Intrusos. Algún duende del ciberespacio hizo que en los «Feed RSS» de mi blog se colaran unos post rarísimos, cuyo origen y temática me son completamente ajenos. Pero como soy una inútil de tiempo completo en la materia, no tengo la menor idea de cómo deshacerme de ellos, así que tendré que esperar en que así como llegaron desaparezcan. A menos, claro, que alguna alma caritativa de mis amables lectores me haga del favor de iluminarme para poderme deshacer de esos intrusos.Simulaciones. A diez mil kilómetros de mis superfluas preocupaciones cibernéticas, en una húmeda ciudad europea se han reunido unos señores muy bien vestidos y poderosos, ferreros defensores del libre mercado, para hablar del tema de moda: la recesión mundial. Y la reunión será lo que suelen ser este tipo de reuniones: una pasarela que incluye sesión de palmaditas en la espalda, enriquecida en esta ocasión con el besamanos al recién ungido inquilino de la Casa Blanca y la degustación de algún vino de la mejor cosecha. Luego simularán la búsqueda de soluciones para la recesión mundial... por ejemplo, salvar de la quiebra a sus amigos baqueros y empresarios y todos saldrán felices y contentos, satisfechos por haber cumplido con su deber histórico...
Ah... y todo con cargo al dinero de los contribuyentes, por su puesto... que alguien debe pagar la crisis...
Cataplasmas. Como no sé de, ni pretendo buscar ningún remedio para la crisis de la economía global, lo cual no significa que yo no lo necesite, seguiré el consejo de Dostoievski evadiéndome o escudándome en mi propio carácter, aunque con algo de ayuda de la poesía de Jaime Sabines
"No hay mejor forma de evasión que la de escudarse en el propio carácter, porque nadie cree en el". Dostoievski, Los Demonios
"Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón."
Jaime Sabines
imagen Bières de le Meuse, Alphonse Mucha










