adaptaciones

Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré de mi mundo. Me adapto a mí misma. [Anaïs Nin.]

enero 31, 2009

di no a las drogas

Seguro ya lo saben; pero igual lo comento. Para no variar, la Santa Madre Iglesia Católica Apostólica y Romana, siempre al pendiente de nuestra buena conducta y al cuidado de nuestra moral, considera que masturbarse, no solo es un pecado sino que además, puede convertirse en un vicio adictivo... equiparable al de cualquier droga. Aquí una perlita del pensamiento católico... virtual (desde el sito Catholic.net -):
masturbarse es un pecado y un vicio adictivo, como una droga


Y aquí un divertido video, sobre las vicisitudes de este placer tan pecaminoso y adictivo


Bueno, ahora solo faltaría que la DEA de la masturbación establezca una prueba antidoping, para determinar nuestro grado de adicción... e intoxicación, en materia de este placer solitario.

enero 30, 2009

las otras orfandades...

¿Eres huérfana?

A los seis años, esa pregunta sonó, más que incomprensible, absolutamente inconcebible. Ni por significado etimológico, mucho menos por la sensación que pudiera provocar, tenía lugar en la inmaculada mente de esa niña.







"How happy is the blameless vestal's lot!
The world forgetting, by the world forgot.
Eternal sunshine of the spotless mind!
Each pray'r accepted, and each wish resign'd."
Alexander Pope


Papá era una presencia ausente y al mismo tiempo, permanente. El sentimiento de amor paternal estaba perfectamente asimilado en ella, por lo que ver al Papá unas seis veces al año, no mermaba ni un ápice ese sentimiento. Al contrario, lo magnificaba. A una edad en que los héroes emergen de las narraciones de Hans Christian Andersen o Charles Perrault, su mayor héroe era justamente Papá. Él que debía viajar 500 km para visitarlas a ella y a la abuela, trayendo consigo algún regalito, quizá manufacturado por la madre; el que se mostraba admirado ante las obras de arte, que ella había seleccionado cuidadosamente -de entre todos los trabajos elaborados en la aula de la escuela- la noche anterior a su llegada, para que así Papá constatase ,que la niña sabía hacer un montón de monerías... claro, con una ayudadita de la Miss Ceci, pero eso por sabido, ambos lo omitían. Una relación tejida en la ausencia, no en la presencia ni el contacto cotidiano. Y no obstante, ella podía reconocer su voz entre todas las voces de su pequeño mundo; podría identificarla perfectamente, pese a que apenas intercambiaban cariños por el teléfono cuando él llamaba a la abuela; quien, sobra decirlo, era el hilo conductor, el vaso comunicante entre ambos. Pero eso tampoco repercutía negativamente en el amor, en el cariño idealizado con el que ella veía, recordaba y había construido a su Papá ausente, pero tan presente en los hermosos ojos de la abuela. Tampoco le afectó que no acostumbrara escribirle cartas; si acaso, alguna postal esporádica mostrando un paradisíaco atardecer del puerto donde él habitaba.

Papá siempre había estado ahí, omnipresente y ausente, pero no lejano; amado e idealizado; recordado, pero no añorado porque solo se añora en la lejanía. Nunca, en todos esos años sintió ni concibió ese sentimiento al que aludía el ¿eres huérfana? Nunca; hasta aquel infausto día en que abrazada a Papá, veía cómo el ataúd de la abuela era depositado en ese frío mausoleo. Entonces, ya dueña de una rabiosa adultez y sin necesidad de explicaciones etimológicas o de las otras, de golpe y porrazo se supo presa de la sensación de orfandad, a que hacía alusión aquella inocente pregunta de su infancia.

Hay quienes nunca recibieron una carta paterna y aún habiéndola necesitado, aceptarían que algunos no nacieron para escribir cartas. Pero hay otros, que sin haberlo deseado van y encuentran cartas de las que hubiera sido mejor, jamás saber...

"No soy de los que creen que el mundo se hace inhabitable porque aparecen o desaparecen las modas y la ideas de antaño. Estoy seguro de que la vida de mañana seguirá siendo maravillosa e infernal, como la de hoy y la de ayer. Pero cada cual tiene derecho a enterrar su corazón en lo que ama..."
Jorge Luis Borges.



enero 26, 2009

del común denominador

Estimados lectores y visitantes esporádicos de este blog:

Son contadísimas las ocasiones en las que me permito sucumbir al canto de las sirenas del optimismo y justo hoy que me disponía a intentarlo, vino la terca realidad a contradecirme. Tal pareciera que la tecnología y la imaginación se pusieron de acuerdo para abandonarme al mismo tiempo. Primero y sin que mediara explicación alguna, mi proveedor de Internet tuvo a bien dejarme fuera de la red y luego, para no ser menos, mi imaginación decidió imitarlo. Tengo más de 24 horas intentando extraerle algo digno de ustedes, algo que no me haga sentir pena por mí misma, algo que sea un poco más que un lugar común. Y nomás no lo consigo.

Y en medio de mi sequía imaginativa, pienso que quizá en mayor o menor medida, todos habitamos en un mundo de lugares comunes. Podemos pensar que no es así, pretender que nosotros hacemos la diferencia y que a nuestro pequeño mundo lo rodea la mar de la originalidad; pero en realidad no es así. Ya sea la pobre mujer pueblerina que sueña con tener el orgasmo de su vida, ese que quizá jamás ha tenido; o el hombre maduro soñando con seducir a la chava más buena de su empresa; o el recién egresado de la universidad más cara del país imaginando ascender al pináculo el estrellato empresarial y un día figurar en la lista del Forbes; o el escritor desconocido soñando con ser publicado por una gran firma editorial; o el niño distraído soñando con aprobar matemáticas; o el vendedor ambulante que en plena recesión, sueña con vender toda su mercancía; o el necesitado de un corazón soñando con la aparición del donador compatible… todos ellos, más un incontable y diverso etcétera de seres humanos, habitamos en el lugar común de los sueños. Algunos, alcanzables; otros, no tanto. Pero al final de cuentas, en tanto no se materialicen y sin importar lo elevado o humilde de su naturaleza, esos deseos permanecen en la esfera de los sueños. El mismo lugar donde permanece mi deseo imaginativo.


Alguna vez, hace mucho tiempo ya, leí un libro que bien podría ser totalmente olvidable de no ser porque ahí encontré una cita atribuida a Marcel Proust, el escritor no estaba seguro de su autoría, que me encantó. Aquella cita se me quedó grabada, quizá de manera inexacta, pero no la he olvidado; según recuerda mi memoria recubierta con triple capa de teflón, decía más o menos así:

"nuestros sueños se cumplen, pero se cumplen demasiado tarde, cuando ya se ha ido de nosotros la pasión que nos hizo engendrarlos y la ingenuidad que nos llevó a confundirlos con el sentido mismo de nuestra existencia"

enero 23, 2009

pura fantasía

Ese pueblo se había ido quedando sin hombres; eran pocas las familias que no tenían a un hijo, hermano, padre, primo etc., trabajando en el vecino país del norte. Cada familia había sufrido, más o menos, para pagarle al pollero que "ayudó" a cruzar la frontera a quienes partieron en busca del sueño americano, dejando atrás todo. Tantas historias distintas y a la vez, tan iguales. Y ya casi no quedaban hombres para trabajar en las pocas tierras cultivables; tampoco para ayudar en la crianza de sus hijos, acompañar y amar a sus mujeres. Y éstas, desde muy jóvenes habían aprendido a hacerse cargo de sus familias y a trabajar en lo que se pudiera, porque los dólares tardaban en llegar. Mujeres con una vida sin mayores expectativas; solas, siempre solas. Como Alicia, cuyo marido había cruzado la frontera cinco años atrás y desde entonces solo había regresado por breve tiempo en dos ocasiones y aunque los dólares continuaban llegando -cada vez en menor cantidad-, con dólares o sin ellos, cinco años de espera y soledad eran muchos. Demasiada frustración al ver que en ese pueblo nada cambiaba; inaguantable la tristeza provocada por la vida monótona, la soledad y tantas necesidades insatisfechas. Además de trabajar como dependienta en el almacén central, Alicia se hacía cargo de casa, hijos, padres y hasta de sus suegros, quienes parecían cuidar las pertenencias del hijo lejano y ella que antes de la partida de él, era alegre y vivaz, se había vuelto callada con un eterno dejo de melancolía en la mirada y una sensación de hartazgo en todo el cuerpo. Tanta soledad, tedio... y Alicia añoraba, ya no tanto al marido ausente y cada vez más lejano, sino la compañía de un hombre; un hombre. Pura fantasía se decía; algo imposible de realizar en ese pueblo tan pequeño, donde se sabía observada y limitada. Además ¿cuál hombre? si los pocos que quedaban, o estaban muy viejos o eran casados, o las dos cosas; así que no había un solo hombre real que le provocara fantasías. Hacía tanto que no estaba con un hombre -es decir con su marido, el único hombre con el que había estado-, que ni siquiera podía imaginar cómo sería estar con otro; es más, ya ni se acordaba cómo era estar con un hombre.


Pero hasta en ese pueblo donde nada parecía cambiar, podían pasar cosas y un día cualquiera, se apareció en el almacén el ingeniero recién llegado al pueblo, junto con la cuadrilla de trabajadores que pavimentarían el polvoso camino rural; entró a comprar cualquier cosa -ya no recordaba qué, tan alelada se había quedado ante la presencia de éste. Más tarde, en la soledad de su cama Alicia se recriminaba por no haber disimulado su perturbación ante esa inesperada presencia masculina; su rubor ante la insistente mirada de él cuando le preguntó por algún lugar cercano donde pasear los fines de semana. Recordando la escena de esa tarde, volvíó a sentir arder su mejillas y de pronto, casi sin darse cuenta, se encontró fantaseando con el ingeniero, imaginando qué se sentiría estar con un hombre como él; alguien de quien no sabía absolutamente nada, excepto que era el primer hombre real que le provocaba fanstasías ¡y qué fantasías! Casi no poder creer la clase de situaciones comprometedoras que se estaba imaginando; no daba crédito de las cosas que venían a su mente; sería la sequía, pero ella era capaz de recrear cualquier escenario, toda tipo de acciones, más que sugerentes y hasta las sensaciones que estas le provocarían. Y aunque solo fuesen las fantasías propias de una mujer hambrienta de compañía y de afecto, era algo que le acarreaba una inusitada e increíble sensación de bienestar; seguramente no pasaría de eso, pero por lo menos esa noche -y muchas más, pronto lo descubriría-, ella se sentía casi feliz... fantaseando con el ingeniero de quien no sabía ni su nombre.

enero 21, 2009

días de humo

No sé cuándo fue la última vez que me emocioné con un discurso político y le creí al hombre que lo decía; es más, no recuerdo si alguna vez le he creído a algún político, menos que me haya emocionado con él. Me pasa la Obamanía por todos lados y me sorprendo de no compartirla, pese a despreciar a George Bush por sobre todos los sátrapas de esta tierra. Yo siempre tan afín a las causas perdidas y adoradora de los héroes improbables, veo la Obamanía global e intento recordar cuándo fue la última vez que sentí algo parecido. Lo más cercano, y a kilómetros, fue mi hoy desaparecida U2manía; esa que me llevó a formarme por horas en las taquillas del Azteca para un concierto en 1997, escuchar sus discos todo el día y ver en su baterista Larry Mullen Jr., al Dios Gaélico de mis sueños (él sigue estando buenísimo, que eso no se quita como si fuera gripa). Los políticos deben ser los seres en los que menos confío; llaméense como se llamen, tengan el color de piel que tengan y así sean los poseedores de la sonrisa del millón. Eso debe ser común a muchas personas; pero en alguien egresado de Ciencias Políticas, el que la política te provoque dolores de cabeza y nauseas a partes iguales, ya no lo ha de ser tanto. Dice mi papá que me volví escéptica y perdí la fe en los políticos por culpa de las historias que me contaba mi abuela. Quizá tenga razón. Somos oriundos de la región serreña donde incubó una de las primeras guerrillas de este país, allá por los años 60 y 70 del siglo pasado [guerrilla outsider, sin uniformes a la moda ni armas sofisticadas financiadas sabe Dios por quién; liderada por maestros rurales y no por farsantes encapuchados que posan para la portada de Quien y Gatopardo y dan entrevistas en directo en el canal de las estrellas]. Mientras los demás niños crecieron escuchando historias de aparecidos, yo crecí escuchando increíbles historias de apóstoles de la educación, que por la mañana daban clases en la destartalada primaria rural y por la tarde hacían asambleas en las que hablaban de revoluciones, en búsqueda de caminos políticamente incorrectos, que les ayudasen a cambiar el jodido presente y negro futuro de esa región, dejada por Dios en manos de los gobernantes caciquiles del sempiterno PRI. Escuché de sus acciones de héroes equivocados, de sus actos, algunos violentos, pero nada comparables a la sarta de mentiras que cuenta la historia oficial para así justificar la represión y la guerra sucia de los años 70's. También supe que al final de cuentas de nada sirvió, los guerrilleros fueron apresados, torturados, encarcelados y asesinados; la región siguió igual de jodida y continuó siendo gobernada por el hijo del hijo del cacique en turno. Cambiaran de color de partido, pero no dejan de ser los mismos miserables de siempre

Y como si con esas historias no hubiera yo tenido suficiente, no tuve mejor ocurrencia que meterme a la Facultad de Ciencias Políticas. Tras cuatro años, salí convencida de que los políticos del mundo real distaban mucho de los idealizados por Max Weber y además, distorsionaban y desprestigiaban a Maquiavelo el padre la Ciencia Política Moderna y no un estulto, como suelen ser la mayoría de los políticos de este país. La política: el arte de negociar; debe ser conocimiento, experiencia y aprendizaje. Pero para mí, la política es parecida al amor: encarna honestidad y valor. Se requiere honestidad para reconocer cuando no es lo adecuado y valor para cambiar y alejarse; se necesita más valor y honestidad, para seguir ahí a pesar de todo, contra todo; sin condescender ni traicionar.

Y no obstante mis escepticismos, a veces quisiera confiar en algún político; creer que de verdad tiene, no solo buenos deseos, sino intenciones reales de llevarlos a cabo; que tras sus encendidos y poéticos discursos hay algo más que las hermosas palabras nacidas de la pluma de un joven y ardoroso poeta. Lástima que gobernar bien a un país, requiera algo más que poesía encendida y buenas intenciones; lástima que para el amor, la más ardorosa poesía no sea suficiente.

Pero me gustan los poetas…

""Cada vez que nos dan clases de amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros

en mi región hay calvarios de ausencia
muñones de porvenir/arrabales de duelo
pero también candores de mosqueta
pienos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde sus huertos
nostalgias inmóviles en un pozo de otoño
sentimientos insoportablemente actuales
que se niegan a morir allá en lo oscuro"

[El gran simulacro Mario Benedetti, fragmento]


UP DATE Y para poner pies en polvorosa… es decir, en la tierra...

Emir Sader: Obama y nosotros

enero 18, 2009

french kiss

México sigue homenajeado un día si y otro también, a André Bretón padre del surrealismo; este país sumido en crisis de identidad, credibilidad y valores, además de las otras crisis, todavía es capaz de sorprenderme... casi a diario. A veces de manera grata -las menos, la verdad sea dicha- y otras de manera ingrata. Pero en ocasiones, con sucesos que por más patéticos que sean, no dejan de tener su cariz divertida. Este es uno de ellos, tan inusitado que ya hasta tuvo su revire. Se trata del Bando Municipal de Policía y Buen Gobierno promulgado por el Alcalde de Guanajuato el pasado martes 13 de enero; el cual prohíbe los besos intensos, la mendicidad, la realización de manifestaciones ciudadanas, así como decir malas palabras... en sitios públicos (y a los mexicanos que casi no nos gusta mentar la madre y mandar al carajo a quien se lo gane). Los cuales serán considerados como conductas delictivas y castigadas con el pago de una multa o el encarcelamiento. Guanajuato, una pequeña ciudad de arquitectura colonial ubicada en el centro de México, es sede permanente del Festival Internacional Cervantino y entre sus atractivos, sin duda se destacan sus pintorescas callecitas como sacadas del siglo XIX, una de ellas llamada justamente el Callejón del beso. El caso ya ha sido profusamente documentado en prensa escrita e Internet... hasta la flemática BBC lo publicó en su portal: Prohíben besarse en público. Pero el asunto de los besos delictivos fue tan criticado y burlado que el Alcalde de dicha ciudad, Eduardo Romero Hicks, se vio orillado a dar atrás en la aplicación del mismo, congelándolo hasta nuevo aviso, una vez que sea enriquecido... por la opinión pública (las malas lenguas -entre las que se encuentra la mía- dicen que no fue solo el aluvión de críticas lo que motivó el congelamiento de dicha ordenanza, también influyó -y no en poca medida- la proximidad de las elecciones federales intermedias en julio de este año y en las cuales su partido -PAN, Derecha Católica- se juega la permanencia al frente del H Congreso de la Unión).



El cantante francés Jéremie Mondon, de nombre artístico Demon vs. Heartbreaker grabó un tema musical llamado You are my High. Lo importante no es la rola, sino el video promocional consistente en un largo beso francés.... comme il faut, el cual me parece el mejor homenaje a este ridículo asunto de los besos prohibidos.


beso francés... comme il faut

UP DATE: a diferencia de los "casos" de Misión Imposible, este post ya no se autodestruirá en unas horas, como originalmente había pensado... con perdón del club de Damas de la vela perpetua y de la Liga de la decencia.

enero 15, 2009

insomnio

Llevaba días sin dormir; el cansancio y las ojeras ya eran inocultables. Por más litros de infusión de 12 flores que bebía y no obstante que de tarde en tarde pudiera sentir que sus ojos se cerraban, llegada la hora de ir a la cama –diez de la noche-, era cosa de poner su cabeza en la almohada para que el ansiado sueño se esfumase. Si en esos días se le hubiese aparecido Aladino el de la lámpara mágica y le ofreciese la consecución de un solo deseo, sin dudarlo ella habría cambiado riquezas o docenas de amantes vigorosos, por una sola y larga noche de sueños. Obviamente Aladino nunca se le apareció, así que después dos semanas sin pegar ojo, decidió que tendría que entretener sus desvelos en algo más que dar vueltas y vueltas en la cama: a la quinceava noche sin dormir fue al armario y sacó aquellas bolas de hilaza que permanecían refundidas en el último rincón desde hacía meses, tomó un gancho y se dispuso a tejer. En principio la pensó como mera terapia para acompañar sus noches en vela por lo que solo se dedicó a dar vueltas de cadenitas, la puntada más simple. Pero a medida que el tejido crecía y el sueño parecía algo lejano, ella se animaba más y empezaba a tejer con puntadas más elaboradas y hasta con pequeños diseños que iban brotando espontáneamente de su mente. Después de un primer cubrecama, más bien sencillo, empezó un mantel para una inexistente mesa de comedor de 12 sillas, al cual fue incorporando diseños un poquito más elaborados, surgidos en desorden al calor de la labor tejedora. Una semana más tarde, el enorme mantel estaba terminado, por lo que se decidió a confeccionar otro cubrecama pero en tamaño king size... para cubrir una cama que tampoco tenía.

Tejía con ansiedad, precisión y un despliegue de creatividad que jamás creyó poseer; ella que pasaba de las labores de tejidos y corte y confección impartidas en la escuela secundaria. Pero ahora encontraba en esa actividad tan de mujeres sumisas, una fuente de inspiración, un campo fértil para desarrollar su inventiva y dar rienda suelta a su desbocada imaginación. Tejía y tejía sin necesidad de destejer ni una sola línea y eso que ya ni siquiera miraba la labor para verificar que no hubiese errores. Noche tras noche, como si una fuerza extraña y con vida propia la impulsara, fue creando colchas, manteles, mantillas y un sinfín de labores cada vez más complejas y llenas de figuras que, de haber sido apreciadas por un experto en arte habrían semejado a los lienzos de Kandinsky; pero que juzgadas por su madre parecían producto de una mente extraviada. Pero para ella no eran ni lo uno ni lo otro, ahora -un año después- lo entendía: en los tejidos plasmaba los incontables sueños que su mente había ido elaborando y acumulando en compensación por todos los que no había tenido... por no poder dormir. Un año sin dormir(¡!), ya si acordaba como era eso; hacía mese que ya ni lo intentaba y hasta había cambiado la infusión de 12 flores por jarras de café bien fuerte.

Y de pronto una sensación empezó a apoderarse de ella, cada vez con más fuerza: ya eran tres noches en las que los ojos se le cerraban sobre el tejido; de solo pensar que el insomnio terminara, sintió un gran temor: le aterraba la sola idea de noches enteras durmiendo en lugar de esas que ahora vivía y que tanto disfrutaba. Esas alucinantes jornadas nocturnas en las que gracias al insomnio descubrió imágenes, fuerzas y sensaciones hasta ahora desconocidas, se habían convertido en lo mejor de su existir. No, no quería que el insomnio la abandonara.

enero 12, 2009

morir es nada

¿Cobardes y egoístas, o terriblemente valientes? Para una gran mayoría, el suicida es un cobarde; mientras que para los menos, es alguien con mucho valor; también, un egoísta que no piensa en los demás. Yo no tengo una opinión contundente, me parece una decisión que atañe únicamente a quien la toma y que solo quien llega a ella, sabe lo que siente. Dicho en términos coloquiales, solo el que carga la cruz, sabe cuánto le pesa. Punto. Ni aprobación ni condena.

No obstante, a mi que jamás me ha pasado por la cabeza tomar semejante camino, el suicidio siempre me ha inquietado. Lo que me perturba es la idea de
l estado anímico del ser humano, justo en el momento de tomar la decisión de acabar con su vida.

Hasta dónde habrá llegado su nivel de hartazgo; hasta dónde descendido sus esperanzas y sueños, la posibilidad de un asidero o una vía de escape. Absoluta la inexistencia de motivos para seguir adelante, aún con la desesperación a cuestas, como decía Margueritte Duras refiriéndose al oficio de escribir. Y hasta dónde el nivel de desgaste de las ganas de ser y estar; del deseo como tal. ¿Qué nivel de temperatura habrá de tener la sangre en el momento de llevar a cabo el suicidio? ¿Muerte a sangre fría, o en un bullir de adrenalina con la sangre ardiendo con todo? A saber, creo que en el fondo por mucho que me inquiete, prefiero seguir imaginándolo, sin corroborar nada.

Pero leyendo notas de prensa recientes, no puedo evitar preguntarme si existirán diferencias de fondo entre los suicidas; si merced a los motivos de su decisión, haya categorizaciones entre suicidas heroicos y otros más vulgares. Al leer sobre el suicidio del multimillonario alemán Adolf Merckle, quien optó por arrojarse al paso de un tren debido a la perdida de millones de euros, cursi que soy, la primera imagen que acudió a mi mente fue la de Ana Karenina poniendo fin al dolor provocado por sus infelices amores con el Conde Bronsky. Uno lee esa escena en la novela -o la ve en el film- y lo siente como algo muy romántico. Pero uno lee la nota del suicida alemán y lo primero que piensa es cuán ambiciosos y cobardes pueden ser muchos empresarios y especuladores financieros. Que un multimillonario -que desde luego no iba a morirse de hambre- se quite la vida de esa forma, parece todo menos romántico, ya ni se diga algo heroico. Y sin embargo el método es el mismo. Y si uno lee sobre el anterior suicidio motivado por la actual crisis financiera global, la cosa no varía mucho: el aristócrata francés Rene Thierry Magon de la Villehuchet [que había dejado en manos de Bernad L. Madoff 1500 millones de dólares de varios clientes de su firma Access International Advisors y millones que por supuesto, se fueron por el caño del fraude perpetrado por el especulador estadounidense] se cortó las venas en su oficina de Manhattan (imagino que debido al temor de enfrentar los reclamos de sus clientes y quizá hasta la vergüenza social).

Uno lee y reafirma su idea: "encima de extremadamente ambiciosos, los dos empresarios europeos eran un par de cobardes" ¿Será? Después de todo, ambos eligieron como método el mismo utilizado por cientos de mujeres dolientes de amores desgraciado, no solo en la literatura o el cine, sino en la vida real. ¿Qué es lo que enaltece a las heroínas suicidas? ¿El amor? ¿Será? Creo que uno no muere de amor, en todo caso será por falta de. Que cientos de mujeres hayan decidido quitarse la vida a causa de un hombre que las hacía desgraciadas, me parece tan terrible e inconcebible; pero es algo que ocurre y continuará pasando mientras existan mujeres y hombres e historias de desamor. No obstante, a diferencia de Ana Karenina y sobre todo de Emma Bovary, las mujeres suicidas por amor de la vida real, más que una idea de cursi romanticismo y hasta cierta empatía, me provocan una profunda tristeza y coraje; casi la misma sensación que me provocan ese par de millonarios suicidas. No soy quien para juzgar, pero pienso que ningún hombre que la haya tratado mal y hasta humillado, merece que una mujer se quite la vida por él y entre más desgraciada la haya hecho... menos digno es de semejante acto.

Claro que al final de cuentas, chacun sa vie et san mort; chacun doit se faire sa raison personnelle... hay tantos motivos que orillan a los seres humanos a tomar una decisión de tal naturaleza. Pero centrándome en los dos que he comentado aquí, que algunas mujeres pierdan las ganas de vivir por no poder estar junto al ser amado; o que para algunos hombres, la pérdida de miles de millones y de algo de estatus, signifique una vergüenza y escollo insuperables... me parece lamentable. Quizá más en el caso de ellas, pero ambos casos son tristes; porque si las ganas de vivir de uno dependen de un hombre -o mujer-, o del lugar que se ocupe en la lista del Forbes, debe ser algo sumamente triste.

Por mi parte, lo repito: de amor nadie se muere; se muere de desamor y quizá hasta de tristeza (o tiricia); pero yo opto por los lapsos de frivolidad y de azotes cursis y kitsch... que de esos no creo morirme y pueden resultar tan catárticos.


enero 08, 2009

se me gastó todo

Todo por servir se acaba, dice el refrán popular; todo se gasta, digo yo. Y el tiempo no dice nada, pero lo gasta todo.

Se gasta el amor y el cariño;

se gastan el deseo y las caricias;

se gasta la memoria y se gastan los recuerdos;

se gastan las risas y se secan las lágrimas

se gasta la paciencia y se agota la esperanza.


Todo se me ha gastado.


Todo. Menos el dolor de tu ausencia, que aún me punza bajito pero constante, como si temiera dejarme sin él… que es lo último que me queda de ti.


«J'ai beau t'aimer encore, j'ai beau t'aimer toujours,
J'ai beau n'aimer que toi, j'ai beau t'aimer d'amour,
Si tu ne comprends pas qu'il te faut revenir,
Je ferai de nous deux mes plus beaux souvenirs,
Je reprendrai la route, le monde m'émerveille,
J'irai me réchauffer à un autre soleil,

Je ne suis pas de celles qui meurent de chagrin,

Je n'ai pas la vertu des femmes de marins»


Dis, quand reviendras-tu ? (fragmento)

[Barbara-(Mónica Andrée Serf)]




Para huir de los recuerdos, aunque sea momentáneamente, pocas cosas resultan más efectivas que la evasión frívola. Yo, queriendo acallar mis azotes de cursilería y nostalgia, pensé que los Reyes Magos podrían hacer honor a su adjetivo trayéndome el distractor anhelado. Pero no fue así. Ni ellos estaban de ánimo [o quizá también fueron "confundidos" con terroristas y murieron asesinados, junto a cientos de palestinos, allá en la Franja de Gaza]; así que me quedé con las ganas de este bombón irlandés

Cuando me azoto... me azoto y escribo boberas como estas. Je suis désolé


UPDATE. Un amigo me ha escrito sobre este post -por fuera-, haciéndome pensar que quizá yo de una imagen bipolar -el mal de moda, creo, porque ahora hasta para los males hay modas-, pues primero me azoto en la nostalgia y luego remato con una nota tan frívola sobre ese bombón irlandés. No sé si yo sea bipolar, lo que sí creo es que a veces es preferible frivolizar un poco, evadirse en estas sonseras, antes que aparentar ser miembro del club "Únete a los optimistas", pretendiendo que no pasa nada; o peor aún, tomarse un cóctel de arsénico como mi heroína trágica favorita Emma Bovary o tirarse a las vías del tren como la pobre Ana Karenina... recién recordada por el suicida empresario alemán, quien no encontró mejor forma de escapar de la pobreza (claro que hay de pobrezas... a pobrezas; la del alemán sería la de un hombre que perdió ¡mil millones de euros! por andar en la especulación financiera y otra muy distinta, es la pobreza de un niño mexicano de la sierra de Guerrero) que imitando a la heroína de Leon Tolstoi.


Solo espero que este lapsus de frivolidad y boberas me dure poquito, poquito



enero 05, 2009

hará falta un poco de locura...

Una de las máximas de esta vida, invento de no sé quien, es que uno debe ser sensato y razonable; también, un winner. Porque hay de usted, si el lugar de ser esto último, se convierte en un loser. Eso resultaría casi imperdonable e inaceptable en la sociedad actual; ya de perdida para no verse tan mal, hay que aparentar serlo. Ambas cosas, sensato y winner. No resulta sencillo, pues apenas asomarse al recién iniciado año nuevo y -por más dosis de optimismo que se tengan- de solo ver el estado del mundo y mirar la clase de personas que son ciertos winner's mundiales, a uno le dan ganas de salir corriendo al lado contrario... aunque este sea el abismo.

Una de las pocas cosas que medio valen la pena del libro y película Arráncame la vida (2008), son las frases pronunciadas por el cínico y corrupto cacique Andrés Ascencio (el personaje más odiable, pues refleja vívidamente a los políticos mexicanos de ayer y hoy; pero a la vez, el más auténtico y mejor delineado), una de ellas encaja perfecto aquí. Dice ese cacique y General del México rural de los años 30's:
"para poder sobrevivir en este país, hace falta estar loco o borracho".
El General opta por lo segundo; pero como yo bebo poco, me inclino por lo primero... Creo que para sobrevivir en el mundo actual, sin terminar sumido en la depresión, es indispensable estar un poco loco. Loco habrá que estar para no tener que vivir simulado sensateces e inventándose triunfos imposibles; un poquito loco para no desesperarse ante la actual crisis económica mundial, esa que no es ningún catarrito ni mito genial, sino una muy cruenta realidad. Más loco aún, para no llorar al ver en lo qué se han convertido los sueños justicieros e idealistas que tuvimos alguna vez; loco, muy loco, habrá que estar para no sentir deseos de apedrear a quienes juzgan e imparten la justicia en este mundo democrático que nos tocó vivir. Como saben, el gran Julio Cortazar distinguía a los cronopios de los famas; a los segundos bien podríamos empatarlos con los winners: igual de respetuosos y defensores del establishment; mientras que los cronopios, serían esos seres iconoclastas, un poco locos, poetas e inconformes; casi anarquistas. Pienso que a como se vislumbra el devenir de este mundo, lo que necesitamos son más cronopios y menos famas; pues de defensores a ultranza del establishment, llenos estamos; en cambio, de iconoclastas y poéticos anarquistas, muy escasos andamos.

"Somos una familia rara. En este país donde las cosas se hacen por obligación o fanfarronería, nos gustan las ocupaciones libres, las tareas porque sí, los simulacros que no sirven para nada. Tenemos un defecto: nos falta originalidad. Casi todo lo que decidimos hacer está inspirado -digamos francamente, copiado- de modelos célebres. Si alguna novedad aportarnos es siempre inevitable: los anacronismos o las sorpresas, los escándalos. Mi tío el mayor dice que somos como las copias en papel carbónico, idénticas al original salvo que otro color, otro papel, otra finalidad. Mi hermana la tercera se compara con el ruiseñor mecánico de Andersen; su romanticismo llega a la náusea."
[De cronopios y de famas -Los simuladores-, Julio Cortazar]

"Quereme así piantao, piantao, piantao...
Abrite los amores, que vamos a intentar
la mágica locura total de revivir...
¡Vení, volá! ¡Vení! ¡Tralalalarará....!
¡Viva, viva, viva...!
¡Loca ella y loco yo..!
¡Locos, locos, locos...!
¡Loca ella y loco yo...! "
[de Balada para un loco, Horacio Ferrer y Astor Piazzolla]