más allá del disco duro cerebral -bien duro que lo tengo, por cierto. Mis recuerdos están en objetos de todo tipo; casi todos de poco valor monetario, pero con un gran valor estimativo para mí, pues me llevan de vuelta a momentos o lugares memorables. No sé cómo he sido capaz de acumular tanta cosa; pero así es. Papeles, cuadernos de viajes, cartas, folletos, carteles, guías de museos, catálogos de exposiciones, fotografías, pisapapeles, cortaplumas e infinidad de chácharas más. Todos y cada uno de ellos encierran algo para mí y cada vez que me dispongo a hacer una depuración y eliminar los menos valiosos, acabo volviéndolos a guardar todos. El domingo intenté la última depuración, no sin antes decirme: “ahora sí, tiro todo lo que no sirva”, que equivaldría a tirarlos todos porque como servir para algún fin práctico… ninguno sirve. Apenas empezada la revisión, me topé con una foto mía tomada por un ex novio que se sentía el Cartier-Bresson Región 4... el pobre. Al ex novio fotógrafo no le gustó la imagen resultante, porque yo apenas me veo como difuminada tras las sombras y el tronco de un frondoso árbol; pero a mí me encantó justo por eso. Esa fotografía algo sombría me recuerda a la que era yo en ese entonces, cuando no había atesorado tantas remembranzas, ni perdido a seres tan amados; como al mejor amigo que he tenido en la vida, a quien le encantaba mi foto; alguna noche me dijo que yo me veo como una aparición, misteriosa, etérea e inasible y yo, cursi como soy, terminé regalándosela; hasta que poco antes de morir me la devolvió... para que al verla me acodara de él. Y así pasa siempre; el domingo al ver esa foto fue como estar de nuevo entre las sombras del jardín de la casa familiar que hace tanto dejé; fue como ver a mi amigo luminoso y hermoso, más allá de la belleza física, como era entonces... cuando no imaginaba (no imaginábamos) que el maldito SIDA se lo llevaría en poco, poquísimo tiempo...

¿Qué hacer para descartar este tipo de recuerdos?
¿Qué, para volverlos desechables, sustituibles e intercambiables por otros más ligeros y atractivos
?


“Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco. […] Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo. Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.”

[…]

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.”
……
[Extractos de Lo desechable (de presunta autoría del escritor uruguayo Eduardo Galeano)]




imagen: La primera Leica de Henri Cartier-Bresson

marzo 23, 2009

románticos de closet

Pretender determinar quién -en esta época- es más romántico, si las mujeres o los hombres, resulta tan inútil como elucubrar en torno al sexo de los ángeles... suponiendo que éstos tengan sexo. Desacuerdos y entendimientos aparte, por algún sitio surgió una teoría que pretende convencernos de que los hombres no pueden ser románticos, porque ellos son prácticos y no están para perder el tiempo en esoterias y demás boberías, a las que -se supone- somos proclives las mujeres. A saber que tanto de realidad tenga, pero esa teoría parece más un mito que una realidad. Y sin embargo, muchas mujeres lo dan(amos) por hecho, lamentando la falta de romanticismo de sus parejas -aunque también haya quienes se quejen por la excesiva cursilería de algunos/algunas. Quizá el verdadero quid del "no romanticismo atribuido a los hombres", se deba a la creencia de que cursilería y romanticismo son indisolubles y ante ello, algunos sientan temor de ser llamados cursis; algo que nuestra cultura machista considera un tanto indigno de un hombre... y apenas tolerable en nosotras las mujeres.

Posiblemente sin la intensidad observada en el Siglo XIX, pero la literatura y la poesía actual no nos dejará mentir cuando afirmamos que los hombres si son románticos; lo que no obsta para que algunos lo sean... pese a si mismos. Como el escritor mexicanoHéctor Manjarrez, quien hace 26 años publicó un libro titulado No todos los hombres son románticos formado por ocho pequeños relatos ubicados en sitios tan distantes como Londres o la Nicaragua Sandinista; historias que hablan... de romanticismo. Ya sea cuando recuerda amores fallidos o añora idealismos extraviados, cualquiera de esas narraciones esconde -y a veces ni siquiera eso- un romanticismo innegable, apenas disimulado tras cierto toque de ironía. Por ejemplo, al final de la historia ubicada en Nicaragua apunta: "La Revolución no es para los románticos. Para hacer una revolución hay que volverse duros y a veces, una pequeña parte de uno, que es el alma, se siente muy sola..." ¿así o más romántico? Acaso ¿existe algo más romántico -y hasta ingenuo- que un hombre arriesgando su vida en pos del sueño imposible de "cambiar al mundo"?

Y en el libro no podía faltar un relato llamado "Amor", el cual no voy a comentar, solo transcribo el poema que cierra esa breve historia de trágico y romántico final:

El soldado del amor es un hombre
legendariamente hermoso y si edad
al que devoran los
perros
con los que él cazaba en bosques
que una vez fueron tan bellos
que él sucumbía al hechizo
de sentirse natural.


La jauría lo mordió con saña
pero ahora que está
muerto
se sacian apaciblemente con su carne de amo
y le roen los huesos
,
poniendo entre sus patas esbeltas
los muñones sangrientos
que tantos placeres conocieron
.

No, ya no les daba su alimento
y odiaba los ladridos de júbilo
con que lo recibían cada mañana
y la ferocidad escandalosa
con que lo defendían de noche
de la aproximación de ruidos
ajenos a su casa.

De todo su cuerpo, que algunos
disfrutaron
tanto, solo dos partes
están intactas: el descarnado sexo
y la cara que no pierde
la fijeza demente de la esperanza
.

El soldado del amor, muerto y devorado,
se asomará cada noche,
con su rostro
extraordinariamente bello y pálido,
a las ventanas de todos ustedes
...


De acuerdo, NO TODOS hombres son escritores y/o poetas; tampoco a todos les gustan las novelas, poesía, música y/o películas románticas... pero a muchos si. Algunos admiten sin complejos su romanticismo; otros lo llevan callado, como en este poema que bien podría ser el lamento de un romántico de clóset.

Trato de escribir en la oscuridad tu nombre.
Trato de escribir que te amo.
Trato de decir a oscuras todo esto.
No quiero que nadie se entere,
que nadie me mire a las tres de la mañana
paseando de un lado a otro de la estancia,
loco, lleno de ti, enamorado.
Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote.
Digo tu nombre con todo el silencio de la noche,
lo grita mi corazón amordazado.
Repito tu nombre, vuelvo a decirlo,
lo digo incansablemente,
y estoy seguro que habrá de amanecer.

[Tu nombre Jaime Sabines]



En Letras libres: "La maldita pintura y Rainey el asesino", de Héctor Manjarrez

marzo 20, 2009

de esceptisismos y ayuno

Nosotros los escépticos somos capaces de las mayores contradicciones. No creemos en nada ni en nadie y se supone que ya nada es capaz de sorprendernos. Pero al mismo tiempo, estamos dispuestos a presenciar los mayores extravíos y absurdos, dándoles crédito… a pesar de nosotros mismos.

En un hecho que solo puedo explicar en razón de mi atarantamiento, cansancio, sobrecarga de chácharas (bolsas del supermercado, abrigo, morral con libros, paraguas y bolso mano) y la oscuridad nocturna, perdí mi bolso de mano. Sí, mi bolso de mano, que se me cayó en el microbús sin que yo lo sintiera –con tanto cargamento encima, no podía ser de otra forma- y solo lo noté hasta que llegué a la puerta de mi edificio y Oh sorpresa!¡ para mi asombro y horror, no traía mi bolso de mano; ergo, ni cómo entrar. Una mujer con los sentidos en su lugar, como diría mi abuela, puede olvidar y/o extraviar el abrigo, el paraguas, un libro o hasta una bolsa con las compras (hay algunas que dejan olvidado al novio, aunque presumo que eso no es por accidente); pero… ¿su bolso de mano? Eso; nomás yo.

Ahorrando detalles. Una vez que la vecina me hizo favor de abrirme, prestarme dinero y guardar mis tiliches, yo salí a buscar un cerrajero. Después caminar casi un kilómetro, lo encontré y volví con él a mi casa... en su coche (a esas horas no estaba yo para miedos; digo, si ya había caminado largo en medio de la noche, qué más me daba). Bueno, pues llegamos a mi puerta, él puso manos a la obra, mientras yo trataba de mantener la calma. Eternas se me hicieron las dos horas -sí, dos horas; las chapas de seguridad, algún inconveniente habrían de tener- que el santo señor tardó en abrir la cerradura y yo pude entrar a casa. Ni tiempo para entrar en conmiseraciones y recriminaciones, pues el timbre del teléfono había estado suene y suene mientras el cerrajero y yo estábamos del otro lado de la puerta [él trabajando y yo mordiéndome las uñas y poniendo cara de circunstancia cada que pasaban mis vecinos -creo que ese noche todos subieron y/o bajaron- y me miraban con cara de lástima]. Total que por fin entré, deposité mi cargamento en el piso y corrí a levantar el auricular. Al otro lado de la línea, una voz de hombre joven me dijo: “buenas noches (23:00 hrs PM) disculpe ¿ahí vive Marichuy?

Yo apenas alcancé a balbucear un ¿quién la busca?

--El hombre respondió: mi nombre es fulanito de tal y esta noche en el microbús rde la Ruta 34 me encontré un bolso negro de mujer y dentro una libretita donde venía una hoja de servicio de Telcel con este nombre y número telefónico.

¡¡¡Mi bolso!!!

-Sí, estoy llamándola para ponernos de acuerdo y entregárselo… (Ver para creer. En esta denostada capital mexicana una puede olvidar/tirar su bolso y alguien lo encuentra, teniendo la decencia de llamarla para devolvérselo). Como sea, el hombre al teléfono y yo nos pusimos de acuerdo para vernos al día siguiente –sábado- a las 7:00 AM, en una emblemática esquina de famosa avenida sureña.

Ese sábado, mientras me dirigía al encuentro con un absoluto desconocido, mi boquete estomacal empezó a cosquillearme al ritmo del montón de dudas y alguito de miedo que iba sintiendo; pero ni modo de regresarme. Mi mala costumbre de ser puntual hizo que llegara 15 eternos minutos antes que él… que ellos, pues el chico llegó acompañado por su primo a esa solitaria esquina. Me identificó (vía mi credencial para votar), se acercaron, saludaron y sin mayores preámbulos me entregaron mi bolso. Intacto su contenido -credenciales, billetera con dinero, otro libro, agenda, teléfono celular y llaves de casa, que ya para esta hora no me servían. Yo no sabía si besarlo o abrazarlo y como me daba pena ofrecerles dinero, los invité a desayunar, pero ellos se disculparon pues ya se les hacía tarde para irse a trabajar… debí repetir ¡¡muchas gracias!! unas veinte veces.

Los primos se fueron y yo me quedé en esa esquina un ratito… pensando en mi escepticismo...

.....................................
Ah... casi me olvidaba del ayuno...

En la acera de enfrente de esa solitaria esquina donde yo había recuperado mi bolsa y cavilado sobre mi escepticismo, hay una SexShop -cerrada a esa hora de la mañana- y ahí en plena entrada, sobre un cartel que muestra a una rubia de generosos y desbordantes pechos, alguna piadosa dama -o caballero vayan ustedes a saber,- pegó una cartulina con esta consigna:

"El ayuno purifica el alma, eleva el espíritu, sujeta la carne al espíritu, da al corazón contrición y humildad, disipa las tinieblas de la concupiscencia, aplaca los ardores del placer y enciende la luz de la Castidad" (San Agustín).

Y será cuestión de fe... pero soy escéptica al respecto...

marzo 18, 2009

héroes postmodernizados

Estoy releyendo Rojo y negro; y ahora, años después de mi primera lectura, no dejo de preguntarme si esos héroes, antihéroes y heroínas de la novela decimonónica, habrían perdurado en nuestra memoria de no haber padecido todas esas desgracias y terminado sus existencias de forma tan poco feliz. Recuerdo que alguna vez en la Universidad, un maestro de teoría social me dijo -a propósito de los personajes novelescos Ana Kerenina y Julian Sorel-, que de haber vivido en nuestra posmodernidad, ninguno de ellos habría terminado como terminó. Ni las heroínas como la Karenina encajaban en tiempos de las terapias de grupo, el prozac y el consumismo desmedido; ni los jóvenes apuestos, arribistas y ambiciosos como Julian Sorel, acababan tan mal; todo lo contrario, decía mi profesor... "por lo general, a esos les va muy bien".

Y yo de inmediato me imaginé a la Karenina en una sesión de grupo, tipo neuróticos anónimos:

"hola, mi nombre es Ana y soy una mujer adúltera que ante el repudio social y el desapego de mi amante, el Conde Vronski, había decidido suicidarme lanzándome a las vías del metro de Moscú"

Pasado algún tiempo, después de muchas sesiones terapéuticas -y una buena plata gastada-, Ana renunciaría definitivamente a su intento suicida, reafirmando su autoestima y mandando a paseo al Vronski, a su marido, junto con la "alta sociedad", para dedicarse a escribir uno de esos lucrativos libritos de autoayuda, titulado más o menos así: "Como intentar suicidarse sin morir en el intento" y tan, tan... happy ending.

Pobre Ana y qué horror de novela, como de Corín Tellado... con perdón de Tolstoi

Al que nunca he podido imaginarme es a Julian Sorel; por más que intenté posmodernizarlo no logré algo digno... ni de Corín Tellado. Un personaje tan complejo -como yo falta de imaginación- ¿convertido en un arribista cualquiera, BlackBerry y BMW deportivo, incluidos? Como sea, el hipotético derrotero posmoderno de la Karenina me parece menos prosaico, que el del héroe de Rojo y Negro convertido en un Gigoló de cuarta, cuyo modelo inspirador sea la revista Men's Health -en lugar del Memorial de Santa Elena que leía el personaje de Stendhal- y su única preocupación tener plata para ir al antro de moda y ligar con niñas bien, mientras la ñora millonaria que lo mantiene está con su cornudo marido? Eso pasa en cualquier telenovela. Afortunadamente, hay personas con gracia y talento como Rosa Beltrán, quien hace unos años reunió a Ana Karenina, Dorian Grey y Julian Sorel en la misma sesión psicoanalítica; me encantó su parábola posmoderna:

"Una mañana de verano del año en curso, tres personajes amanecieron con claros propósitos en mente. Ana Karenina pensaba arrojarse a las vías del tren, Dorian Grey había planeado vender su alma al diablo y Julian Sorel decidió alcanzar la cima del éxito. Pero los días difíciles no suelen anunciarse. Las cosas se complican sobre la marcha y se presentan de manera imprevista, una tras otra. Ana tuvo que recibir al gas, prepararle el desayuno al esposo y a los niños, revisar las tareas y llevarlos al colegio. Media cuadra después la asaltaron, tuvo que pedir dinero prestado, cambiar las chapas de su casa, volver al trabajo en taxi y enfrentar una jornada extenuante de su mal pagado empleo. Esa noche volvió tardísimo, muerta de agotamiento. No pudo llevar a cabo su plan; otra vez no tuvo tiempo.

Ese mismo día a las 7:45 a.m. en una sala de operaciones Dorian Grey preguntó al doctor: "¿Está seguro de que quedaré así, como estoy en el retrato?" "Igualito", respondió el cirujano plástico, y Dorian se entregó a un sueño anestésico. Dos horas más tarde despertó, la operación fue exitosa y no obstante, una enfermera le avisó al doctor que el paciente no había quedado contento. Que el rostro que le dejaron no es original, dice, sino una imitación en serie y por tanto, aunque no tenga arrugas, está envejecido de antemano... nació con un rostro viejo...

Ese mismo día por la tarde Julian Sorel decidió cambiar de táctica. Ya no trata de escalar socialmente a través de Madame Renal para obtener el éxito. Ahora lee manuales de autoayuda y superación. "Recicle su religión", dice uno. "La diversidad religiosa se inventó para hallar a Dios una vez que Dios ha muerto."

Dos noches después, los personajes emblemáticos del XIX se dan cita en su terapia de grupo. Su desgracia es que no pueden ser desgraciados. El mundo de hoy no admite el fracaso. ¿Cómo podrían ser protagonistas de una gran tragedia? El terapeuta sonríe, les explica: Se acabó el culto al self made man (y a la self made woman). Olvídense de heroísmos. Y de amor. Hoy lo importante es cuidar los términos. "Negociar" y "cortejar", por ejemplo. Hoy se negocia con el cónyuge y en cambio, se corteja a los superiores, para obtener un ascenso. En cuanto a la vida privada, ya no es un refugio. Ni la juventud, ni la amistad... Como pueden ver, hombres y mujeres se detestan. "No se trata de preferencias sexuales", interviene Dorian. "Es que... odio tenerlas cerca. No soporto que me llenen de mimos, que me halaguen todo el tiempo y me pregunten cómo hago para estar tan bien. Y cuando me piden el teléfono de mi cirujano para que les deje un rostro como el mío... cierro los ojos e imploro paciencia." "No es que quiera estar de su parte", dice el joven Sorel, "pero, ¿por qué viven tan crispadas? ¿Por qué creen que tienen que estar nerviosas todo el tiempo? Y por qué tienen que asestarnos su dosis de indignación por lo que les ha hecho la Historia, la maternidad, las hormonas... ¡Y sus exigencias sexuales! ¡Y su autocompasión!" "Y lo que han hecho con la ecología, ¡Dios santo! Han tapizado el planeta de objetos de plástico inútiles amados por su género." Ana se defiende agrediendo. Intimida y exige, y al final llora. ¿Se da cuenta el terapeuta cómo todo es un problema de género? Él le promete una técnica para responder a este tipo de ofensas que le asegurará una posición dominante en los puestos de poder y en los cócteles. Luego intentará eliminar su sentimiento de ansiedad, de culpa e inferioridad ante el adulterio. Pero esto no ocurre, y en cambio Dorian ve su espejo, Julian su reloj, Ana bosteza. Suena un timbre. ¿Quién se acuerda del motivo de la discusión? ¿A quién le importa? La sesión termina, catarsis cumplida y nos vemos la semana que entra."

[Rosa Beltrán, Parábola Postmoderna
Publicado en La Jornada Semanal, 23 de mayo de 2004]


ilustración: El tren de José Ma. Velazco

marzo 14, 2009

agricultura high tech

Tres mil 840 plantas de marihuana fueron descubiertas en un rancho de Tecate, Baja California, en un espacio subterráneo con aire acondicionado y equipo sofisticado para acelerar el crecimiento del enervante, informaron autoridades policíacas. Foto Ap


Quien dijo que en nuestro querido Mexiquito no teníamos agricultura tecnificada? Es más, los lamentos llegaron al grado de afirmar que ya no teníamos agricultura, pues el campo mexicano está muerto. Creo que yo fui una, entre muchos otros catastrofistas.

Cuán equivocada estaba¡! Basta con mirar la belleza de plantitas que se cultivan en ciertas regiones de este país, para refutar mis pesimismos... y de paso homenajear, una vez más, al pobre André Breton.

Quería yo agricultura high tech? Pues aquí la tengo, para que ya no ande quejándome de que hasta las lechugas que me como son importadas...

Por cierto... ¿a qué sabrá la ensalada de lechuga mezclada con hojas de cannabis, en lugar de las de arúgula?



Nota al margen: el policía pareciera estar consternado por tener que quemar esas plantitas tan bonitas...

marzo 12, 2009

amapolas...

Resignada a llevar su viudez con una dignidad rayana en el estoicismo, la doña se dedicaba a atender su pequeño almacén de abarrotes desde el amanecer hasta el anochecer y con lo que éste le daba a ganar, hacía malabares para pagar la educación de sus hijas en un colegio de la capital… donde estaban a buen resguardo bajo la supervisión de la monjas de la orden carmelita. Para la viuda, su vida social se reducía a ir a misa los domingos y al mercado los sábados, alguna esporádica visita a sus suegros o comadre y no mucho más; a su vida la definía el tedio. ¿Y qué hacer para entretener ese tedio? Pues llenarlo con tejidos, bordados, rezos y flores. Desde que enviudó no había hecho otra cosa y además, las flores se le daban bien; el patio de su casa estaba poblado con árboles de guayaba, limoneros y flores como geranios, hortensias y dos matas de amapola, su flor favorita con ese vistoso tono rojizo, el llamado color “coral”. Y mientras ella cuidaba con devoción de las amapolas, éstas parecían corresponderle, creciendo preciosas, abundantes y resistentes a las ocasionales inclemencias climatológicas. Sus flores predilectas para adornar el altar de San Judas Tadeo, el Santo Patrono de los casos difíciles y desesperados. No es que tuviera alguna dificultad suprema para ameritar la intervención de San Juditas, como cariñosamente le llamaba; simplemente que ese santo le “caía bien” por humilde, tan alejado de esa devoción oficial y exagerada de que es objeto la Virgen de Guadalupe [“La Emperatriz de América "; vaya presunción pensaba ella, un santo y más una virgen, debieran ser ante todo... ejemplo de humildad]. Por eso ella se llevaba bien con San Judas, a quien más que rezarle... le platicaba sus cosas, mientras el santo del manto verde se limitaba a escucharla bajo la piadosa mirada de sus ojos de canica, sin emitir juicio alguno, ni intentar interrumpirla, contradecirla o acallar su pláticas... aguantando silencioso y estoico como el Santo que era -ningún macho de la provincia mexicana habría aguantado semejantes monólogos. Y en pago por esa atención conmiserativa, al pequeño altar de San Judas nunca le faltan flores frescas, casi siempre amapolas.

Flores tan bellas, como fuertes y nobles. Cómo se iba a imaginar la viuda que por causa de sus amapolas, iría a dar con sus huesos al cuartel militar... a un tris de ser condenada y encarcelada, quizá de por vida, tratada como una "gomera más". En ese tiempo, finales de los años 60's del siglo pasado, los militares destacamentados en los poblados de la Sierra Madre del Sur dividían sus afanes, entre perseguir y matar guerrilleros y quemar plantíos de amapola, llevándose presos a los campesinos -a quienes se les llamaba gomeros-, quienes por un mísero salario las cuidaban de sol a sombra, mientras los verdaderos dueños y negociantes permanecían intocables en algún poblado del norteño estado de Sinaloa o incluso en alguna ciudad fronteriza estadounidense. Amapola, cultivo prohibido pues la resina que genera forma una "goma" que una vez procesada, se transformaba en la heroína tan apreciada en ese entonces por los gringos; claro que se necesitaba juntar la resina extraída a unas cien plantas para obtener apenas un kilo de "goma". Y por supuesto que una cosa era fumigar o quemar los grandes plantíos ilegales, cuyo producto tenía como destino los laboratorios clandestinos en la frontera mexicano-estadounidense, así como encarcelar a los campesinos y cuidadores de las siembras. Y otra muy distinta, llevarse abruptamente a una solitaria viuda de cuarenta y pocos años, por tener dos plantas de amapola en el jardín de su casa; amenazándola además, con encerrarla de por vida si no delataba a sus cómplices [si a nivel nacional la justicia opera con ceguera, en el campo mexicano, las injusticias y arbitrariedades sobrepasan cualquier miseria imaginada]. Y por primea vez en sus 44 años, la viuda sintió verdadero miedo; un miedo atroz al imaginarse acabando sus días ahí encerrada, sin recibir ayuda de nadie. Y es que en casos como el suyo, sin juicio ni procedimiento legal alguno, podrían inculparla de lo que quisieran y hacerla firmar, bajo amenaza de tortura, cualquier declaración. Las cosas que pasaron por su mente, bien aceitada con los dramas de Humillados y ofendidos y La madre, la hicieron temblar... fueron las 48 horas más largas de su vida. Hasta que sucedió una de esas casualidades como sacadas de la literatura: un comando guerrillero atacó un destacamento militar, con lo cual los soldados asentados en la región enfrentaban serias dificultades y precisaban unir fuerzas para perseguir y castigar a los guerrilleros. Así que no estaban como para perder el tiempo con una vieja loca que no tenía ningún antecedente y cuyo mayor extravío era afirmar que platicaba con un Santo con manto verde y ojos de canica, jurando además por ese mismo Santo, que solo cultivaba las amapolas por la belleza de sus flores y que éstas tenían como destino, no un laboratorio clandestino, sino el altar del Santo Patrono de los casos desesperados. Después de mucho discutirlo y tras recibir una orden directa del Secretario de la Defensa, para que se dejaran de babosadas y se pusieran en camino a lo alto de la Sierra en pos de los guerrilleros, a los milicianos no les quedó más remedio que soltar a la viuda.

Y así fue como después de sufrir algunos contratiempos más, la viuda finalmente se encontró de regreso en su casa y apenas hubo entrado, lo primero que hizo fu dirigirse al patio a ver cómo estaban sus amapolas.

---¿Las vas a arrancar verdad? le preguntó su comadre que andaba husmeando por ahí desde antes que se la llevaran los soldados.

¿Cómo crees? Con lo bonitas que están y además, son mis flores favoritas... y las que le gustan a San Judas...





marzo 09, 2009

8 de marzo... ¿qué festejamos?

Por ser el día internacional de la mujer, los miembros del Congreso se llenaran la boca hablando de lo mucho que les importa el bienestar de las mujeres y detallando los infinitos avances que merced a sus acciones, se han alcanzado. Los gobernantes enumeraran los grandes beneficios que sus gobiernos han acarreado, defendiendo y fomentando la equidad de género y hasta enarbolarán como uno de sus logros, esa cosa llamada "empoderamiento femenino"... y bla, bla, bla. A los políticos y gobernantes, habrá que pedirles que en sus discursos y declaratorias no olviden hacer partícipes de esos grandes logros y ejemplares muestras de respeto... a...

las mujeres de Ciudad Juárez, quienes siguen siendo ultrajadas y asesinadas, a causa de su condición sexual y origen social;

a las niñas y adolescentes violadas y embarazadas, a quienes las propias autoridades gobernantes, en contubernio con la Institución Eclesiástica, obligan a parir hijos producto del odio y el ultraje, con lo cual ya no será una, sino dos, las vidas desgraciadas;

a las mujeres campesinas e indígenas, a las sexo-servidoras y a las trabajadoras domésticas, víctimas de la discriminación social y racial.

A todas ellas y las que se me olviden, nuestras gloriosas autoridades y representantes populares, deberán informarles que se celebra el día internacional de la mujer; remarcándoles que esas ceremonias plagadas de retórica barata, son solo una pequeña muestra de lo mucho que ellos trabajan en pos de los derechos humanos y ciudadanos de las mujeres...
Y así, los políticos cumplirán un acto demagógico más de los muchos que pueblan su agenda oficial; mientras nosotras las mujeres, nos sentiremos tan enaltecidas, aguardando ansiosas el próximo festejo gubernamental del 8 de marzo, día internacional de la mujer...

Nosotras queremos ver y oler las flores.
Queremos flores de los que no se alegraron cuando nacimos hembras en vez de machos,
Queremos flores de los que nos cortaron el clítoris Y de los que nos vendaron los pies
Queremos flores de quienes no nos mandaron al colegio para que cuidáramos a los hermanos y ayudáramos en la cocina
Flores del que se metió en la cama de noche y nos tapó la boca para violarnos mientras nuestra madre dormía
Queremos flores del que nos pagó menos por el trabajo más pesado
Y del que nos corrió cuando se dio cuenta que estábamos embarazadas
Queremos flores del que nos condenó a muerte forzándonos a parir a riesgo de nuestras vidas
Queremos flores del que se protege del mal pensamiento obligándonos al velo y a cubrirnos el cuerpo
Del que nos prohíbe salir a la calle sin un hombre que nos escolte
Queremos flores de los que nos quemaron por brujas
Y nos encerraron por locas Flores del que nos pega, del que se emborracha
Del que se bebe irredento el pago de la comida del mes
Queremos flores de las que intrigan y levantan falsos
Flores de las que se ensañan contra sus hijas, sus madres y sus nueras
y albergan ponzoña en su corazón para las de su mismo género

Tantas flores serían necesarias para secar los húmedos pantanos
donde el agua de nuestros ojos se hace lodo;
arenas movedizas tragándonos y escupiéndonos,
de las que tenaces, una a una, tendremos que surgir.

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres. Queremos flores hoy. Cuánto nos corresponde. El jardín del que nos expulsaron.

[8 de marzo, Gioconda Belli]


ADENDA, el maestro José Saramgo recién ha publicado esto en su blog...

8 de Marzo de José Saramago

"Acabo de ver en los informativos de televisión manifestaciones de mujeres en todo el mundo y me pregunto una vez más qué desgraciado mundo es éste en que todavía la mitad de la población tiene que salir a la calle para reivindicar lo que para todos ya debería ser obvio… Me llegan informes oficiales de solemnes instituciones que dicen que por el mismo trabajo la mujer cobra el 16 por ciento menos, y seguramente esta cifra estará maquillada para evitar la vergüenza de una diferencia aún mayor. [...] Dicen que mis mejores personajes son mujeres y creo que tienen razón. A veces pienso que las mujeres que he descrito son propuestas que yo mismo querría seguir. Quizá sean sólo ejemplos, quizá no existan, pero de algo estoy seguro: con ellas el caos no se habría instalado en este mundo porque siempre han conocido la dimensión de lo humano."


marzo 06, 2009

necesito más tiempo...

“Nos acercamos a un tiempo en el que sólo podrá atraernos aquello para lo cual no tenemos respuesta”. René Char

El tiempo me obsesiona e intriga; me aprisiona y limita; me invita y me llena de promesas; me salva y me consume. Lo persigo y me persigue; es mi aliado y enemigo; mi par o un completo extraño.
Tiempo, tiempo; necesito más tiempo...
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Después de haber pasado juntos un tiempo que se suponía formidable, descubrió que necesitaba más tiempo para saber si eso que tenían, era lo que realmente quería y así se lo planteó.

--¿Cuánto? fue la respuesta lógica

No lo sé, respondió; dependerá de cómo me sienta. Pudo decir simplemente esto ya no es lo que quiero; pero escogió poner de por medio una especie de frontera temporal e indefinida. Temor a decir las cosas como son, autoconvencerse de que no es miedo a enfrentar la verdad, sólo el bien intencionado deseo de no lastimar al otro.

Encontrar escapatorias en el "necesito más tiempo". Si el tiempo todo lo cura, como reza el refrán, qué mejor subterfugio que dejar al tiempo decidir por uno. Pero la mayoría de las veces, ese rompimiento a cuentagotas… resulta más doloroso y desgastante que una ruptura sin tiempos fuera.

¿Cuánto tiempo se necesita para animarse a decir que una relación no va más?
--Podría haber contestado que cinco minutos o cinco semanas; habría sido lo mismo: posponer lo inevitable. Y sin embargo, aún sin desearlo, al aplazar esa decisión se ha marcado una frontera –entre el antes y el después del “necesito tiempo”-, difícilmente franqueable.

“La frontera más importante del ser humano es la que está dentro de cada uno de nosotros, dentro de nuestro propio ser, y es incluso la frontera más difícil de entender: la frontera entre el cuerpo y el alma. No sabemos dónde empieza una y termina el otro, y por eso vivimos en la ignorancia de lo que somos”. Carlos Fuentes
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Necesito tiempo. ¿Cuánto? No mucho, apenas cinco minutos para abandonarme y perderme en esos ojos que piden a gritos ser entendidos cuando me miran.
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Tu voz habla amorosa...
Tan tierna habla que me olvido
de que es falsa su blanda prosa.
Mi corazón desentristece.

Sí, así como la música sugiere
lo que en la música no está,
mi corazón nada más quiere
que la melodía que en ti hay...

¿Amarme? ¿Quién lo creería?
Habla

con la misma voz que nada dice
si eres una música que arrulla.
Yo oigo, ignoro, y soy feliz.

Ni hay felicidad falsa,
mientras dura es verdadera.
¿Qué importa lo que la verdad exalta
si soy feliz de esta manera
?

[Tu voz habla amorosa. Fernando Pessoa]




marzo 03, 2009

mis últimas palabras...

Decía Federico Engels que las últimas palabras son cosa de tontos; una pretensión de los seres que en vida no dijeron lo suficiente. Y si al decir “lo suficiente”, el filósofo alemán se refería a la trascendencia de lo expresado. desde esa perspectiva, seguro yo seré de quienes, llegada la hora final, pretenderé dejar mis “últimas palabras”. Lo raro es que hasta el día de hoy –o hasta el fin de semana pasado, para mayor exactitud- nunca había pensado en mi epitafio o en las últimas y “trascendentes” palabras que me gustaría decir antes de morir. Quizá se trate de delirios provocados por esas pastillitas amarillas que me recetaron para aliviar un poco las molestias de la gripa, pero la noche del domingo por primera vez en mi santa vida pensé en ello. En principio, solo estuve elucubrando sobre epitafios y últimas palabras; más tarde, me sumí en un sueño un tanto extraño el cual estuvo aderezado con secuencias de una película que vi hace mucho tiempo.
En mi sueño yo dormía, pero de pronto me despertaba sentada en una vía de tren situada en medio de la nada; allá en el lugar más solo del mundo, por donde no se veía venir ningún tren, ni circular a persona alguna. Y yo sentada ahí en plena vía, pensando en lo bueno que sería cambiarme -temporalmente o para siempre quizá, no lo recuerdo- por otra persona y habitar en un lugar tan distante como distinto al de mi entorno actual. Pero no había forma de trasladarme, pues frente a mí solo estaba esa vía desierta, a los lados la nada y el tren no daba señales de acercarse…
[la película con la que relaciono mi sueño se desarrolla en un pueblo recóndito y frío, donde dos hombres mayores cuya disparidad sería absoluta de no ser por la coincidencia generacional, establecen una improbable relación amistosa. Uno es un misterioso y callado fuereño, llegado en tren hasta ese pueblo con la encomienda de robar el banco local; el otro parece habitar ahí desde siempre y es un profesor de poesía jubilado y algo parlanchín, que también deberá cumplir con un compromiso importante: operarse del corazón… el mismo día que el otro planea robar el banco. En algún momento de la historia, cada uno de estos hombres, especula con cambiarse por el otro: el poeta fantasea con ser un asaltante y el asaltante se imagina como maestro de literatura.] fin del spoiler.
Desperté como a las tres de la mañana, sin que el tren hubiera llegado y sintiendo un frío tremendo. Pero como tardé en volver a conciliar el sueño, pensé en que si tuviera que dictar mis últimas palabras y a falta de originalidad, de momento –digo, a lo mejor en unos años se me ocurre algo decente- me quedo con las que se atribuyen al moribundo Oscar Wilde:


"Muero como he vivido, más allá de mis sueños"
[se cuenta que Wilde tenía una copa de champán al lado de su lecho de muerte; quizá sea solo un mito, pero la idea me parece genial y muy de él]




"Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.

No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo...
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes."


Despedida, Jorge Luis Borges


marzo 01, 2009

luna a cucharadas... dispensen la cursilería

La Ciudad de México, caótica, violentada y vilipendiada, aún es capaz de prodigarnos sorpresas gratas y hasta invitarnos a soñar, al menos a nosotros los seres poseedores de un espíritu cursi y kitsch. La noche del viernes 27 de febrero fue una de esas ocasiones, apenas un fenómeno de la naturaleza: la conjunción de la luna y venus. Nada extraordinario, de no ser porque en esta ciudad no resulta fácil poder distinguir a simple vista a Venus, el planeta del amor -les dije que andaba a cursi- y menos al lado de luna, cuando ésta inicia su fase creciente. El viento fresco, una noche especialmente clara y una tibieza que podía olerse, bastaron para dejarse llevar por la contemplación de este luminoso prodigio celestial y de paso olvidarse, así fuera por solo una noche, de la recesión, los asesinatos y los demás sucesos cotidianos, con los cuales la cruda realidad se empeña en negarnos... el derecho a la ensoñación.

Y para acompañar una noche clara, para acompasar ese luminoso encuentro en la bóveda celeste, nada mejor que Claire de lune de Claude Debussy...
y la pluma de Jaime Sabines.


Claire de lune



La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.

[Jaime Sabines, La luna]




La conjunción de selene y venus
, anoche desde la Ciudad de México, fotografiada por Alfredo Domínguez