¿Eres huérfana?A los seis años, esa pregunta sonó, más que incomprensible, absolutamente inconcebible. Ni por significado etimológico, mucho menos por la sensación que pudiera provocar, tenía lugar en la inmaculada mente de esa niña.
"How happy is the blameless vestal's lot!
The world forgetting, by the world forgot.
Eternal sunshine of the spotless mind!
Each pray'r accepted, and each wish resign'd."
Alexander Pope
Papá era una presencia ausente y al mismo tiempo, permanente. El sentimiento de amor paternal estaba perfectamente asimilado en ella, por lo que ver al Papá unas seis veces al año, no mermaba ni un ápice ese sentimiento. Al contrario, lo magnificaba. A una edad en que los héroes emergen de las narraciones de Hans Christian Andersen o Charles Perrault, su mayor héroe era justamente Papá. Él que debía viajar 500 km para visitarlas a ella y a la abuela, trayendo consigo algún regalito, quizá manufacturado por la madre; el que se mostraba admirado ante las obras de arte, que ella había seleccionado cuidadosamente -de entre todos los trabajos elaborados en la aula de la escuela- la noche anterior a su llegada, para que así Papá constatase ,que la niña sabía hacer un montón de monerías... claro, con una ayudadita de la Miss Ceci, pero eso por sabido, ambos lo omitían. Una relación tejida en la ausencia, no en la presencia ni el contacto cotidiano. Y no obstante, ella podía reconocer su voz entre todas las voces de su pequeño mundo; podría identificarla perfectamente, pese a que apenas intercambiaban cariños por el teléfono cuando él llamaba a la abuela; quien, sobra decirlo, era el hilo conductor, el vaso comunicante entre ambos. Pero eso tampoco repercutía negativamente en el amor, en el cariño idealizado con el que ella veía, recordaba y había construido a su Papá ausente, pero tan presente en los hermosos ojos de la abuela. Tampoco le afectó que no acostumbrara escribirle cartas; si acaso, alguna postal esporádica mostrando un paradisíaco atardecer del puerto donde él habitaba.
Papá siempre había estado ahí, omnipresente y ausente, pero no lejano; amado e idealizado; recordado, pero no añorado porque solo se añora en la lejanía. Nunca, en todos esos años sintió ni concibió ese sentimiento al que aludía el ¿eres huérfana? Nunca; hasta aquel infausto día en que abrazada a Papá, veía cómo el ataúd de la abuela era depositado en ese frío mausoleo. Entonces, ya dueña de una rabiosa adultez y sin necesidad de explicaciones etimológicas o de las otras, de golpe y porrazo se supo presa de la sensación de orfandad, a que hacía alusión aquella inocente pregunta de su infancia.
Hay quienes nunca recibieron una carta paterna y aún habiéndola necesitado, aceptarían que algunos no nacieron para escribir cartas. Pero hay otros, que sin haberlo deseado van y encuentran cartas de las que hubiera sido mejor, jamás saber...
"No soy de los que creen que el mundo se hace inhabitable porque aparecen o desaparecen las modas y la ideas de antaño. Estoy seguro de que la vida de mañana seguirá siendo maravillosa e infernal, como la de hoy y la de ayer. Pero cada cual tiene derecho a enterrar su corazón en lo que ama..."
Jorge Luis Borges.